Enseñanzas

Buenas ¿Cómo va? Yo por fin vuelvo, después de meses inactivo, pero solo en el blog. A este momento hay tantas cosas por contarte, que podría estar horas escribiendo sin lograr cerrar ninguna anécdota, porque así soy, me iría por las ramas.

Decidí continuar y terminar de una vez por toda la última historia que empecé acá, y sin contarte nada ya deberías poder suponer el final…

Si sos de los que no les gusta leer mucho (no sé qué haces acá) te voy a resumir el asunto: mi relación, de la que te conté en las dos entradas anteriores, se terminó. El pibe me metió los cuernos (infidelidad), se contagió de sífilis y me lo negó hasta lo último, incluso teniendo yo sus análisis en la mano y su pija llena de llagas a la vista. Y ahí terminó la historia, sino decime ¿elegirías estar con alguien tan hijo de puta? No creo…

De ahora en más, viene la historia larga, con lujo de detalles, así que armáte el mate (o el café, si sos como yo) y empezá a scrollear.

“Once upon a time, un chico (yo) que salía con otro (GaysAlert). Se habían conocido por Tinder, [esa aplicación del demonio] y desde el primer momento habían decidido verse para una relación. Sí, super intenso todo.
Se vieron en un parque, bien cliché de puto, y todo parecía tan idílico que a las dos semanas uno ya estaba en la casa del otro, conociendo a la madre. Mega intenso.”

Bue, no te la creas, voy a tomar las riendas de la historia, dejar la segunda persona del singular y hablar por mí, que fui quien vivió (sufrió) todo lo que estas por enterarte.

Efectivamente, a las dos semanas de conocernos, ya estaba en la casa conociendo a la madre, pero no porque la cosa vaya para “serio” sino porque el pibe vive con la madre todavía, a sus 25 años. No digo que esté mal, hay gente que no tiene alternativa, pero cuando es por elección u holgazanería, como en este caso, es bastante cuestionable.

Aquí entre nos: del resto de la familia no puedo decir nada, realmente son buena gente y la madre me trató como un hijo más desde que me conoció. Es algo que siempre voy a valorar y mantener en estima, ya que cuando una mujer hace de madre conmigo es algo que me llega bastante. Cosa que verán en la siguiente entrada, en breve, lo prometo. Continuemos:

Como cualquier incipiente “relación”, al principio ves todo de color azul (el rosa no me gusta), hasta las infecciones... Todo te parece bien y perfecto, como si fuera el chico para vos, ¡el amor de tu vida! hasta que empiezan a pasar los días, la calentura merma y empezás a verlo, pero con los ojos de la cabeza de arriba.

En el primer mes, desde que empecé a ir a su casa, (porque él no venía con la misma frecuencia a mi cubito), siempre, siempre SIEMPRE, estábamos con su familia (naturalmente, vivían en la misma casa). Y, cuando el plan era salir, siempre, siempre, SIEMPRE era con alguno de los o TODOS sus amigos. Dato de color: la primera vez que fui a su ciudad, fue al cumpleaños de un vecino en el que estaban TODOS sus amigos. Si, hermoso. Me quería pegar un tiro

Llamáme ermitaño o antisocial, pero la verdad es que apenas lo conocía a él, no estaba interesado en verlo como un pibe mas del grupo, que fue lo que pasó desde el inicio. Eso fue algo que para empezar no me gustó. Vos pensarás “¿y por qué no se lo dijiste?” te cuento que lo hice, lo charlamos, repetidas veces. Pero su solución no era simplemente bajar la frecuencia de los encuentros con sus amigos y pasar mas tiempo juntos haciendo cosas de pareja para conocernos, sino cortar esas salidas y las nuestras. (Mal hecho) Siempre le dejé claro que sus amigos no me molestaban, simplemente prefería verlo más a él que a ellos, porque la relación que yo pretendía era de a dos. El no lo entendía, y vaya que no lo entendió…

La intensidad solamente creció, pasé navidad y año nuevo con su familia. Honestamente me había quedado en mi ciudad porque el plan era estar solo, en mi terraza con un vino y películas, porque así soy yo, disfruto estar conmigo mismo, pero me insistió tanto, que lamentablemente cedí. No fueron celebraciones malas, cociné mucho para ambas fechas, algo que él me cuestionó y por lo cual se enojó (si, muy idiota) pero era algo que me había pedido su madre, y lo hice por ella que en ese momento tenía una muñeca fracturada, no por él.

Después de esas fechas, y habiendo transcurridos 15 días del 2018, por mero protocolo basado en ese plan de relación (que así entiendo ahora) le propuse ser novios formalmente. Todo lo que fue la propuesta simbolizaría lo que después sería la mini relación que mantuvimos. Un acto en el que, como siempre, terminé dando más de lo que él contribuyó en todo ámbito, aspecto o sentido, muy a mi pesar.

Apenas unos días después de la propuesta, de la cual hay un resabio en el penúltimo párrafo de la entrada anterior, nos fuimos de vacaciones. No, no como imaginás: “solos”, fuimos con 4 de sus amigos…
No estuvo mal, fue un viaje grupal y de amigos. La verdad no me esperaba otra cosa cuando acepté la invitación de ir con todos ellos. Pero me sirvió para aprender que se viaja en pareja, en familia o CON TUS PROPIOS amigos, jamás con los de tu ex.

Después de eso fue que las complicaciones empezaron a aflorar, aún más de lo que ya se venían evidenciando.

Ya habíamos descartado las reuniones con amigos, las actividades los dos solos en su casa/ciudad, que yo pueda cocinar ahí porque le molestaba, que venga a mi ciudad accediendo de buena gana a concretar algún plan de pareja o salida y no estar encerrados en el cubito siempre… Cada vez nos quedaban menos cosas que nos unan, porque de gustos ni hablemos, no podríamos haber sido más diferentes.

Aclaro algo: le molestaba que cocine porque no le daba atención a él mientras tanto. Pero tampoco era capaz de hacerme un café y quedarse conmigo las dos horas que me llevaba hacer algo o, en el caso de no cocinar, ese tiempo de sobra que había, o se dormía y yo me quedaba mirando videos en YouTube o se quejaba de que “no teníamos nada para hacer”. De paso, si yo no cocinaba, se comía arroz con manteca en esa casa.

¿Entonces qué pasó? El primer indicio de que debería haberlo mandado a la mierda…

Cierto día, un miércoles, vino al cubito, y de una vez por todas, después de tantas veces que me lo pidió, me dio su celular (él al lado mío) para que le enseñe y borre el historial de búsqueda. La razón era que, como él mira mucho porno, no quería que al tipear en la barra de búsqueda “F” en vez de sugerirle “Facebook” (lo normal) le sugiera “Fuck gays bareback” y alguien pudiera verlo, así que nos pusimos en eso.
Entré en Google Chrome, eliminé todo ahí, lo mismo en el explorador del celular, después en las configuraciones de Google App y el caché del teléfono y fui a una parte de las configuraciones de Google > Ajustes > Mi actividad en la que se registracuántas veces y a qué aplicación uno entra en un día. Casi nadie conoce que existe ese apartado, es lógico que él no lo haya tenido en cuenta. Mi idea era localizar que no se registre ahí que él entraba a Google Chrome para mirar porno, pero no encontré eso… Deslicé el dedo hacia atrás apenas dos días, al lunes anterior y aparecía un registro de que “Grindr” había sido abierta dos veces ese día a las cinco y pico de la tarde. Lo peor, es que ese lunes yo había estado en su casa y me había ido a las tres de la tarde. Ese día no chateamos desde el momento que me fui, así que era bastante sospechoso todo el asunto...

Al ver ese registro en la App, le dije “Ya está, terminé”, le devolví su celular con eso en la pantalla y me fui a colgar ropa a la terraza. Cuando lo vio, reaccionó asustado y empezó a justificarse con el típico “No sé que es esto, yo no usé Grindr”, “No sé que decirte” y “En serio no lo usé, no sé por qué aparece”. La cosa se puso fea.

Ni yo quise creerlo, ni el quiso admitirlo. Y como buen imbécil, decidí a pesar de eso, después de un buen rato pensando y escuchando sus justificativos boludos y viendo lágrimas de cocodrilo, seguir con él.

Obviamente las cosas nunca volvieron a ser lo que eran, y mirá que ya venían medias jodidas.
Aunque yo le dije que iba a intentar recuperar la confianza, el tema era de a dos y fue aclarado. Si yo quería volver a confiar en él, quien tenía que darme motivos para hacerlo era él, y no yo quien debía encontrarlos a la fuerza escarbando desesperadamente sin encontrar nada, como pasó. El accedió a comprometerse, una mentira más que creí.

Transcurrieron alrededor de dos meses y medio desde ese hecho, cuando un día, en su casa, nos habíamos duchado y dispuestos a dormir, hubo calentura y al momento de hacerle un pete, me dice “Me duele”. Automáticamente prendí la luz y lo revisé, tenía dos escoriaciones en el glande, a los lados del frenillo (para quien no entiende los términos básicos anatómicos, tenía raspada la cabeza de la chota). Lo primero que pensé fue “Se lastimó con algo” y se lo pregunté. Me dijo “quizá, recién me apareció, cuando me bañaba” (…). Pero, lo segundo que pensé fue “Me volvió el HPV y lo contagié” Se lo dije y le insistí en que vaya a revisarse porque no es lindo el tratamiento; me ninguneó.

Historia anexa:
Tuve HPV en el 2016, cuando por idiota y pendejo, al terminar una relacion pensé que refugiándome en el culo de otro chabón (o varios) podría distraerme y recuperarme más rápido de un corazón roto. La verdad que no. Garché con uno sin forro y estuve 4 meses yendo al médico por el tratamiento. Logré erradicarlo y listo, quedé sano. Y aprendí por las malas, que SIN FORRO NO SE COJE. Por más confianza que creas tener, no te conviene creerle a tu pareja. “Never say never” dice Justin, pero él también chupa pijas.

Continuemos:

Suspendimos todo tipo de actividad sexual o romántica hasta que fue al médico. Tuve que pedirle yo un turno porque el pibe quería esperar a que “se le pasara” ¿podés creer? Enfermo mental es. Lo acompañé a la consulta, para asegurarme de que entre al médico, y cuando salió con un posible diagnóstico de “herpes” fuimos al laboratorio a hacer la extracción de sangre para confirmar algo más conciso. Una semana después, con los resultados en la mano, volvimos y todo estaba “bien”, salvo por un pequeño detalle que había dado positivo: VDRL (sífilis)
Sí, sífilis, esa enfermedad que te suena a erradicada, algo así como “la peste negra” el imbécil de mi ex se contagió por meterme los cuernos y SIN FORRO.
Es decir, no solo no pensaba en mi porque me cagó, claramente, sino ni siquiera en él porque no usó preservativo.

Lo único “bueno” es que gracias a que los dos éramos activos, nunca garchábamos y el riesgo de contagio para mi fue mínimo. Es la primera vez que estoy feliz de no haber tenido sexo con alguien.

Sigo:

Hizo el tratamiento, que consiste en dos inyecciones de penicilina porque no quiso admitir cuándo estuvo en contacto con un infectado (por ende, admitir que me había sido infiel). A las dos semanas ya estaba todo bien, a nivel salud.

Al terminar todo eso, naturalmente fui yo también a una doctora para controlarme por eso, hacerme análisis, el tratamiento por las dudas y a su vez confirmar que seguía limpio de HPV, por si acaso, ya que estaba. Uno nunca sabe. Todo me dio Ok. Seguí con mi vida, cuidándome, porque al menos yo sí soy consciente.

Nos tomamos un tiempo.

Pasó una semana de yo darle vueltas al asunto en mi cabeza. Sin saber si seguir, cortar, tomarme más tiempo. Él se enojó por querer yo esos días solo, para pensar. Pero no entendió la lógica del por qué: si yo tengo problemas, puedo consultarlos y compartirlos con él, para eso son las parejas, para apoyarse en buenas y malas, pero cuando el problema es con él, no puedo charlarlo OTRA VEZ, ya resultaba más que redundante el asunto de la desconfianza. Necesitaba estar solo, ver qué era lo que quería para mí.

El tiempo no fue suficiente, y no pude determinar lo mejor para mí, ¿cómo se eso? porque volvimos, y seguimos por dos infernales meses más.

Ir a su casa entonces era la cosa más apesadumbrada que podía pasar. Solo nos juntábamos con su mejor amiga lesbiana y su pareja de 57 años. No eran malas minas, pero te juro que absolutamente todas las veces que iba, nos veíamos con ellas. Hasta una vez que fui un sábado de tarde y me volví a mi casa el domingo siguiente, las vimos LOS DOS DIAS. Parecía una relación de cuatro, y encima eran mujeres, y tortilleras. Sinceramente me habían hartado.

La cruz: ocho meses de relación sin conocernos como individuos, siempre con gente.

Sigo:

Él no tiene (si, tiempo presente) ningún hobby, pasatiempo, afición o fanatismo que podría haber compartido conmigo y tampoco se veía interesado en los míos o hizo alguna vez el esfuerzo por acompañarme en algo sin que antes yo le haya casi rogado y dádole más de 10 razones para hacerlo.

A estas alturas vos pensás “¿Pero Tristán, podés ser más pelotudo de haber seguido tanto tiempo con alguien así?” Y la verdad que no, creo que pasé el umbral de boludo y de haber sido boludeado.

Al pibe lo quise bastante, no llegué a enamorarme, por suerte, pero creo que me gustaba el compromiso o esa “estabilidad” (que irónico). El saber que tenía a alguien ahí, alguien que no era solo un garche fijo. Siempre disfruto más las relaciones que los encuentros casuales, pero si, esta no merecía ni la etiqueta de “relación”.
¿Y qué me mantenía para aguantar tanto? Dos cosas; el que cada vez que algo entre los dos no funcionaba y lo charlábamos, las cosas iban ligeramente mejor al tiempo, pero claro, nunca duraba ese “cambio”. (Ya sé que este motivo es bien de mina golpeada, pero bueno, todos somos un poco estúpidas por dentro) y lo otro es que me sobra paciencia, tengo mucha y debido a eso termino esperando lo mejor y en ese proceso aguantando lo que sea.

Para que entiendas un poco la clase de detalles y aguante que tenía con él, te cuento el último antes de terminar. El último, porque se entiende que para ese entonces nos conocíamos bastante y sabíamos lo que al otro le gustaba, él al parecer no…

Como a mí me gusta regalar cosas, sobre todo a la gente a la que le tengo mucha estima, porque realmente me hace sentir bien y me llena como persona, le regalaba cosas a él que por ahí tenían un significado especial para ambos, por causa de alguna situación particular. Eso fue algo que también me pidió que deje de hacer porque lo ponía incómodo [inserte acá Emoji pegándose en la cara] PERO accedió sin quilombo a que en su cumpleaños sí le regale algo, porque según él “los cumpleaños son eventos importantes” así que ahí canalicé un poco lo que me gusta hacer.

Como hace tiempo venía pensando qué darle y él estaba muy hincha pelota con cafeteras, decidí regalarle una, pero se apuró y se compró una. Así que, me quedó poco margen de acción. Ya que, como te dije antes, el pibe no tiene ninguna afición, o hobby, o lo que sea…

Resolví regalarle el juego de jarritos y azucarera de su cafetera. Grabados con la leyenda “from your partner” (de parte de tu compañero), ya que “partner” fue la palabra-descripción con la que publiqué nuestra primera foto. Además, un kg de distintos granos de cafés para que pruebe.
Diseñé y mandé a plastificar la descripción de cada café para que pueda ofrecerlas a elegir si le hacía café a alguien. Adentro de cada jarrito puse bombones de chocolate blanco y caramelo de maracuyá (como a él le gusta) y adentro de la azucarera, un bombón hueco con forma de corazón que contenía un papelito escrito con pluma que decía “Feliz Cumpleaños”. Todo envuelto en papel de seda rojo, en una caja blanca y anudada con cinta de raso roja.
También le hice su torta de cumpleaños, de maracuyá.
“¿Algo más Tris? ¡Como para golpearte!” estás pensando… Ya sé, fui muy boludo.

¿Lo valoró? Apenas… ¿Podés creer que cada vez que se lo mostraba a alguien, restaba cada vez más detalles? Como si le diera vergüenza apreciar un regalo sentido… Fue la gota que rebalsó ese vaso, el de los regalos. Jamás hasta que terminó la relación volví a darle algo. Realmente no lo merecía. Ni él todo eso, ni yo esa reacción tan de mierda que tuvo.

Y después de haberte contado todo esto, te pregunto ¿quién de los dos pensás que decidió terminar la relación?

Si, él.
¡Cooooorrectooooou! – La Su

Ya sé, fui muy boludo, tonto, iluso y sobre todo cornudo.

No tengo justificación hoy día para defenderme. Todos los hechos cantaban clarísimo que no era un buen pibe y mucho menos me merecía a mí. Lo peor es que la entrada anterior, que escribí a los dos meses de conocernos, ya pretendía advertirme de lo mal que venía y seguiría todo de optar por seguir, y así fue. Se ve que hice catarsis pura, porque lo escribí y me olvidé todo, ni los hechos siguientes me lo recordaron. Tonto de nuevo.

El final de la relación fue muy infantil de su parte, te lo cuento para ir cerrando la historia porque me fui a la mierda escribiendo. Tené en cuenta que fueron meses sin novedades, meses…

Había pasado el fin de semana de mi cumpleaños. Lo pasé con amigos, comiendo y tomando en mi cubito, sin hacer nada muy “guau”, él vino. Se fue el domingo y los días siguientes ni escribió ni yo le escribí.

El jueves a la noche, en vísperas del día del amigo, se me ocurrió preguntarle cómo estaba, me respondió mas seco que la canela y no hablamos más.

Ese sábado siguiente fui a cenar con unos amigos, quienes me preguntaron “¿Qué onda con el hijo de puta?” (ya lo llamamos por su nombre) A lo que les respondí “No sé, hace cuatro días que no hablamos” Entonces se me ocurrió escribirle en ese momento, porque si algo iba mal (lo cual ya intuía) estaba con amigos, no me iba a caer tan mal. Y dicho y hecho. Le escribí y después de un introvertido y muy obvio forzoso “hola” empezó diciéndome que la cosa no daba para más, que ninguno de los dos estaba cómodo en esa relación, que no merecíamos estar así, etc. Así que lo llamé, y me cortó. Lo volví a llamar y volvió a cortarme (¿se puede ser más infantil de no dar la cara y encima no atender?). Me dijo al final que el lunes hablábamos, así que esa noche no solo logró arruinarme el ánimo para la cena, sino durante todo el resto del fin de semana y la mitad del lunes.

El lunes llego a mi casa al mediodía, diciendo que estaba “nervioso”. Y la decisión que íbamos a tomar “juntos”, él ya la traía decidida, por algo mis rollers y una entrada al show Sep7imo Día del CirqueDuSoleil, que era lo único mío en su casa, venían en su mochila.

Historia anexa:
Los rollers estaban en su casa porque solo en su ciudad era cómodo patinar.
Esa fue la única cosa que estando conmigo se le ocurrió hacer: comprarse rollers y hacer eso como deporte. Me encantó la idea. Así que me compré un par (sin decirle que me los había comprado solo por eso) re entusiasmado por poder hacer algo al fin como pareja y sobre todo deporte. Ya que él es un palo de 54kg, todo plano y escuálido. Si, ni físicamente atraía como para decir que “eso” me mantenía a su lado. No, fue mi estupidez nomás.

Continuo:

Charlamos poco más de una hora sobre las típicas boludeces que se dice una pareja al terminar, si, nada nuevo, originalidad cero, hasta que llegó a la parte en la que me dice “No estamos cortando, nos estamos distanciando, quizá en un futuro nos volvemos a cruzar”. Cuac. Ahí literalmente se me fue todo el malestar que venía sintiendo y le respondí que con eso la cortara. Él mismo hacia días me había dicho que volver con los ex’s no funciona, y citándolo textualmente terminé la conversación banal en la que se estaba convirtiendo esa ruptura. Bajé, le abrí y se fue.

Ese lunes, más tarde, fui a la casa de un amigo y después con mi mejor amiga en esta ciudad. Me mantuve así, acompañado, más con ella que con nadie, cosa que realmente valoro porque es una mina de oro, y gracias a eso, tres días después ya había dejado de sentirme mal en todo sentido. Esta vez, a diferencia de la ruptura anterior decidí estar con gente y no solo y refugiado en garches infecciosos, y funcionó. Así que tomá nota para la próxima que te topes con un hijo de puta. El truco es refugiarse en tus amigos.

Dato de color: Lo mejor que se puede hacer es eliminar todo lo mutuo de las redes sociales, borrar chats, número, fotos, no bloquearse porque eso es de mocosa despechada. Tirar el cepillo de dientes si lo tenés. Los regalos los podés mantener, tampoco hay que ser tan idiota, aunque en mi caso regalos no hubo, fue más fácil jaja, no sé si es bueno o triste… En fin.

Ya pasó más de un mes desde el fin de ese martirio, y realmente no puedo encontrar nada bueno que haya salido de esa relación. En la anterior al menos había buen sexo.

Hoy me siento más feliz, libre y conforme conmigo mismo que nunca. Lo mejor que me pudo haber pasado es haber quedado soltero y dejar vía libre para que aparezca alguien que se merezca todo lo que este forro no supo valorar.

Bueno, fin. Ya no tengo nada más para decirte, ya confirmaste que esa relación que parecía tener se terminó. Confirmaste que soy bastante boludo y cualquier duda que tengas escribíle a mi secre.

Moraleja: no hay que arrepentirse nunca.

Ahora sé identificar más fácilmente a un hijo de puta, confirmé quiénes son mis amigos, me crucé con alguien que vale la pena y todo eso vino después del horror. Así que esa pelotudez de “después de la tormenta, siempre sale el sol” es la puta realidad, te gusten o no las cursilerías.

Mi consejo: disfrutá nomás, engancháte, equivocáte y pasálo mal. De los errores siempre se aprende, esa es la principal premisa en la vida de un estudiante.

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