Closet

Estoy pasando por una crisis severa de concentración en este momento, me está costando estudiar ahora mismo y haciendo un conteo de todo lo “necesario” para volverme a encaminar (lo típico que te dice cualquier idiota: “distraéte con algo que te gusta”, “comé algo”, “hacéte una paja”), me di cuenta que ya hice todo eso menos esto, una catarsis a mí estilo.

Voy a escupir toda mi subjetividad sobre algo que vengo meditando hace ya varios días: la compañía. Hay tantos tipos de compañías de los que podría decir algo, como la de la luz, que son unos hijos de puta, o mi inmobiliaria sobre la cual pronto voy a volcar toda mi piromanía acumulada, pero hablando mal y pronto, de la compañía personal es con la que quiero ensañarme.

Estaba pensando por qué me cuesta tanto coexistir con alguien al lado. Por qué siempre en la otra persona encuentro cosas que no me cierran o no entiendo (y está bien, uno nunca termina de conocerse), pero incluso siendo introspectivo, ciertas veces no me queda claro el comportamiento de la gente que me rodea cuando de mi parte sale todo bien. Si, ya se: “cada cual siente las cosas diferentes” y “seguramente para vos es una cosa, pero el otro lo percibe diferente”. A lo que voy es a mi relacionamiento con gente que ya conozco hace bastante, amigos podemos decirles o “conocidos perennes”.

Últimamente me ha estado costando coincidir con gente que no veo hace mucho tiempo porque viven lejos o están en la ciudad, pero por paja mía más que por problemas en sí, hay siempre algún impedimento a nuestra reunión. Ante eso, algo muy en el fondo (a veces una amiga desde afuera) me dice siempre “la relación que tenés con ellos se va a echar a perder”. Ciertamente esa posibilidad existe y honestamente no me preocupa en lo más mínimo. ¿Por qué? No porque sea un superado con complejo megalomaníaco, simplemente porque soy del tipo de persona que puede no verse dos años con alguien y al instante de producirse un encuentro con ese ‘alguien’ todo fluye como si no hubiese pasado el tiempo. Sé que pasa y se puede ser así con gente que es igual, el truco solo está en hacerse amigo de esos tipos de persona. Si la relación se echa a perder, la verdad que mejor. Cuanta menos gente tiene uno cerca, más tranquilo vive. PD: Considerá que la poca gente que te queda sea de calidad nomás, sino estás en la mierda, hermano.

Ahora, ¿qué pasa con la compañía cuando no hablamos de amistad? Esta es la parte más interesante, porque es a la que mas vueltas le he estado dando. A mis amigos bue, si se va uno no pasa nada porque viste que el afecto que uno les desarrolla no es algo como para decir “Puta, lo extraño” pero cuando la relación no es de amistad (no hablo de noviazgos) sí puede uno llegar a sentir eso.

¿Por qué? Estudios recientes han demostrado que es mejor contarte mi experiencia que alguna boludes científica que pensaba inventar. Acá el importante soy yo, así que seguí leyendo.

He estado haciendo retrospectiva y piscología por hipnosis (mentira) pensando sobre cómo me han cambiado personalmente las relaciones que he tenido desde que empecé con eso (incluidas las heterosexuales) y llegué a la conclusión de que crecí mucho como agente de relaciones. Hace 4 días me crucé a un ex (me hice el boludo para no saludar porque según mi cerebro “no me vio”) y eso me dio más pie a meditar cómo estoy ahora después de tanto “relacionamiento” y tan diverso, en todo sentido.

En un inicio, cuando me puse de novio por primera vez con una chica en la secundaria, ya noté que por ese lado no iba la cosa. Siempre fui infeliz relacionándome con cualquier mina, jamás pude desarrollarles ningún tipo de afecto y, por el contrario, desde el inicio hasta el inminente final, lo único que crecía en mi era el desagrado hacia esa persona que tenía al lado. Ni siquiera pude desarrollar amistad, imagináte. Entonces ¿por qué lo hacía? ¿qué pasaba? Soy del campo, eso sucede, de un pueblito bien chiquito y mierda. Fui criado por gente de la vieja escuela quienes inculcaban que uno tenía que recibirse, ponerse de novio y tener familia, gente para la que ser puto es una vergüenza, algo no natural. Por eso, esos noviazgos que mantuve eran simplemente para tapar mi condición latente de gay y posponer, por un período razonable de tiempo, mi verdadera elección, y evitar quilombos para los que no estaba listo o presto a enfrentar. Ese tiempo “razonable” se llevó mi virginidad y garché con pibas hasta que en un punto ya no había más respuesta por parte de mi pija. ¿En qué pensaba para que se me pare? Seguramente te preguntás, porque te conozco, cualquier gil se pregunta eso siempre. Me imaginaba la situación y evitaba pensar en que estaba con una mina, aunque le chupe la concha y manosee las tetas. Por increíble que creas, irse mentalmente en un escenario así es más fácil de lo que parece y se puede garchar. No, no disfrutás nada, pero masvale eso que un pueblo entero señalándote por gay ¿no? No, definitivamente no.

La tapadera me duró hasta el final de la secundaria, incluso un año antes de terminar tuve una “novia”, hermana de una de mis compañeras, la cual me dejó (gracias a Dios) cuando se enteró que yo estaba enamorado de un compañero (ex-amigo) con el que nada funcionó debido a cosas que ya te voy a contar, es otra historia.

Antes de irme de ese hervidero de dinosaurios a estudiar lo más lejos que el presupuesto me cubrió, no esperé y abrí Tinder ahí mismo en casa, con el filtro de distancia en el máximo posible. Hice contacto con un señor (35 años, porque me siempre preferí mayores, los de mi edad son altos pelotudos) de Salto, Uruguay y una semana y media después estaba en una camioneta cruzando a otro país para pasar el fin de semana en su casa. “Uh, que osado” decís. Mirá, un pendejo como yo en ese momento, adolescente que no piensa y solo busca sentir cosas o contención no consideraría jamás que podría estar subiéndose a la camioneta de un psicópata. Por suerte no fue así y la pasé bien, el chabón fue un divino, pero pasó lo que le pasaría a cualquier nene que hace contacto con un hombre y siente que es medianamente correspondido después de años de auto represión: me enganché.

Si, yo alto idiota caí fascinado. Porque por primera vez chapaba con un hombre, sentía lo que era que te chupe la pija alguien con músculos y cuerpo marcado y bronceado (el uruguayo estaba muy fuerte, es la realidad) y dormía cuchareando a un cuerpo que me transmitía protección y no esa despreciable docilidad y suavidad femenina que tanto tiempo me había desagradado. Desde noviembre que nos conocimos, hasta febrero que me vine acá, nos vimos tres veces más.

Cuando llegó el momento de irme, ahí estaba el pendejo pensando “Ay, no lo voy a ver más” y el chabón que alimentaba mi fascinación nostálgica diciendo que el podría ir a visitarme, etc. etc. Algo que no sucedió jamás.

Durante mi primer año emancipado de techo volví tres veces a mi casa y ni mu con el señor. Solo hablamos hace unos meses, en agosto, que me di una vuelta por allá, pero ni siquiera dio tiempo de coincidir en un encuentro. De que está y disponible siempre que voy, si, en eso cumple jaja.

En fin, me vine a esta ciudad a estudiar y con Tinder aún en el celular sin saber que acá yo era carnada bien fresca. Llegué un martes 2 de febrero, y el jueves 4 ya estaba en la casa de otro señor (38 años) comiendo empanadas y tomando un cuarto de helado. Si, “bien puto el pendejo”. Pero no, no era de puto, era de inexperto…

Para ese señor yo era un trofeo que tenía, el de los fines de semana. Si yo hubiese entendido eso desde un principio, no me hubiese vuelto a fascinar con este y a decepcionar cuando caí en cuenta del tipo de relación que era. Pobre iluso yo. Y así me pasó con varios más…

Claro, yo buscaba estabilidad. Esa de relación monógama leal de la que en el campo todo el mundo presumía uno debía mantener. En ese entonces yo no entendía que ni siquiera las relaciones heterosexuales eran idílicas, que eso de “ser gato” es súper real y que -sexo sin compromisos- es un lema arraigado y con una cantidad de practicantes locales proporcional al tamaño de la ciudad donde uno se encuentra. Me fui dando varios golpes, nadie me orientó de lo que era el mundo gay, así que aprendí solito…

Pasaron dos, casi tres meses de vivir acá cuando, también por Tinder, conocí un pibe con el que, en lugar de vernos y garchar, estuvimos en su terraza tomando tererés toda la tarde y solo conversando. #Verano

Para mi corazoncito campechano, era la gloria. “Con este me caso” pensé. Y bueno, no, casi, pero estuvimos cuatro meses de novios. Mi primer novio. Hasta que me dejó porque se enamoró de mí. Chan. Si, así de raro. Resulta que me estaba usando para probar si había superado a su ex nomás. Una vez más, me agarraron para la joda. El mismo día que me cortó, mi vieja había venido a Rosario a visitarme. Así que esa tarde, yendo para el departamento de mis primas a saludarla, iba hecho mierda y con una cara que no decía mas que “No sé cómo sentirme”.

Treinta minutos pasaron desde que entre al departamento cuando mi mamá dijo “¿Me podés decir que te pasa?”. Mi tía y mi prima se fueron del comedor, nos dejaron solos y yo estallé.

- “Acabo de cortar una relación…
…con un chico” -

Previendo y no importándome la cara de horror de mi vieja, me escurrí los ojos y la miré. Me imaginaba algo mucho peor, pero me respondió tranquila y comprensiva “Yo ya lo sabía, o al menos lo sospechaba, solo estaba esperando a que salga de vos. No pasa nada, vos sos mi hijo y yo te amo igual”

A la mañana siguiente desayunamos en una cafetería, aún vigente en el barrio, para conversar tranquilos y más en frio sobre -mi asunto-. Me preguntó si me habían violado de chiquito, lo normal digamos. Entre otras cuestiones ahí si estaba siendo la madre que yo conocía jaja, pero bueno. Sintiéndome liberado y en todo sentido, ya que ni novio tenía, todo pasó a importarme menos, a darle menos vueltas a ese tipo de cosas y empecé a ver un poco más claro el tipo de relacionamiento que había tenido y que venía manteniendo con los pibes anteriores que conocí.

Como suele suceder siempre que uno termina una relación, del tipo que sea, mono, bi, trikini, tankini, poliamorosa si querés, se te cae un poco la venda de los ojos. En mi caso y para bien, pude rescatar buenas cosas de esos pocos meses con compañía, pero más importante aún, aprendí un poco sobre cómo soy en una relación yo. Algo que nunca me había planteado tener en cuenta en las anteriores con chicas porque seriamente no me interesaba mantenerlas, ahora, con pibes, sí.

Obviamente lo primero que hice estando soltero y no habiendo pasado tres semanas de estar solo de nuevo fue escribirle a un pibe, ir a su departamento y garchar. Ahí descubrí el concepto de “garche fijo”, muy útil si te interesa estar con alguien, no gatear y a la vez no tener una relación. PD: En mi caso solo sirve cuando el otro está en la misma que yo, si el otro gatea, es la misma mierda que no tener nada.

Aprendí que un clavo no saca otro clavo. Lo único que hice fue meter mi clavo para distraerme del malestar que me causó una relación fallida y me embarré peor, porque no ayudó para nada. Seis meses demoré en poder usar Instagram sin el miedo de ver una foto de mi ex por accidente y en dejar de pensar “¿me habrá superado tan rápido?” Y obvio que si Tristán, no seas imbécil.

Después de un año y algunos meses de soltero, pero no gato, y conociendo de a un pibe por vez (o dos cuando eran tríos), ya estaba ducho en el tema de separar sexo de sentimientos. Pero como en todo, uno se cansa y el cuerpo pibe algo más que solo ponerla. Por ahí es lindo compartir un poco más que fluidos con alguien, que se yo, pasarlo bien también afuera de la cama (no, la cocina o el balcón no cuentan). Es difícil, porque una cosa es compatibilidad sexual y otra social. La magia del sexo sin compromisos es que separa bien esas dos cuestiones y otorga encuentros exitosos (cuando la química carnal es buena, sino es una mierda igual). Así que decidí abrirme a cualquier posibilidad y fue ahí cuando cayó mi anterior ex. Ya te conté sobre ese idiota en la entrada bien titulada “Enseñanzas” .

Después de esa relación terminé de aprender y asimilar muchas cosas. Primero que soy un imán de salames, segundo, adopté una gata, porque el plan de ser una solterona empezó, señores.

Deduje que por un lado esta muy bueno tener malas experiencias, porque aprendés un montón de cosas si sos del tipo de persona que sabe rescatar aprendizajes de sus errores, sino sos alto pelotudo que no sé para qué fracasa. Y por otro, darte cuenta de ciertas cosas después de una ruptura te coloca en un laberinto difícil de atravesar, el de “me cierro a los sentimientos y me pierdo la oportunidad de conocer a alguien bueno o quedo disponible, pero con la posibilidad de que me hagan daño otra vez”. Como siempre, Tris masoquista hoy en día ha optado por correr el riesgo de salir lastimado de nuevo. No hay un motivo, pero si algo sale mal, y por todo lo que ya sé que he pasado, simplemente aprendería más cosas y eso no me perjudicaría, al contrario. Si, si la pasas mal hay momentos de bajón, te sentís estúpido porque te boludearon de nuevo y que se yo, pero el que no arriesga no gana. Hasta que te quedan sin nada que perder jeje.

Hoy día, después de tanto altibajo hetero – homo, me siento muy cómodo como estoy. Me veo con alguien que me cae bien y hay compatibilidad sexual y social. De la social permitíme dudar porque hay poca experiencia en esa rama, pero bueno, nada que el tiempo no pueda determinar.

Por ahí uno piensa: “está soltero porque está resentido/a con el ex”, y mirá, a veces no. Por experiencia hoy entiendo que uno puede estar muy cómodo solo, o verse con alguien y no sentir la carga del compromiso. También se puede ser fiel a una persona sin necesidad de etiquetar eso como una relación y está perfecto. Hoy en día cada cual encuentra el modo de tener compañía y sentirse bien, incluso llevando la vida de un estudiante.

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