Cuando quedaba pocos días para coger ese avión que cambiaría mi vida, no me imaginaba que lo que iba a suceder en los próximos días podría hacerme cambiar de opinión.
Aquel 11 de septiembre de 2017 fue duro, pero a la vez esperanzador, era cerrar una nueva etapa y abrir otra. Significaba tanto para mí, era llorar al despedirme de mi familia y a la vez estár feliz por aparecer en Nueva York, mirar al policía y enseñarle mi pasaporte con la VISA aprobada.
Fue poner el primer pie en Estados Unidos, y mi propio cuerpo cambió.
Conocer a tanta gente nueva, tanta gente de diferentes países, desde China hasta Sudáfrica, de gente Italiana a gente Mexicana, gente de muchas edades diferentes, estaturas, diferentes rasgos, distinto idioma, pero todos compartíamos el mismo sentimiento, ese sentimiento de emoción, angustia a la vez por conocer a tu próxima familia, entusiasmo y también curiosidad por saber cómo va a ser nuestro próximo año, a donde vamos a viajar, a quien vamos a conocer, como serán nuestros Hostkids, como será absolutamente TODO.
Los 4 primeros días en New York, era todo mágico, te daba igual despertarte a las 5.30 de la mañana para poder ducharte, o en mi clase, me daba igual dormir en una cama de mierda, por qué estaba en NUEVA YORK, a punto de cumplir mi sueño, es más mi sueño ya estaba empezando.
También hay que decir que el training es horroroso, tiene cosas interesantes, pero yo en mi caso, estaba tan cansada, ya agotada del viaje, el cambio de hora, pero luego llegaban los tours y me daba igual pagar por ver Nueva York desde un autobús, quería explorar quería sentir el sueño americano, quería volver a vivir lo que viví hace 3 años, cuando pise Manhattan por primera vez en mi vida.
Todo lo que respiraba era ilusión, y pudo decir y gritar y que lo que sentí esos 4 días fue FELICIDAD.
*Pero por qué toda esa felicidad se fue cuando llegue a California? El sitio que va a ser mi casa durante el próximo año?*

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