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El pasado día en clase, estuvimos viendo y analizando varias de estas teorías, una de ellas. La Teoría de las ventanas rotas, de Philip Zimbardo. Un psicólogo social de la Universidad de Stanford, que llevó a cabo en el año 1969 un interesante experimento que gracias al trabajo de James Wilson y George Kelling salió a flote. Se vino a llamar “La Teoría de las Ventanas Rotas”. A continuación, le contaremos en qué consiste.

El experimento, consiste en la metáfora de un edificio que tiene todas las ventanas bien. Sin rasguños, sin golpes.

Si por ejemplo, tiramos una piedra, rompemos una de las ventanas, y no la arreglamos. Esto supone que la gente al ver que una ventana ya está rota, se permite el lujo de pensar varias cosas, como por ejemplo, que el edificio está roto, y por lo tanto, tirar otra piedra para romper otro cristal. Y así continuamente. (Aumentan las posibilidades de romper otra ventana).

¿Cuántas veces os habéis encontrado un edificio con ventanas así, y cuántas veces con solo una ventana rota?

Además, se ha conseguido hacer un estudio comparándolo con el vandalismo.

El estudio es el siguiente:

Existe un callejón de unas bicis en las que cuelgan publicidad.

¿Qué hace la gente?

¿Lo tira al suelo? ¿Lo tira a una papelera?

Normalmente, tiene la conducta de depender de lo que esté rodeado: Si la pared estaba pintada, lo tiraban al suelo. Si estaba sin pintar, lo guardaban.

Aquí, tenemos un problema, y es que la mayoría de las personas están a favor de la 'Teoría de la Espiral del Silencio'. Y trata de (poniéndonos en situación con el ejemplo de las ventanas) si alguien ve que la ventana está rota, y alguien tira otra piedra, no lo ve tan mal como si la ventana estuviese bien. O como si tiras un papel a la calle limpia, después de ver a alguien tirándolo. Esto, es muy triste. Dado que la mayoría de seres humanos es así.

Normalmente, se considera que lo que la mayoría de la gente cree o hace es la verdad, es lo real, es lo que es, entonces, si el mundo entero está mal pero son ellos los que califican algo como equivocado o cierto… pues llevan la de ganar, siempre, y siempre estarán bien ellos y la persona que cree que está mal es la que se considera que se equivoca.

(Comparándolo con la Teoría de las ventanas rotas, si tú ves a alguien que tira una piedra a un edificio teniendo ya unas cuantas ventanas rotas, esa persona te dirá 'no soy el primero, hay más cristales rotos'. Y lo justificará como que él no hace algo mal cuando ya han existido más personas ('mayoría de la gente') que lo han hecho. Y si le regañas, entonces él pensará que estás equivocado, porque la mayoría de la gente ha tirado una piedra, mientras que tú estás yendo en contra de lo que hace esa mayoría, y te ven, por tanto, como el equivocado). Aquí, puede que afecte también la 'presión de grupo'.


Finalmente, esta entrada la queremos relacionar con el libro 'Persuasión' 33 técnicas publicitarias de influencia psicológica, de Andrews, Van Leeuwen & Van Baaren. Cuando habla de la proyección (Sigmund Freud, que describe la proyección como un mecanismo de defensa sobre los demás inconscientemente), que asegura que quedamos mejor cuando acusamos a otro de tus propios errores, por ejemplo como pasaría tirando un papel al suelo si no somos el primero en hacerlo o rompiendo un cristal si vemos que otro lo ha hecho antes, es como que quitamos importancia a nuestro propio hecho.

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En este primer post vamos a hablar sobre cómo la psicología está íntimamente relacionada con el efecto que tiene la publicidad en la sociedad. La psicología es una ciencia compleja y probabilística por lo que no existen leyes a las que puedan someterse las personas, pero sí existen generalidades.

El ser humano es complejo y no es del todo predecible, pero sin embargo estas generalidades suelen ser comunes entre unos individuos y otros. En referencia a la publicidad, nos encontramos con un sesgo denominado como sesgo de la tercera persona. Este, habla sobre cómo los medios de comunicación tienen capacidad de influir en las personas y en la manera en la que piensan. Sin embargo, el efecto que tiene esta influencia hace que los individuos piensen que son conscientes de la misma por lo que niegan que sean víctimas de este influjo y que el resto sí.

Del mismo modo que con los medios de comunicación, ocurre con la publicidad. Vivimos en la era del exceso de información y la publicidad nos expone a la percepción continua de mensajes que pretenden alcanzar un determinado propósito, el consumo. No importa cuál sea la forma que utilice la publicidad para atraer nuestra atención. De una forma u otra las personas se sienten atraídas en un bucle de mensajes que no parece tener fin, por lo que la negación de dicha influencia es inútil.

El libro “Persuasión. 33 técnicas publicitarias de influencia psicológica” (Andrews, Van Leeuwen y Van Baaren), habla de la publicidad como “influencia social” y de cómo surge de la retórica, de las formas de obediencia y de las ventas cara a cara. La publicidad es considerada como algo normal y omnipresente dentro de nuestra sociedad a la que estamos expuestos diariamente. Pretende apelar a las tres necesidades básicas del ser humano, sistémicas (acción/reacción), sociales (pertenencia a un grupo) y propias (comida, seguridad, placer…). Para ello, utilizará diferentes herramientas como el humor, el miedo, el sexo, la autopersuasión, autoridad, etc. Todas ellas analizadas, en relación con la publicidad, con unos niveles de éxito diferentes.

“Si preguntas a alguien sobre el poder de la publicidad, la mayoría te dirá que funciona, pero no con ellos”. Eric Clark, periodista y escritor.

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