Es un sábado por la mañana cuando Malena sale del instituto al que va a clase de recuperación.

Moviendo alegre el culito y las caderas, camina ella pizpireta, con su polo blanco ajustado de manga corta, su faldita plisada de cuadros y sus mocasines colorados. Este día Malena no lleva sostén que cubra sus incipientes tetitas pero si lleva unas pequeñas braguitas blancas que apenas cubren sus preciosas nalgas redondas y sonrosadas, como bien se puede ver al llevar una falda demasiado corta, ya que no solo en el último año ha dado un estirón, sino que además la encanta lucir sus esbeltas y torneadas piernas e incluso enseñar su culito para satisfacción de los mirones de turno.

Espera en una calle próxima al instituto a que su madre la recoja para llevarla en coche a casa, pero antes de que llegue son sus tíos, los que ella llama los Ramones, los que también van en coche y la han visto.

Van cargados de muebles, camino de su casa, un adosado contiguo al de los padres de Malena.

Al volante va el tío Ramón, un hombre de unos cuarenta y tantos años, calvete y aparentemente serio. Como copiloto la tía Mercedes, hermana de su padre, una mujer algo mayor que su marido. Y detrás, su primo Ramón, el único hijo de la familia, un año mayor que Malena y al que la niña gusta de tocar los cojones, casi siempre de forma virtual, y al que ella le gusta llamar Ramoncín para chincharle.

Su primo ocupa solamente su plaza ya que las restantes están ocupadas por un mueble que, a pesar de estar sujeto por una cuerda para que no venciera, es Ramoncín el que también lo sujeta con su brazo.

No se sabe si fue su tío o su primo el primero que vio a la niña, pero a ambos se les entona la verga y ambos piensan:

• ¡Cómo se ha puesto la niña! ¡Qué culo, que piernas y qué pechos!

Y es que Malena, aunque la familia puede a veces tratarla como si fuera una niña, los años han pasado y ya es toda una mujer. Aunque no mide más de un metro cincuenta y cinco, tiene un desarrollo, unas curvas y unas redondeces que levantan el ánimo al más puro y casto.

En eso que la niña, antes de ver el coche de los Ramones, observa caminar por la acera de enfrente de la calle a Dioni, un vecino del pueblo que es un auténtico salido con el que tuvo un “incidente” la última vez que coincidieron.

No quiere que la vea, pero … ¡es tarde! ¡La ha visto! Y con una amplia sonrisa Dioni aumenta el ritmo del paso, acercándose hacia donde está ella. ¡Se siente atrapada, incluso violada!

Va a echar a correr cuando delante de ella se detiene el coche de los Ramones y su tío Ramón, mirándola atentamente los muslos torneados, la saluda jovialmente y la invita a llevarla a casa.

La niña no se lo piensa y reacciona rápida confirmando la petición.

Delante no puede ir al no haber espacio, pero detrás su tío la dice que suba, que su primo la hace hueco.

Abriendo la puerta de atrás, la niña observa que Ramoncín ocupa todo el asiento, pero, ante la amenaza de ser violada por Dioni, se mete rauda en el coche, sentándose sobre la verga inhiesta de su primo, no sin antes, levantarse en un instante la falda por detrás y enseñarle sus hermosas nalgas al joven que, excitado, no tiene tiempo de reaccionar.

Nada más sentarse y cerrar la puerta, el vehículo reanuda la marcha, dejando atrás al Dioni con el rabo entre las piernas, y Malena, sintiendo bajo sus nalgas el duro contacto de la verga erecta de su primo, traviesa, no para de moverse, aplastándole el miembro y excitándole cada vez más, mientras parlotea animadamente con sus tíos que, aparentemente ajenos a lo que sucede detrás, conversan con ella.

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Tomando el coche un atajo, la carreta se convierte en camino, en un camino de arena en muy mal estado, y los baches del camino hacen que brinque continuamente el vehículo y sus ocupantes con él, especialmente la niña, que exagerando los botes, aplasta una y otra vez el cipote congestionado de su primo, mientras se ríe divertida, ante la excitación de éste. Es como estar en el parque de atracciones sentada sobre una anaconda en celo que pugna por levantarse y comérsela.

El tío Ramón, prestando casi ninguna atención a los baches, mueve el espejo delantero para ver las tetas a su sobrinita, que, entre salto y salto, están a punto de brincar juguetonas fuera del polo de la niña.

Los parloteos de los ocupantes del vehículo más la música que emite la radio impiden escuchar los gemidos del muchacho que, sobreexcitado y sudando copiosamente, sujeta con una mano el mueble y con otra la cintura de su prima, sintiendo cómo su verga crece y crece, congestionada, a punto de explotar.

Ya van llegando a su destino, tanto el vehículo con sus ocupantes como Ramoncín que, sin poder aguantar ya más, se corre a lo bestia, empapando de esperma tanto su calzón como su pantalón, así como mojando las braguitas y el culo de la niña, que sintiendo cómo se corre, se ríe alegre, deteniéndose en sus saltos para exprimir al máximo el rabo de su primo.

Nada más detenerse el vehículo abre la niña la puerta del coche, saliendo rápida, mientras da las gracias a sus tíos que, tan amables, la han traído a su casa.

Su tío Ramón fija cachondo su mirada en el culo respingón y saltarín de su sobrina, mientras piensa:

• ¡Qué culito, qué culito! ¡Lo que haría yo con ese culito!

La mirada de su tía es simplemente de mala leche, al tiempo que piensa:

• ¡Tan puta como su madre!

Ramoncín sin embargo solo piensa en que no vean sus padres su estado, por lo que avergonzado cubre con su mano la abultada parte delantera de su pantalón, donde una enorme mancha continúa extendiéndose provocada por su miembro todavía erecto y gordozuelo, que continúa chorreando esperma, como si fuera un volcán en erupción.

Utilizando su llave, entra Malena en su vivienda, cerrándola a sus espaldas, por si su primito viene a terminar lo que ella ha empezado, pero Ramoncín continua sin moverse del coche, esperando a que su cipote se tranquilice, deje de manar lefa y descienda de nivel, pero es su madre la que le apremia malhumorada, una vez la niña ha cerrado la puerta de su casa, para que salga del coche:

• Pero ¿a qué esperas? ¡Sal!, Venga, que no tenemos todo el día.

Sale despacio y con cuidado, intentando pasar desapercibido, pero no lo consigue, y es su madre la que exclama asustada al ver el bulto y la mancha de su pantalón:

• ¡Jesús! ¡Dios santo!

Mientras su padre se ríe a carcajadas y le increpa divertido:

• ¿Qué te pasa, hijo? ¿Te lo has pasado bien ahí detrás con tu primita?

Escuchando a sus padres, Ramón no se atreve a darse la vuelta y, abochornado, casi corre hacia la puerta de su casa, abriéndola y entrando dentro, y es que, como se ha dicho, los padres de Malena y de su primo viven en adosados contiguos.

Ya dentro de la casa, de la vergüenza pasa nuevamente al deseo, al deseo por su prima, y subiendo al piso superior de la casa, quiere espiar por la ventana de su dormitorio lo que ella hace.

Allí abajo, en el pequeño y soleado patio que tienen sus tíos, observa a Malena que arrastra una tumbona al centro del patio.

Cubiertos los ojos con unas gafas espejo de su madre, coge la niña lo primero que encuentra, una fina capa con capuchón, todo de color rojo sangre, que deja caer despreocupada sobre la tumbona.

Sabe que Ramón está ahí, observándola medio oculto desde la ventana, y que no hay nadie más que ellos dos en las viviendas. No es la primera vez que la observa desde el mismo sitio. Sabe que su primo piensa que no le ven, pero ella le ha pillado en varias ocasiones haciéndolo, incluso masturbándose frenéticamente, aunque ella siempre ha disimulado como si no lo supiera.

Ahora está cachonda y la encanta calentar a su primo. Tiene una buena oportunidad y no quiere dejarla escapar.

De espaldas a donde se encuentra Ramón, coge su polo blanco y, tirando de él hacia arriba, se lo quita lentamente por la cabeza, quedándose desnuda desde la cintura hacia arriba.

Siente sus pezones erizados, apuntando al frente, y, despacio, sin girarse hacia su primo, dobla cuidadosamente su polo, colocándolo sobre la hamaca para, a continuación, soltarse los botones de la faldita y, agachándose, quitársela por los pies.

Inclinada hacia delante, coge su faldita del suelo a sus pies, y, sin prisa, por incorporarse, contonea sensualmente sus caderas, ofreciendo su culo respingón al mirón de su primo.

Ramón, desde la ventana, observa todo deleitándose, especialmente ahora que contempla las hermosas y prietas nalgas de su prima, prácticamente desnudas, sino es por la fina braguita blanca que, introducida entre los dos cachetes, es casi inexistente. Se maravilla por la forma perfecta de los glúteos de ella, por su color y suda de deseo, ansiando sobarlos, lamerlos, disfrutarlos.

Incorporándose, también ahora Malena dobla cuidadosamente su falda y la coloca al lado de su polo, sobre la hamaca. Duda que hacer, no se atreve a girarse hacia donde está Ramón, y, ante la duda, se quita los mocasines que lleva, dejándolos bajo la hamaca. La avergüenza enseñar sus hermosas y erguidas tetitas a su primo, pero, al fin, girándose hacia donde está él, se las muestra, como si fuera lo más natural del mundo y no hubiera nadie observándola.

Los ojos de Ramón casi se salen de las órbitas. No se puede creer lo que está viendo. ¡Las tetas de su prima! ¡Vaya tetas tan hermosas, tan blancas, inmaculadas y sabrosas, como para comérselas a bocados! Nervioso, chasquea repetidamente su lengua contra el paladar, emitiendo un sonido repetitivo que escucha nítidamente su prima, que, sonriendo, hace como si no le escuchara y se sienta despacio sobre la hamaca, subiendo sus torneadas piernas sobre ella, para a continuación tumbarse encima, perezosa, de frente a la ventana donde se esconde Ramón.

Cubiertos sus ojos con las gafas de sol, Malena observa nítidamente la cabeza de su primo medio asomada a la ventana, medio tapada por una cortina.

Excitado Ramón, babea de gusto y ya no piensa si su prima le ve o no, supone que no, solo piensa en las tetas de ella y ... en su propia verga, que la siente muy viva, palpitando de deseo. Se baja en un instante el pantalón y el calzón, sujetándose a continuación el cipote erecto y duro con su mano derecha y comienza a masturbarse, sin dejar de observar los pechos y el cuerpo de Malena. Con brío al principio, pronto disminuye el ritmo para no eyacular ya y solo se acaricia el duro miembro en toda su extensión, se lo soba, disfrutando del momento.

La niña, tumbada en la hamaca, se da cuenta que su primo se está masturbando y a punto está de reírse de él, de hacerle burla, pero se contiene, no quiere echar a perder el momento.

La gusta excitar a los machos, provocarles hasta que no pueden más, hasta que casi se la follen, aunque no siempre se quedan en el casi, algunas veces, pocas, muy pocas, hasta lo consiguen y entonces ella también lo disfruta, lo disfruta hasta el máximo, y así, en su imaginación, se siente pura y virginal, ya que al fin y al cabo la han violado, la han tomado en contra de su voluntad y, como dice el dicho, “Si no puedes evitarlo, relájate y disfruta”.

Viendo la cara de su primo que parece que está en la gloria y el movimiento de su mano al masturbarse, Malena también se excita cada vez más, y sube las manos hacia sus pezones, aprisionándolos con los dedos y tirando de ellos, retorciéndolos y provocándose, como bien sabe ella, una mezcla morbosa entre el placer y el dolor.

Gime y emite pequeños grititos de placer al hacerlo, escuchando a su primo exclamar sorprendido y excitado al ver cómo se estimula la niña, como crecen sus tetas al hacerlo, cómo se empitonan todavía más sus pezones, sus pequeñas y oscuras cerezas:

• ¡Joder, joder!

• ¡Eso quisieras, pequeño salido, joderme! Pues te vas a quedar con las ganas, así que machácatela, pequeño cabrón, que no vas a conseguir nada más de mi.

Piensa Malena al escucharle y mueve su mano derecha de su pezón a su entrepierna, colocándola sobre su braguita y comienza a acariciarse el sexo, suave y lentamente, gozando de masturbarse y de que su primo la esté observando, disfrutando también de ella, como si la estuviera follando pero sin hacerlo, solo de deseo y de pensamiento.

Sus dedos mueven su braguita a un lado, dejando expuesta totalmente su vagina a los exaltados y exultantes ojos de su primo y a los inquietos dedos de su lasciva dueña, que se meten entre los labios vaginales, acariciándolos, sobándolos. Alcanzado el clítoris, hinchado y congestionado, lo aprisiona con sus dedos, amasándolo, jugueteando con él, sin prisa pero sin pausa.

Poco a poco los débiles gemidos y apagados grititos de Malena se convierten ahora en agudos y sensuales chillidos, sintiéndose cada vez más excitada, a punto de lograr el orgasmo, pero no, todavía no, quiere estar completamente desnuda antes de correrse y todavía no lo está, lleva las braguitas puestas, así que se las quita, con un movimiento rápido se las baja y levantando las piernas, se las quita de un tirón, tirándolas al suelo, y quedándose ahora sí, como su madre la trajo al mundo, definitivamente desnuda.

Sus dos manos vuelan ahora a su vulva, y ansiosas se restriegan sin pudor entre sus empapados labios vaginales, penetrando una y otra vez en su húmeda y dilatada vagina, manoseando su abultado clítoris, hasta que explota en un clímax de placer, calando como si de una fuente se tratara sus hermosas manos.

Pero no es solo ella la que alcanza el orgasmo, también su primo, dejándose llevar por lo que está viendo, no puede soportarlo más y se corre copiosamente, regando con su esperma pared y cortina, expulsando incluso gran cantidad por la ventana.

Lograda la culminación de su deseo, los dos primos se quedan inmóviles, respirando pesadamente y disfrutando con los ojos cerrados de su éxtasis.

Pasan los minutos y ninguno se atreve a moverse.

Consciente Malena de su desnudez frente a su primo, que lo ha contemplado todo, no sabe qué hacer. Satisfecho su febril deseo, se avergüenza de cómo está, desnuda, y de lo que ha hecho, masturbarse. No quiere que su primo la vea desnuda, por lo que lo único que se atreve a hacer es mover una de sus manos de su entrepierna a sus tetas, cubriéndose especialmente sus pezones, sus pequeños tabúes, permaneciendo la otra mano sobre su vagina, cubriéndola a la lúbrica mirada de Ramón.

Pero antes de que la niña dude que decisión tomar, la realidad la obliga a decidirse.

Escucha la puerta de entrada a la vivienda y a su madre llamarla a voces. Se levanta de un salto, cayendo sus gafas sobre la hamaca, y, sin saber qué coger para cubrirse, se decide rápido por la fina capa roja con la que se envuelve, tomando su ropa del suelo al que ha caído, así como sus mocasines, en el momento que entra su madre al patio.

Nunca había visto a su madre así. Está aterrada, con el rostro encendido y desencajado, despeinada y con la ropa arrugada y descolocada. No se fija que su hija bajo la capa está completamente desnuda, sino que tira de ella violentamente, al tiempo que la chilla, balbuceando muy rápido:

• Sal, rápido. Vete y no vuelvas hasta que te avise

La empuja hacia la puerta de la vivienda y Malena, aturdida, sin saber qué sucede, se deja llevar hasta que, de pronto, aparece Dioni, el vecino sátiro, que, sonriendo amenazante, estira un brazo para cogerla, al tiempo que exclama:

• ¡No, no, que se quede, que se quede con nosotros!

Pero la niña le esquiva y su madre se interpone entre ambos, empujándola hacia la puerta y sacándola de la vivienda a la calle.

Una vez en la calle, se cierra la puerta violentamente a su espalda y escucha discutir a su madre con el Dioni, pero solo entiende a su madre cuando chilla desesperada un “¡No, no!” de forma reiterada.

Se aleja asustada y aturdida de la puerta por si sale el hombre a por ella, pero, al ver que esto no sucede, se detiene a bastante distancia, escondiéndose entre dos coches aparcados sin dejar de observar la puerta.

No entiende muy bien que sucede, pero recuerda que la vez que tuvo el “incidente” con el Dioni, su madre también intervino.

Vuelve de sus pensamientos y se da cuenta que está prácticamente desnuda en la calle, solo cubierta por una fina capa roja, y en sus brazos el resto de su ropa y sus mocasines.

Mira alrededor y no observa a nadie, por lo que, dejando la ropa sobre un coche aparcado, se pone primero un mocasín, luego el otro. Y echando una última mirada, no encuentra a nadie que pueda verla, así que, dejando rápida su capa sobre el coche, se pone rauda primero las braguitas, luego el polo y finalmente la faldita, para coger por último la capa, echándosela por encima de los hombros.

Duda que hacer. No sabe si su madre la necesita pero no puede hacer ella sola frente al hombre y no encuentra a nadie a quien pedir ayuda. ¿Quizá su primo? Pero no, no solo porque no es lo suficiente fuerte para enfrentarse al hombre, sino que no quiere que nadie de la familia pueda enterarse de algún posible hecho escabroso de su madre. Además, es posible que no sea lo que ella piensa, tal vez sea un calentón de su madre, y, si entra con alguien en la casa, les pille follando frenéticamente. ¡Qué vergüenza y qué bronca la echaría su madre! Así que opta por obedecer a su madre y, sin saber qué hacer, en lugar de ir al pueblo, toma el camino del bosque, mucho más hermoso, aunque quizá demasiado solitario.

Caminando hacia el bosque, piensa que nadie la ha visto mientras se vestía, pero se equivoca, desde el interior de un coche aparcado hay alguien que ha contemplado empalmado y en absoluto silencio el cuerpo desnudo de la niña, sus piernas, su culo, sus tetas y su coño, y ahora observa las piernas desnudas de Malena mientras se aleja.

Entrando en el bosque Malena ha olvidado ya la situación que ha vivido antes con su madre y solo piensa en disfrutar del frondoso y hermoso paisaje como si fuera una hermosa ninfa e incluso baila alborozada y canta en voz alta una alegre canción que ahora está de moda. Recuerda qué a ese bosque, próximo a su casa, le llaman el bosque de los sátiros, porque más de una mujer ha dejado allí su honra, y se ríe entre divertida y cachonda.

Despreocupada, se sale sin importarla del camino principal y después de un buen rato, se da cuenta que lleva escuchando a su espalda unos ruidos como si alguien la siguiera. Se gira y se encuentra a pocos pasos detrás a un hombre, ¡a un hombre cubierta su cabeza con la máscara de un lobo! Se detiene sorprendida, y el hombre también se para, observándose uno a otro.

Duda Malena qué hacer, si echar a correr pero le parece ridículo, piensa que evidentemente el hombre es inofensivo y ella, tras la experiencia que ha tenido, ve amenazadas donde no los hay, así que se limita a saludar al hombre con su voz alegre y cantarina:

• ¡Hola!

• ¡Hola!.

Le responde el hombre con una voz grave y apagada, fruto posiblemente de la máscara que lleva.

Reina otra vez el silencio entre ambos, así que la niña toma nuevamente la iniciativa, preguntando:

• ¿Por qué llevas esa máscara?

• ¿Y tú? ¿por qué llevas esas ropas?

• ¿No te lo piensas quitar?

• ¿Te las piensas quitar tú?

Nuevamente el silencio se hace entre ellos, y es ahora el hombre el que pregunta:

• ¿Quieres que te las quite yo?

• ¿Las ropas?

Afirma el hombre al mover la cabeza.

• No, no, muchas gracias.

Responde Malena, y hace como si se riera para quitar hierro a la conversación, pero está algo asustada.

• Sería un placer.

• No, no, de verdad, muchas gracias.

• Si temes que te vean, vamos ahí detrás y te las quito. Nadie te verá ni lo sabrá.

Y señala con la cabeza hacia unos arbustos próximos.

Mira la niña hacia allí y volviendo la cabeza hacia el hombre, se da cuenta que le conoce, que es una persona cercana, aunque no atina a saber quién es, así que se atreve a decir:

• No creo que le guste a mi madre.

• A tu madre la encantó, niña.

Empieza a asustarse y, para que no se dé cuenta el hombre, intenta ridiculizarle.

• Con esa máscara pareces un perro más que un lobo.

• Entonces también te montaré como la perra que eres.

Ahora sí que está asustada, duda que hacer, piensa que lo mejor es irse y se despide de él con voz temblorosa:

• Bueno, te dejo que me esperan.

Y, dando la espalda al hombre, retoma el camino.

A cada paso que da, escucha a su espalda el paso que la acompaña, y, sin mirar hacia atrás, echa a correr aterrada, huyendo, pero no va sola, también escucha que corren detrás de ella.

Tiran de su capa y se la quitan, pero ella chillando asustada, no aminora el ritmo, tampoco él, que ahora la agarra la falda.

Chilla más fuerte que antes, la niña al sentir cómo la sujetan por la faldita, reteniendo su marcha, pero, desesperada, no se da por vencida, y, al esforzarse por continuar, saltan los botones de la prenda, soltándose de la mano del hombre y bajando de la cintura a los muslos de Malena que, al tropezar con ella, pierde el equilibrio, cayendo hacia delante, pero coloca sus manos en el suelo y enseguida se levanta y continua corriendo, dejando su prenda atrás, en el suelo.

Los ojos del hombre se clavan en los duros glúteos de la niña, apenas cubiertos por una fina braguita blanca que se pierde entre los dos prietos cachetes. Es como si no llevara nada, como si no llevara bragas, como si exhibiera su culo y su coño a todos.

Corre empalmado también detrás de ella, pero, aunque la puede coger enseguida, guarda las distancias para no perder de vista ni un instante ese precioso culo, en cómo sensualmente lo mueve al correr.

La escucha jadear por el esfuerzo y, excitado, estira su brazo, tocándola las nalgas. Y Malena, al sentirlo, emite un gritito al tiempo que da un pequeño brinco hacia delante, intentando que no la toquen, pero el hombre, riéndose a carcajadas, repite la operación una vez más y otra, hasta que la coge con una mano por la parte inferior del polo, deteniendo su marcha, y con la otra, la soba el culo y la coge de las braguitas, intentando bajárselas, pero la niña, ágil, se voltea, zafándose de la mano que tira de sus bragas, y, agachándose, con un giro de cintura, deja el polo en las manos del hombre, que, al verla los hermosos pechos desnudos, se queda por un momento paralizado, lo que aprovecha Malena para darle la espalda y alejarse corriendo, brincando más bien su precioso culito.

Con los brazos cruzados sobre sus pechos, protegiéndolos, corre la niña, escapando de su perseguidor, pero éste, solo pierde unos segundos, mirándola entusiasmado otra vez sus preciosas nalgas, y reanuda la persecución. Ahora su objetivo más inmediato son las braguitas de Malena, quitárselas es su anhelo.

De pronto Malena encuentra su camino bloqueado por unos troncos caídos, deteniéndose dubitativa, y enseguida su perseguidor la alcanza y agarra sus braguitas, deteniendo su avance y haciendo que la niña chille angustiada:

• ¡No, no, por favor, no! ¡las bragas no! ¡no me quites las bragas!

Pero sin hacerla caso, agarra las bragas con las dos manos, tira de ellas hacia abajo, se las baja hasta los muslos y de ahí a los tobillos, haciéndola caer al suelo, y arrancándola al fin las bragas.

Contempla con las bragas en la mano a la niña a cuatro patas sobre el suelo, fijándose empalmado en el culo respingón de ella y se lo imagina penetrándoselo una y otra vez.

La propina un par de fuertes azotes en las nalgas, haciéndola chillar, metiéndola luego una mano por detrás entre las piernas, sobándola el sexo. Está húmedo y no precisamente de sudor.

• ¡Será putita! ¡La encanta que la desnuden y seguro que también que se la follen!

Piensa el hombre excitado sin dejar de sobárselo con una mano, mientras que con la otra presiona sobre el culo de ella hacia abajo, impidiendo que escape.

Dudando si follársela ahí mismo, a cuatro patas sobre el suelo, opta por retrasar el momento, así que deja de sobar el coño a Malena. Metiendo el brazo entre las piernas de ella y sujetándola los pechos con la otra mano, la levanta a pulso del suelo, y la lleva en volandas a un tronco caído situado a un par de pasos.

Se sienta en el árbol, colocando a la niña bocabajo sobre sus piernas y, sujetándola con una mano para que no escape, empieza a azotarla las nalgas. Malena pega un chillido en cada azote que recibe, pateando en el aire, perdiendo uno de los mocasines, quitándole el otro el hombre que arroja detrás de unos matorrales.

Poco a poco, al ver que no puede librarse, deja de chillar y de agitarse convulsivamente, solo lloriquea, y el hombre deja de azotarla las nalgas, sino que sus dedos se meten entre las piernas de ella, y comienza a acariciarla la entrepierna, lenta y suavemente, acallando poco a pocos los lloros y convirtiéndolos rápidamente en gemidos, gemidos de placer.

Antes de que la niña se corra, el hombre deja de masturbarla y la deposita con cuidado a cuatro patas en el suelo, a sus pies, para, a continuación, ponerse en pie y quitarse la camiseta que lleva.

Cuando se baja el pantalón corto y el bóxer, Malena mira hacia arriba y contempla aterrada el enorme cipote del hombre, duro y erecto, plagado de anchas venas azules, lo que la proporciona todavía fuerzas para levantarse y echar, a pesar de estar descalza, a correr completamente desnuda hacia un árbol caído al que quiere subirse.

Apoya sus pies sobre una gran roca bajo el tronco, se estira, poniéndose de puntillas y salta, agarrándose con fuerza a una rama rota del árbol, para intentar subirse a pulso al tronco, pero es un acto desesperado ya que la niña no tiene la fuerza suficiente, nunca la ha tenido, y agita sus piernas desnudas, pateando en el aire, esforzándose inútilmente por subir.

Detrás de ella, el hombre, que ya se ha quitado toda la ropa y solamente lleva puestas unas deportivas, se acerca tranquilamente a Malena y, mientras contempla el culo y las piernas desnudas de la niña, se coloca frente a ella, bajo el tronco del árbol, y la coge por los glúteos, sujetándola, metiendo, a continuación, su rostro entre las piernas de ella, impidiendo que las cierre, y comienza a lamerla la vagina mediante largos y húmedos lametazos.

Al sentir cómo la lamen el sexo, Malena abre mucho los ojos y la boca, excitada, pero no quiere rendirse, y, para ayudar a subirse al árbol, se apoya con los pies en lo que encuentra, que no es otra cosa que la gigantesca verga inhiesta del tipo que se detiene gratamente un momento al sentir el contacto sobre su polla pero enseguida reanuda el comerla el coño. Cuanto más se esfuerza Malena por subir, más empuja el cipote del tipo, empuja y tira, empuja y tira, congestionándolo cada vez más.

Aunque al principio la niña pensaba que tenía una gruesa rama del árbol bajo sus pies, ya se imagina lo que es, el cipote duro y erecto del hombre, y se esfuerza no ya por subir al tronco, sino por masturbar al tipo con el fin de desbravarle y quitarle el deseo para que la deje marcharse sin hacerla nada más.

Pero no es solo el hombre al que se está masturbando, también él está masturbando a la niña, que cada vez más excitada, ya no puede más, y deja de masturbarle con los pies, corriéndose copiosamente dentro de la boca del hombre.

Éste al sentir toda su boca repleta del líquido fruto del placer de Malena, deja de lamerla el coño, y, sin soltarla las nalgas, la hace descender lentamente, parándose cuando la vulva abierta de ella está a la altura de la erecta verga de él, y, colocándola a la entrada de la vagina, poco a poco, va bajando a la niña y se la va metiendo, la va penetrando lentamente.

Todavía bajo los efectos del increíble orgasmo que ha tenido, Malena se abandona, pero, al sentirse penetrada, abre asombrada sus ojos y boca, jadeando fuertemente mientras el cipote se va metiendo cada vez más, hasta el fondo, deteniéndose un par de segundos, para ser subida a pulso por el hombre, deslizándose la dura verga por el más que húmedo interior de la vagina de la niña.

Arriba y abajo, arriba y abajo, una y otra vez, restregándose el cipote por las empapadas paredes vaginales de Malena, que entregada, se deja follar a placer, disfrutando del polvazo que la está echando y gimiendo de placer. Y es que la niña es también multiorgásmica, como también lo es su madre.

El ritmo del mete-saca al que la están sometiendo es deliberadamente lento, para gozar de cada instante, hasta que, de pronto, el hombre, se detiene y emite un fuerte alarido, corriéndose copiosamente dentro de las entrañas de Malena.

Se mantiene con el rabo dentro de la niña durante casi dos minutos antes de desmontarla y, viendo lo desmadejada que está la niña, la deposita con cuidado en el suelo, y ella, se deja caer despacio a los pies del hombre, tumbándose despatarrada y bocarriba, con los ojos cerrados, en el suelo, donde permanece sin moverse mientras el hombre se viste y se marcha dejando a Malena exhausta y completamente desnuda.

Tumbada en el suelo, Malena se queda dormida durante ni se sabe cuánto tiempo, y sueña que diminutos hombrecillos provistos de enormes vergas erectas, aparecen de entre los lujuriosos follajes, y, acercándose a ella, se meten entre las piernas de la niña, dentro de su vagina como si fuera una oscura y húmeda gruta. Siente cómo caminan dentro de ella y la gusta, la encanta, goza tanto que se corre y ríos de esperma empujan a los gnomos fuera de su cuerpo.

Unas voces la despiertan, son las de unos jóvenes que se acercan por el camino.

Toma nuevamente consciencia de su total desnudez, y, poniéndose en cuclillas entre la voluptuosa vegetación, escruta por donde vienen las voces y al darse cuenta que se aproximan, que vienen por el camino en su dirección, intenta ver donde puede esconderse pero está prácticamente rodeada por árboles, muchos de ellos derribados, ¡está atrapada!

En el mismo momento que gira la cabeza en dirección a los jóvenes que se aproximan, cruza su vista con uno de ellos, ¡es Ban! ¡un alumno de su instituto, algo mayor que ella, y novio de una compañera de su clase! ¡Y lleva en sus manos la faldita y las braguitas que la han arrancado antes!

• ¿Malena?

Grita el muchacho al reconocerla, y, al bajar su mirada, descubre el cuerpo desnuda de la niña, haciéndole exclamar entusiasmado:

• ¡Malena!

Y se acerca rápido hacia ella, seguido por su compañero.

La niña lanza un gritito, entre angustiada y cachonda, al ver cómo se aproximan, y, dándoles la espalda, echa a correr despavorida hacia ni se sabe dónde, encontrando un árbol con ramas que llegan prácticamente hasta el suelo, y agarrándose a ellas, comienza a trepar rápido.

Ban la sigue, ascendiendo también ayudado por las ramas del árbol., pero su vista se dirige siempre hacia arriba, hacia el precioso culo desnudo de Malena, y, más que a sus glúteos, al agujero que se ve entre ellos y a la vulva que sobresale hinchada del polvazo que la han echado.

Sin echar la vista hacia abajo, escucha la niña que la siguen a corta distancia, pero, al no tener más ramas donde agarrarse, detiene su ascensión, sintiendo al momento cómo la meten mano directamente en la vulva y como el rostro del joven se incrusta entre los dos cachetes, lamiéndola ansioso el orificio.

Chilla y se agita, intentando retirar su culo, protegiéndolo, incluso patearlo, pero no tienen margen para maniobrar y las ramas amenazan con romperse y precipitarla al vacío, así que, aguantando el persistente sobeteo al que la están sometiendo, opta por intentar convencer al muchacho.

• ¡Por favor, por favor, déjame, déjame!

Pero los sobes y las lameduras a la que la están sometiendo, la están poniendo cada vez más cachonda y, sin poder remediarlo, se deja hacer, le deja que la masturbe, y, sin poder evitarlo, jadea y gime de placer, corriéndose nuevamente.

Pero, a pesar de que se ha corrido, Ban continúa metiéndola mano y provocándola, suponemos que, sin desearlo, daño, por lo que tiene que ser Malena la que grite de dolor, quejándose y haciendo que se detenga.

Sin dejar de mirarla el coño y el ano, el joven la propone un trato que no puede rechazar:

• Si no bajas, continúo.

• Por favor, déjame, que me haces daño.

• Baja ahora y no te haré daño.

• Prométeme que no me haréis nada.

• Prometido. No te haremos nada, pero baja.

• Tampoco mirareis, me daréis mi ropa, me dejareis que me vista, que me marche y no diréis nada a nadie.

• Que sí, todo lo que tú quieras pero baja.

• Me lo tenéis que jurar.

• Te lo juramos. Venga, baja y no te haremos daño.

Como la niña duda, sin saber qué hacer, el joven la dice:

• Bajo, pero tú conmigo.

Y comienzan a bajar. Cada paso que da hacia abajo Ban, lo da Malena ante la lúbrica mirada de los dos jóvenes. Incluso Ban, con la excusa de ayudarla a bajar, la soba las torneadas piernas, las prietas nalgas e incluso el húmedo sexo.

Al llegar el joven abajo, no espera a que la niña ponga el pie en el suelo, sino que antes de que lo alcance, la coge en brazos y la lleva en volandas ante la expectante mirada de su amigo al mismo lugar donde antes se la folló el hombre.

En el camino Malena descubre que el compañero de Ban es Rudy, otro compañero del instituto. Éste no para de sobar el culo y las piernas de la niña mientras su compañero carga con ella que, entre avergonzada y cachonda, recuerda en voz baja a los jóvenes el juramento que la han hecho.

• Me lo jurasteis.

• Te mentimos.

Responden los dos prácticamente al unísono y la depositan bocarriba en el suelo.

Tumbada en el suelo, Malena se cubre con la mano derecha la vulva y cruza su brazo izquierdo sobre sus senos, tapándolos en lo posible, mientras contempla cómo los dos muchachos, de pies alrededor de ella, se desnudan completamente.

De una tupida mata de pelo que cubre la entrepierna de los dos jóvenes, emergen dos cipotes erectos, grandes y duros, que apuntan orgullosos al cielo.

Esta vez es Rudy el primero que se mete entre las piernas de Malena, abriéndolas sin la resistencia de la niña, y, sujetándose con la mano derecha el abultado miembro, se tumba bocabajo sobre ella, metiéndoselo por la vagina poco a poco.

Malena, al sentirse nuevamente penetrada, suspira fuertemente, sin oponerse, dejando que la verga la penetre hasta el fondo. Apoyándose en sus brazos, contempla el joven, el rostro y los pechos de la niña, mientras se la folla lentamente, mete-saca-mete-saca.

Se escucha el ruido de los cojones del joven chocando con el perineo de Malena, y cómo ésta gime y jadea de placer, así como los gruñidos de Rudy follándosela.

Por momentos la niña cierra los ojos, mientras su lengua sonrosada aparece entre los labios húmedos de su dueña, para volverlos a abrir y contemplar el rostro lujurioso del joven que se la está follando.

Unos disparos suenan a su lado, es el móvil de Ban que la toma fotos mientras se la tiran.

Cuando Rudy acaba, es Ban el que ocupa su lugar, pero esta vez desplaza a la niña para que se coloque de costado, y ubicándose él detrás, la obliga a poner una pierna encima de él y la penetra también por la vagina. Los rítmicos movimientos del mete-saca se complementan con el sobe al que el joven somete a las tetas de Malena.

Mientras uno se la folla el otro no deja de contemplarlo excitado, tomando fotos y vídeos, como si se tratara de una película porno, calentando y levantando nuevamente la verga.

Cuando se corre Ban, Malena piensa que ya han dejado de follársela, pero se equivoca, ya que Rudy, otra vez empalmado, hace levantar a la niña del suelo, y obligándola a que se apoye en un tronco y que se incline hacia delante, se la mete nuevamente por detrás, por la vagina, follándosela mientras la sujeta por las caderas y su compañero, por delante, la manosea las tetas, jugando, tirando y retorciéndola los enardecidos pezones.

Los rítmicos movimientos del joven al follársela son acompañados por voluptuosos balanceos de las caderas de Malena que, totalmente entregada, aporta también a la fiesta.

Finalizado Rudy, Ban no quiere quedarse atrás y obliga a la niña a que se ponga de rodillas frente a él, y le coge la cabeza con las manos para que le coma la polla, y eso hace Malena, lamérselo como si fuera un sabroso helado y metiéndoselo en la boca, acariciándolo con sus exuberantes labios hasta conseguir que el joven, después de unos minutos de mamársela, se corra dentro de su boca y sobre su rostro.

La niña tose y, en medio de grandes arcadas, escupe todo el esperma que puede pero no poca cantidad se ha tragado, mientras los jóvenes se ríen de ella.

Se visten mientras Malena, completamente desnuda, espera a que se vayan, sentada en el suelo, acurrucada con su espalda contra el tronco del árbol, con las piernas dobladas contra su pecho, y la mirada perdida en el suelo.

Una vez se han vestido, cogen el polo y la falda de la niña y la rasgan a tirones, dividiendo cada una en dos trozos, ante la mirada impotente de Malena. Luego la arrojan sobre la cabeza de ella, diciéndola:

• Toma tu ropa, putita. Te prometimos que te la devolveríamos, pero no te prometimos cómo.

No la devuelven sus braguitas, es Rudy el que se queda con ellas, indicándola sonriendo:

• Si las quieres, vente a por ellas. Ya sabes quién las tiene pero también lo que tienes que darle a cambio.

• No las va echar de menos. La putita nunca va con bragas, va con todo el coño al aire enseñándolo a todos. ¡Es una calientapollas!

Complementa Ban el comentario de su compañero ante el silencio de Malena.

Al irse Rudy la avisa:

• Nos volveremos a ver, zorrita.

Y se alejan por el camino, riéndose.

Espera la niña unos minutos antes de moverse, y lo primero que hace es revisar resignada la ropa destrozada. Se incorpora a duras penas, está dolorida, y no sabe exactamente qué hacer ya que los trapos que lleva no pueden cubrir su cuerpo desnudo.

De la ropa que llevaba cuando entro en el bosque, se han llevado sus bragas y la han destrozada su falda y polo, pero no tiene noticias de que hayan hecho algo con sus mocasines y con su capa roja. Lo primero que hace es buscar los mocasines, que deben estar muy cerca ya que los perdió o se los quitaron cuando el hombre la azotaba las nalgas. Uno de ellos lo encuentra rápido y el otro en menos de un minuto, ambos tras unos matorrales, lejos de las miradas de los dos jóvenes. Se los pone y sujeta con las manos los restos de su falda y polo con el fin de cubrirse los pechos y el sexo, comenzando a caminar por el camino en sentido contrario al que tomó cuando la perseguían.

Camina con cuidado por si alguien la ve, pero no encuentra a nadie. No recuerda exactamente donde empezaron a desnudarla mientras corría, pero debe estar a pocos metros. Al ser el camino muy frondoso es difícil seguirlo, sino es por la vegetación pisoteada y por las plantas apartadas, pero aun así tiene que desandar el camino varias veces ya que piensa más de una vez que ha tomado el camino equivocado. Desesperada, se sienta en una roca cubierta de musgo, sin saber qué hacer, llorando angustiada. Se ve caminando desnuda por las calles camino de sus casa y piensa que lo mejor es hacerlo por la noche para que haya menos gente por las calles y la oscuridad cubra su desnudez. Además se pregunta qué puede decir a sus padres cuando la vean aparecer desnuda. No quiere escándalos por lo que no quiere decirles lo que ha pasado, que la han violado en muchas ocasiones y algunos de sus violadores son compañeros del instituto.

Toma la decisión de levantarse y, de pronto, entre la vegetación, le parece ver una mancha roja. Le late el corazón fuertemente de emoción, quizá sea su capa roja. Se acerca rápido y sí, ¡es ella, su capa roja! La mira y remira sin creérselo del todo. Está intacta, solo hay que quitar hojas, piedrecitas, polvo y ramitas para que esté impecable. Se la pone, feliz y contenta, cubriendo su cuerpo desnudo, y toma el camino hacia su casa, dejando en el trayecto su polo y su falda destrozados.

Al ir llegando a la puerta de su casa, piensa en cómo la dejó, cómo su madre la echó y la presencia del Dioni. Como ya es casi de noche, supone que ya se ha marchado. La casa está iluminada y. escuchando detrás de la puerta de la vivienda, oye también a su padre, además de a su madre.

Como no pudo coger las llaves cuando la echaron, tiene que llamar al timbre. Lo hace tímidamente, cubriéndose cómo puede el cuerpo, que no vean que está desnuda bajo la capa.

Es su madre la que abre la puerta, y se cruzan una mirada de complicidad, dejando que la niña suba corriendo a su cuarto sin que su padre la vea, aunque la madre sí que observa cómo su hija está completamente desnuda bajo la capa roja.

Aquella noche, la cena en casa de Malena fue delante de la televisión. Madre e hija, calladas, mirándose de tanto en tanto, sin prestar atención al televisor, mientras que el padre, ajeno a lo que ha sucedido, observa con atención un partido de futbol, preocupado solamente en insultar al árbitro y a los jugadores de ambos equipos.

En la casa de los Ramones, mientras la madre lava los platos, padre e hijo permanecen en silencio también delante del televisor, pero ninguno está viendo el partido que están transmitiendo, sino que ambos, sumidos en sus pensamientos, levantan la parte frontal de sus pantalones con su cipote erecto. El hijo recuerda cómo ha visto primero a la calientapollas de su prima y luego a la puta de su tía y, si no continúa masturbándose, es porque tiene la polla en carne viva. El padre, muy sonriente, piensa en su sobrina, recuerda nítidamente el culo prieto de ella, su tacto cálido y … cómo ha disfrutado de ella en el bosque, cómo la ha arrancado toda su ropa, la ha dado unos buenos azotes en sus nalgas y, finalmente, la ha echado un buen polvazo. Sin embargo, La madre, en la cocina, piensa en lo primitivo y ridículo que son los hombres, que solo se fijan en el futbol y en culo de algunas como en el de su sobrina Malena, la niña mala.

Y es que esta vez Malena ha pasado de calientapollas a que la calienten el coño, y ¡cómo se lo han calentado! ¡se lo han dejado ardiendo!

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Mi madre es una señora voluptuosa de 52 años que se conserva estupendamente, de pelo negro piel muy blanca y hermosas caderas, con unos ojos grandes y un pecho de escándalo, grande y llamativo. Conserva sus curvas pues aún marca figura bien formada. Es una señora educada y muy tímida, una buena madre, y caliente por lo que ví, pero a su manera.

Loa días de verano de aquel mes de agosto eran insoportables. El aire acondicionado apenas enfriaba y hasta que finalmente pudo arreglarse del todo, pasamos unos cuantos días de verdadero calor, en todos los sentidos.

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Una mañana vino cargada de bolsas la compra mientras yo me preparaba para salir con unos amigos. Tras dejarlas en la cocina se fue a su cuarto a cambiarse y salió al rato a continuar sus tareas con un vestido playero que acentuaba sus curvas. Ese vestido desgastado y ceñido se le ajustaba y trasparentaba de tal modo que no pude dejar de mirarla sin que ella se diera cuenta. La excitación me subía por momentos, hasta que en un acto instintivo me acerqué por detrás a ella y posé mis manos sobre su cintura.

-mamá, te veo cansada, ¿estás bien?

Mis manos seguían en su cintura, y ella actuó como si no se percatara de ello, sin darle importancia

-hacer mucho calor mi niño

-Estás cansada, pero te veo estupenda

Ella me miró y sonrió. Siguió con sus tareas y me marché

Pasada la hora de comer, ya entrada media tarde, el calor aumentaba. Mi madre estaba en la cocina y yo acababa de darme otra ducha fría para aliviarme el calor. Tras ponerme mi pantalón corto busqué a mi madre en la cocina quedando tremendamente asombrado por lo que vi. Mi madre estaba con una camiseta blanca algo holgada e iba en bragas. No había que adivinar nada a través de su vestido. Unas bragas limpias, también blancas, las más normales pero las más bonitas del mundo, que se ajustaban en su aprisionado trasero que luchaba por liberarse de esa prisión de licra. Me puse al lado y me preparaba un café frío mientras veía como su pecho se balanceaba al compás del movimiento de sus brazos fregando los platos de la comida.

No podía evitarlo, su belleza y su inocencia me encendían. Me acerqué a ella con mi café en la mano y mientras pasaba un dedo inocentemente sobre el borde sus bragas le dije:

-mamá, te pongas lo que te pongas se te ve siempre una mujer muy guapa

Ella se limitó a sonreír mientras seguía con sus quehaceres domésticos. Parecía que me había oído pero no le había dado importancia al roce de mis dedos con su trasero de escándalo.

-En silencio, tras su sonrisa, seguía pasando el dedo por las bragas, ambos en silencio. Yo actuaba lentamente, ella seguí fregando enérgicamente.

Esos segundos que duró mi dedo sobre sus bragas se me hicieron eternos. Mi excitación subió a unos límites tales que pensé que no podría contenerme y abalanzarme sobre ella. El corazón me latía tan fuerte que en el silencio de ambos pensé que ella podría oírlo. Me contuve y me marché.

Al día siguiente, cuando entré al salón, esa bella mujer e infatigable trabajadora que es mi madre, estaba subida a un pequeño peldaño descolgando unas cortinas para lavarlas después. No puedo saber si lo hizo premeditadamente a sabiendas que no tardaría en entrar al salón y verla allí subida, con su camiseta y con su culo prácticamente descubierto por un tanga de color crema. Visiblemente nervioso, con el corazón acelerado y sin poder dejar de mirarle el culazo, me fui hacia ella.

-buenos días mamá

Darle los buenos días fue lo único que se me ocurrió decirle, no dije nada más, me sumí en el silencio mientras mi mano se fue a tocarle el culo directamente, lo acariciaba con una mano muy suavemente, allá donde la tela no cubría. Ella callaba, me miraba inocentemente y sonreía, o eso creía yo. Mi mano se abrió y enganchó su trasero a una, y luego dos manos, sobé su trasero sin prisa, pero sin pausa.

-Ten cuidado a ver si me caigo- Fue lo único que salió de su boca, y ni un solo reproche a mi actuación. Un silencio que interpreté como permisivo, como tolerante a mi actuación. Debía haberse enfadado, girado, gritado que parara, pero no. Calló.

Y allí seguía ella, descolgando las cortinas, mientras le magreaba el culo muy suavemente a dos manos, con a mi madre a la altura de mi cara. Mis manos amasaban su precioso y gran trasero. Mi desbocamiento llegaba al punto que me atrevía cada vez a más, llegando a meter mis manos bajo los bordes de la tela, rozando su ano. Sorprendentemente mi madre callaba, actuaba como si yo no existiera, como si no tuviera importancia. Era algo que me confundía.

En un acto instintivo acerqué mi boca a su trasero y lo besé. Ella seguía quitando cortinas de un modo tan pausado que podría pasarse allí arriba toda la mañana, en silencio. No abrió la boca en ningún momento, ningún mal gesto, ningún reproche. Era todo dejarse llevar, en silencio. Mi madre era toda tolerancia, su actitud permisiva me excitaba aún más. No podía dejar de pensar hasta donde llegaría esa situación. Había besado y sobando su culo a dos manos, sin pudor y el silencio y excitación invadía el salón.

Seguía tocando, sobando, acariciando y agarrando suave pero firmemente ese culazo y me dijo sonriendo, -que me voy a caer-. Sus palabras me despertaron del embrujo que me atenazaba y reaccioné retirándome.

Durante la noche no podía dormir de la excitación. Mis pensamientos sobre la actitud tan condescendiente de mi madre hacía que me retorciera en la cama. Estaba tan excitado que no sabía si masturbarme o irme a su habitación a seguir con algo que aún no sabía qué.

No pude evitar acercarme a su habitación. Allí estaba ella acostada, con una la luz que entraba por la ventana y que era suficiente para verla claramente vestida con sólo la parte de arriba de una combinación de raso para dormir que apenas podía contener sus contundentes pechos. Creía adivinar que iba sin bragas.

Me acerqué lentamente hacia ella y me senté en la cama mientras ella yacía de lado con su trasero hacia mí. Se percató de mi presencia, giró su cabeza me miró, sonrió y volvió a su postura simulando seguir durmiendo. Mis manos fueron a su trasero a acariciarlo, a sobarlo, a ir más allá que la tarde con las cortinas. Ella no reaccionaba nada, como si no existiera, simulando estar sumida en un sueño muy profundo del que no parecía fácil despertar.

En un alarde de valor, mis manos tocaron su culo y su ano pero apenas llegaban a su coño que permanecía prácticamente atrapado entre sus muslos. Su trasero parecía suplicarme que lo poseyera. Lo toqué varias veces mientras tocaba con mi mano sus hermosos glúteos.

Estaba tan sumamente excitado que me levanté de la cama y en un alarde de valor me bajé los calzones y quedé desnudo en pie detrás de ella. Me fui directamente a por mi madre. Me subí de rodillas en la cama y apunté con mi polla a punto de reventar hacia el trasero de mi madre.

Mi madre seguía sin reaccionar, y era difícil que con tanto movimiento no se percatara perfectamente de la situación, de lo que iba a ocurrir. Así que no me anduve con tanto cuidado y levantando las carnes de su trasero, empuje mi polla sobre su ojete introduciendo levemente mi glande en su ano. La sensación era indescriptible. Sentía como mi polla palpitaba dentro de su trasero.

Mi madre callaba, callaba, no reaccionaba, como si allí no hubiera nadie. Ese era el momento. Su silencio lo entendí como tolerancia. Ese era el momento. Su actitud decía fóllame ya. Así que sin miramientos empuje toda mi polla al interior de su culo y empecé un mete-saca que hacía tambalearse a mi madre hacia delante y atrás. Era imposible no despertarse. Follaba a mi madre el culo mientras ella callaba y otorgaba. Acabé echándome sobre ella que seguía en la misma posición tumbada de lado y las rodillas encogidas. Agarraba y amasaba sus tetas y la excitación me hacía decirle cosas al oído.

-mamá, te estoy follando el culo. Estás buenísima. Tienes un polvazo mamá.

Mi madre permanecía en silencio, acomodándose ligeramente a las embestidas que le estaba propinando. Recostado sobre ella, le follaba por el culo de manera bestial, chupaba sus pezones y le decía que me encantaba darle por el culo.

El ano de mi madre no ofrecía resistencia alguna, entraba y salía de su culo con la misma facilidad que un cuchillo caliente derrite la mantequilla. Mi cuerpo se estremecía sobre ella, se me nublaba la vista del placer, de tantos años contenidos. Mi rabo estaba duro como una piedra y su culo estaba a mi completa disposición.

Las acometidas ya eran bestiales. Agarraba las tetazas a mi madre como para no caerme de las embestidas que le estaba dando en su culo abierto y boca cerrada. Estaba a punto de estallar de gozo dentro de ella. Me incorporaba le gritaba lo buena que estaba y las tetazas que tenía y ella callaba y recibía y recibía.

Giré a mi madre boca arriba, sin miramientos. Allí apareció ese cuerpo orondo y perfecto de piel blanca. Sus enormes tetas buscaban acomodarse en el colchón por efecto de la gravedad. Le metí la polla en el coño de un golpe y me eché sobre ella diciéndole lo que me gustaba follarla, contenía los jadeos como si le hicieran daño, y de tanto entrar y salir mi polla de su coño, de metérsela hasta los huevos. Agarrando firmemente sus tetazas y bombeando continuamente su coño perdí la noción del tiempo, chupaba su cuello y olía su aroma hasta casi adormirlarme de placer de medio cuerpo para arriba, porque el otro medio seguía follando el coño chorreante de mi madre. Su flujo embadurnaba mi polla hasta hacerla resbalar en su coño con tremenda facilidad. Mucho coño para su hijo.

Aprovechándo mi polla impregnada de su flujo le dije –mamá, date la vuelta, ponte a cuatro patas- y ella obedeció, sin rechistar. Cuando estaba de espaldas con la espalda arqueada y sus enormes tetas tocando el colchón continué diciéndole –así… a cuatro patas que te voy a seguir follando por detrás-. Intenté sonsacarle alguna palabra pero era imposible no contestaba, no la oía. –¿te gusta cómo te da por el culo tu hijo mamí?- Nada. Sin respuesta.

Me dejé llevar y no pude más. Saqué el nabo de su culo, le ordené que se diera la vuelta y me fui a su cara directamente y para vaciarme sobre ella. Seguía en silencio aunque al notar el primer lechazo sobre su cara no pudo evitar un gesto de cerrar más los ojos y la boca. Le llené la cara de mi leche y cansado de su silencio le grité –abre la boca- y ella obediente la abrió y estuvo chupándomela hasta que recibió la orden de que parara.

Era evidente, mi madre era una mujer muy sumisa y obediente en el sexo y de ello estuve aprovechándome todo lo que quise. A la mañana siguiente, cuando volvió nuevamente de la compra y entraba a la cocina, le dije:

-deja esas bolsas mamá. Deja eso y súbete la falda

Mi madre se subió la falda y se apoyó en la encimera de la cocina. Me acerqué por detrás, la agarré bien las tetazas, le bajé las bragas, busqué su esfínter y le follé el culo en silencio durante un buen rato. Nunca comentó nada sobre lo que hicimos y seguimos haciendo mucho tiempo después. Pero eso es otra historia.

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-¿Dónde vas con eso tan grande? Pero mira que eres burro, ¡eso luego es todo semilla y está medio hueco por dentro hombre!

-Perdone la señora, es que últimamente se ha vuelto muy exigente con las verduras- Contestó Luis bromeando. ¿Estos están mejor?

-Hijo, ni tanto ni tan poco, que eso cuando lo pelas se queda en nada- Respondió Rosa y a continuación miró al cielo y dejando escapar un suspiró simuló armarse de paciencia con el desastre de su marido.

-Me parece que los que le gustan a su señora son estos de aquí caballero- La voz correspondía a un minúsculo anciano de voz achacosa, que con una sonrisa alargaba un pepino de tamaño intermedio en dirección a Rosa. –Este sí está justo en su punto, ¿Verdad señora?- Añadió el abuelo orgulloso de su perfecto dominio de los productos de la huerta.

-Sí, sí, justo así, gracias.- Asintió Rosa sonrojándose. – ¿Ves como no es tan difícil?- Reprochó a su marido.

-Es que la juventud ya no sabe de dónde viene lo que comemos- Dijo el simpático abuelete- Ya verá, ya verá como el que trae usted terminará por pensar que la comida sale directamente de la nevera- Añadió señalando la prominente barriga de Rosa que ya se encontraba en la trigésimo primera semana de embarazo.

-Bueno vale, ya me he cansado de que me restreguéis lo inútil que soy. ¿Falta algo más? Tengo ganas de irme para casa- El tono de Luis era ligeramente malhumorado.

- Zanahorias y plátanos.- Le contestó Rosa mirándole seriamente como reproche por su mala educación y a continuación se volvió con una sonrisa para proseguir conversando brevemente con el anciano.

Algunos minutos más tarde Luis regresaba junto a su mujer con dos bolsas y las depositaba en el carro de la compra mientras ella se despedía de aquel vejete deseoso de conservación.

-Bueno, nos vamos.

-Sí, sí yo también me voy para casa. Venga hasta otro día majos y que tengáis mucha salud para criarlo.

-Muchas gracias, adiós- Dijo Rosa con simpatía.

-Adiós- Añadió Luis con todo lo contrario.- Pero mira que te enrollas fácil con todo el mundo Rosa.

-¿No querrás que sea tan antipático como tú?- Contestó su mujer a la vez que le sacaba la lengua en un gesto de burla.

Al día siguiente Luis se levantó como cada mañana a las siete para ir al trabajo, se despidió de su mujer dándole un beso en la frente y la dejo en la cama.

Rosa había dejado de trabajar algunas semanas atrás. La totalidad de su jornada laboral transcurría en pie y se encontraba cobrando la prestación por riesgo durante el embarazo, así que no tenía ninguna prisa por levantarse. No obstante aquel día lo hizo en cuanto Luis salió por la por la puerta.

Acudió a la cocina, puso el tapón en el fregadero, lo lleno de agua y añadió unas gotas de lejía. A continuación buscó las verduras y frutas compradas el día anterior y las sumergió en la mezcla desinfectante durante un buen rato.

Mientras esperaba se dedicó a poner la lavadora y realizar otras pequeñas tareas domésticas al termino de las cuales retiro el tapón del fregadero y dejo que el agua escurriese, acto seguido seleccionó, examinó y secó cada verdura y fruta de forma rigurosa, apartando las que le parecían más aptas y colocando en su lugar de la despensa el resto.

Una vez todo volvía a estar ordenado y en su sitio Rosa tomó los tres vegetales que previamente había seleccionado como más idóneos y se dirigió a su dormitorio con ellos entre las manos. Un pepino, una zanahoria y un plátano fueron los agraciados con el primer premio de la lotería y es que Rosa se había vuelto toda una apasionada de la huerta precisamente coincidiendo con su estado de buena esperanza.

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Y no precisamente porque le gustase especialmente comerlas no, aunque ciertamente en su estado procuraba cuidar su alimentación, lo que de verdad le gustaba era proporcionarse placer con ellas.

Todo comenzó hacía más de un año, cuando escuchando la radio durante una noche de insomnio descubrió en el programa de una famosa sexóloga como había mujeres que disfrutaban del sexo con verduras. En concreto se entrevistaba a una mujer casada y con hijos que reconocía sin problema que ella disfrutaba de sus masturbaciones con distintos vegetales, explicaba sin complejos como disfrutaba seleccionándolos, la idoneidad de unos y otros para tal práctica o tal otra e incluso daba consejos –Nunca de la nevera por supuesto- Decía la entrevistada entre carcajadas.

Fue así como al día siguiente se masturbó Rosa por primera vez con un pequeño calabacín que encontró en la cocina. No es que a Rosa no le gustase el sexo con Luis, simplemente era una nueva forma de disfrutar del sexo que no hacía daño a nadie y poco a poco ella también se fue convirtiendo en toda una experta en el sexo con verduras al igual que la señora de la radio.

Por si fuera poco en los últimos tiempos su afición había tomado todavía más fuerza. Afición que casi se había convertido en una necesidad por otro lado, ya que para Rosa el embarazo había venido acompañado de un importante incremento del deseo sexual. Tal y como diría su madre en los últimos meses Rosa estaba más caliente que el rabo de un cazo.

Desgraciadamente para Rosa, de la misma forma su apetito sexual se había disparado con el embarazo. El de Luis había desaparecido casi por completo y se mostraba temeroso de practicar el sexo con su mujer por un estúpido temor de dañarla a ella o a su hijo.

Así pues la dieta del caliente chocho de Rosa se había vuelto completamente vegetariana durante su estado de buena esperanza y esta mañana en concreto estaba totalmente deseosa de tomar una buena dosis de vitaminas.

Al llegar a la habitación abrió el cajón de su mesita de noche y rebuscó entre sus braguitas hasta dar con la caja de preservativos que allí guardaba. Tomo tres condones, uno para cada uno de los tres pretendientes escogidos y tras ahuecar la almohada y colocar los dos grandes almohadones que tenía en la cama contra el cabecero se acomodó lo mejor que pudo, en una posición entre tumbada y sentada que le permitía verse en el espejo de la pared opuesta tal y como a ella le gustaba.

Subió su camisón arrollándolo entorno a su prominente barriga y doblando los rodillas separó sus piernas dejando totalmente expuesto frente al espejo su peludo y caliente coño.

-Joder Rosa, deberías hacer un pensamiento y depilarte el chocho que ya toca.- Pensó para si mientras acariciaba sus labios mayores notando claramente la humedad que ya encharcaba su sexo expectante ante el inminente festín vegetariano.

Rosa se mordía el labio inferior y acariciaba sus prominentes tetas de embarazada con una mano mientras con la otra estimulaba su excitado clítoris que crecía por momentos. Se masturbo durante algunos minutos contemplándose en el espejo hasta que cercana ya al orgasmo decidió reservar este placer para más tarde manteniendo su excitación por todo lo alto.

Llevó su mano a un lado y tomando uno de los preservativos rasgó el envoltorio, luego tomó el pepino cuidadosamente seleccionado, lo enfundó en el condón e hizo un nudo en este de forma que no se saliese y quedase bien tirante. Muchas otras veces había prescindido del uso del profiláctico, pero desde que estaba embarazada su precaución era extrema y además había descubierto que con su uso obtenía una agradable lubricación extra.

Rosa imaginó que aquel pepino era un vigoroso rabo y lo llevó a su boca para rodearlo con los labios como si de un glande hinchado por la sangre se tratase. Mientras con la mano libre soltaba los botones de su camisón liberando y sacando sus gordas tetas para a continuación, sujetando el fruto con su boca, situarlo entre estas y aprisionarlo ayudada por sus manos.

Aquel afortunado vegetal estaba disfrutando de una gloriosa cubana y una mamada al mismo tiempo y Rosa se sentía cada vez más cachonda sintiendo como la humedad comenzaba a deslizarse por sus muslos. Pellizcaba sus gordos y erectos pezones a la vez que imprimía un ligero movimiento de vaivén en sus tetas, encargadas a su vez de trasmitir el movimiento al pepino que se deslizaba por su boca.

Pronto sintió la necesidad de volver a atender a su caliente coño y tomando el pepino lo llevó a su entrepierna comenzando a deslizarlo entre sus hinchados labios mayores. Poco a poco el aventurero vegetal se adentró en aquella húmeda y oscura gruta provocando oleadas de placer a Rosa, que aceleraba y enlentecía el ritmo de las penetraciones a su antojo obteniendo así el máximo deleite.

Su sexo cada vez producía más y más flujo que era arrastrado hacia fuera cada vez que el pepino se retiraba, de manera que resbalaba por su entrepierna humedeciendo la raja de su culo. Rosa pensó entonces en aquel amable vejete que el día anterior había seleccionado precisamente el mismísimo pepino que ahora tenía entre sus piernas y se preguntó que pesaría el buen hombre si supiese donde había terminada su pepino. Imaginó que probablemente el pobre abuelo habría terminado teniendo que visitar el hospital con una taquicardia como mínimo y con aquellos pensamientos se corrió por primera vez.

Una vez recuperada de su primer orgasmo llevó el pepino de nuevo hasta su boca y saboreo el sabor de su sexo mientras buscaba otro preservativo con la mano libre. Soltó entonces a su primer pretendiente que no había perdido ni un ápice de su vigor y tomando a su compañera zanahoria la enfundó en una goma al igual que aquel.

Con la práctica Rosa había llegado a la conclusión de que la anaranjada hortaliza era la mejor para la práctica del sexo anal. El distinto grosor en ambos extremos facilitaba tanto la sujeción por el más grueso como la penetración por el más fino facilitando así la dilatación de su esfínter en la velocidad y medida que a ella le apeteciese en cada momento.

En un primer momento la deslizó por su vagina. Luego moviéndola hacia abajo arrastró parte del abundante flujo por la raja de su culo para llevarlo hasta su rosada puerta trasera, la cual comenzó a acariciar suavemente provocándose un agradable cosquilleo que poco a poco consiguió distender su esfínter. En menos de un minuto la punta de la zanahoria había atravesado ya el anillo de su culo y se introducía lentamente en el recto de Rosa explorándolo con suaves movimientos circulares que le provocaban gran placer.

Empujó aquella raíz hasta que prácticamente quedó alojada en su totalidad, la sujetaba con la punta de los dedos por el extremo más grueso moviéndola suavemente dentro de su culo. Volvió a coger entonces a su buen amigo el pepino con la mano que le quedaba libre y lo llevó hasta su encharcado conejo, lo restregó un par de veces y en tan solo unos segundos lo volvió a tener incrustado en su sexo.

Rosa disfrutaba enormemente de aquellas dobles penetraciones que ella misma se propinaba. Le encantaba sentir como ambos falos se encontraban y luchaban entre si únicamente separados por la fina tela que separaba sus dos cavidades más íntimas.

-Ding dong.- Era el timbre de la puerta, pero Rosa no le hizo ningún caso pues aquello era lo mismo de cada mañana, cartero, correo comercial, etc. Algún otro vecino abriría.

Así pues Rosa no interrumpió para nada lo que se tenía entre manos y se dispuso a seguir disfrutando de su afición más secreta, pero aquel día el timbre no pareció calmarse tan fácilmente.

-DING DONG, DING DONG, DING DONG, DING DONG.

-Pero será capullo el muy hijo de…- Esta vez Rosa sí paró de masturbarse molesta con el inoportuno timbre y la cosa no quedó en eso si no que fue a peor.

-¡Bzzzzz! ¡Bzzzzz! ¡Bzzzzz!- El móvil también se había conjurado en su contra y corría zumbando por la mesita de noche.

Rosa dejo escapar su amado pepino y alcanzó el teléfono con la mano. Era la cara de Marga la que aparecía en la pantalla del móvil. Deslizo el dedo para aceptar la llamada y se llevó el teléfono a la oreja.

-Dime Marga.

-¿Dónde andas hermanita?

-Pues en casa. ¿Dónde quieres que este?- Contestó ligeramente irritada.

-En ese caso no estaría mal si le abrieses la puerta a tu hermana pequeña. ¿No te parece?

Al sentir aquellas palabras rosa dio un respingo y casi sin darse cuenta empujo la zanahoria que todavía aguantaba con sus dedos en su culo, de forma que esta termino por perderse por completo en el interior de su recto.

-Eh claro, perdona pensaba que era el pesado del cartero.

-Pues venga mujer, que me tienes aquí plantada como un pasmarote.

-Ya voy, ya voy.

Rosa finalizó la llamada y nerviosa se levantó de la cama pensando en que hacer. No tenía excusa para hacer esperar más tiempo a su hermana, así que, suponiendo que en la habitación sus secretos estaban seguros, salió de esta y cerró la puerta sin más.

Abrió la puerta de la portería a Marga y mientras esperaba a que esta llegase a casa abotonó su camisón y lo recompuso lo mejor que pudo. Fue solo entonces cuando cayó en la cuenta de que aquella zanahoria había quedado alojada en su culo, pero se hallaba ya sin tiempo de reacción.

-¿Se puede? Pregunto Marga abriendo la puerta y entrando a casa.

-Claro, claro mujer. Estás en tu casa, ya lo sabes.

Rosa se había quedado petrificada en medio del recibidor, ahora no podía dejar de sentir a su amiguita jugueteando en su recto y trataba de disimular lo mejor que podía. Marga se acercó y dio dos besos a su hermana mayor y a continuación acarició su prominente barriga.

-¿Cómo están mi primer sobrinito y mi hermana preferida?

- Que tonterías tienes, si soy tu única hermana. Tu sobrino cada día más revoltoso, creo que va a ser un culo inquieto al igual que su tía.- Contestó llevándose las manos a la barriga y poniéndolas sobre la mano de su hermana.

-Ja ja, ya verás, seguro que nos llevamos divinamente.

-¡Seguro! ¿No tienes clase hoy?- Preguntó Rosa extrañada por la presencia de su hermana.

-Se terminó el cuadrimestre, esta semanita la tengo libre- Contesto Marga con una gran sonrisa. –¿Me invitas a desayunar? ¡Estoy hambrienta! -Marga se dirigió a la cocina y como si realmente estuviese en su casa se dispuso a prepararse el desayuno con total naturalidad.

Las dos hermanas se llevaban doce años y mientras que Rosa era una madura mujer de treinta y dos añazos Marga apenas tenía veinte tiernos añitos. No solo en la edad se diferenciaban, la mayor rubia y la pequeña morena, Rosa la tranquila y Marga el torbellino, la mayor clásica en el vestir y la pequeña más desenfadada, pelo largo, pelo corto. En definitiva un sinfín de contrates.

Físicamente era evidente que eran hermanas, pero mientras que el cuerpo de Rosa mostraba la voluptuosidad propia de la treintena el de Marga era mucho más grácil y estilizado, casi todavía el de una adolescente.

-¿Me sacas la leche de la nevera hermanita?- Preguntó la pequeña mientras cogía un vaso.

-No queda, coge otro cartón bajo el fregadero.

En realidad aquello no era cierto, pero Rosa comenzaba a sentir como su amiga zanahoria quería volver a salir al exterior y prefería evitar cualquier tipo de movimiento que pudiera facilitarle las cosas.

-Ok sin problema- Contestó Marga agachándose a por la leche.

-¿Cómo te han ido los exámenes entonces?

-Buenoooo, hubo uno que se me resistió un poco, pero el resto bien. A finales de semana creo que ya los sabré todos.

Rosa, cada vez más nerviosa, apretaba su culo intentando retener la zanahoria mientras Marga se servía la leche y rebuscaba en los cajones algo que comer.

-Seguro que son buenas. Ehh, los cruasanes de chocolate que te gustan están en el último cajón.

-¡Gracias! ¡Cómo me cuidas hermanita! ¿Quieres tú?

-No, no yo ya he desayunado-

Rosa cada vez estaba más incómoda, el sudor corría por su frente y el esfuerzo para mantener la zanahoria era cada vez mayor.

Mientras Marga, ajena a lo que le pasaba a su hermana mayor, abrió la bolsa de los cruasanes y llevándose uno a la boca le propino un soberano mordisco que hizo que el chocolate del interior saliese por el extremo opuesto dejándola el tiempo justo para apartase evitando así mancharse, pero no que este cayese al suelo.

-Joder que bueno esta esto, no te preocupes que ahora mismo lo limpio. ¿Seguro que no quieres?

-Ya te he dicho que no- Contestó Rosa con gran nerviosismo mientras sentía como las piernas comenzaban a temblarle.

-Bueno hija, tampoco hay que ponerse borde.

Marga arrancó un trozo de papel del rollo de cocina y agachándose a los pies de su hermana se dispuso a limpiar el chocolate que tan torpemente había derramado.

Rosa sintió como le abandonaban las fuerzas y la cabeza de la zanahoria comenzaba a asomar a través de su ano. Entonces, en un último esfuerzo para intentar retener la hortaliza, se recostó contra la pared de la cocina y contrajo su culo con todas las fuerzas que le quedaban.

Fue sin duda un error de cálculo. Una vez que la cabeza de la zanahoria había salido al exterior nada que no fuese empujar desde fuera podía volver a llevarla dentro. Bien al contrario, la propia forma de cono de esta, junto con el resbaladizo condón provoco que la contracción del esfínter impulsase directamente al exterior a la escurridiza umbelífera que cayó al suelo golpeándolo con un ruido sordo y quedando a escasamente un palmo de distancia de Marga que limpiaba el chocolate de su cruasán.

-¿Pero qué?

Marga alargo su mano y tomó la caliente zanahoria del suelo sin comprender lo que acababa de suceder. La examinó durante unos segundos preguntándose como había llegado una zanahoria enfundada en un condón hasta el suelo de la cocina de su hermana mayor y cuando por fin comenzó a comprender que aquello se le acababa de caer a Rosa giró lentamente su cabeza hacia arriba para mirar a su hermana con los ojos abiertos como platos.

Rosa por su lado al sentir que la zanahoria abandonaba su cuerpo respiró en un primer momento aliviada, pero enseguida tomo conciencia de la situación y sintiéndose terriblemente avergonzada cerro los ojos mientras sentía como la sangre acudía en tropel a su rostro.

-¿Rosa? ¿Qué es…?

Las lágrimas acudieron a los ojos de Rosa que sintiéndose abochornada salió corriendo de la cocina dejando a Marga todavía agachada en el suelo.

-Espera Rosa...

Tras unos segundos de estupefacción Marga salió corriendo tras su hermana y encontró a esta llorando junto a la ventana del salón.

-Qué vergüenza, que vergüenza.- Era lo único que Rosa decía entre sollozos.

-¿Pero por qué? No pasa nada, es normal mujer.- Le dijo su hermana pequeña mientras la abrazaba desde atrás apoyando la cabeza en su espalda e intentando consolarla.

-Pensarás que soy una guarra y más estando embarazada- La pena de Rosa era inconsolable.

-Que no tonta. ¿Qué te crees que eres la única que necesita darse un gusto de vez en cuando o qué?-Preguntó Marga en tono bromista intentando quitarle hierro al asunto.

-Es que verás, tu cuñado…- Rosa todavía respiraba de forma entrecortada por el llanto.- Luis lleva tres meses sin tocarme y yo, y yo.

-Y tú no eres de piedra hermanita. ¿Verdad? Este cuñado mío no sabe lo que se pierde. Con lo buenorra y calentorra que está mi Rosa.

Mientras decía esto Marga comenzó a sobar a su hermana mayor bromeando e intentando que está se relajase y perdiese la vergüenza.

-¡Que tonta eres! Estate quieta anda, que me haces cosquillas.

Rosa se retorcía intentando librarse de su hermana. Se dio la vuelta con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro, pero sin que las lágrimas dejasen de brotar de sus ojos. Sujetó a su hermana de las manos para evitar que siguiese haciéndole cosquillas, pero clavó la mirada en el suelo y sin atreverse a mirarle a los ojos.

-¿De verdad no piensas mal de mí?- Haciendo pucheros cual niña pequeña.

-Que no tonta, de verdad que no.

Marga se llevó las manos de Rosa a la boca y las besó fuertemente. Luego las soltó y puso las suyas en las mejillas de su hermana donde enjuagó las lágrimas que corrían por estas. Solo entonces alzó Rosa su mirada cruzándola con la de su hermana que la miraba con una dulce sonrisa condescendiente. Por la actitud de ambas bien parecía que las edades se habían intercambiado y era la menor la que ejercía ahora de hermana mayor.

-¿Ya está? ¿Se te ha pasado el sofoco?

-Un poco- Contestó Rosa algo más calmada.

-Entre hermanas no tenemos que tener secretos ni porque avergonzarnos de nada. ¿De acuerdo?

-Sí, de acuerdo. Perdóname, habrás pensado que soy una niña pequeña.

-Para nada, de verdad. Olvidado queda este berrinche.

Marga sujetó la cara de Rosa entre sus manos y besó dulcemente la frente de su hermana, Rosa por su lado cerró sus ojos al sentir los labios en contacto con su piel y sonrío reconfortada.

Entonces, prácticamente a cámara lenta, los labios de Marga abandonaron la frente de Rosa y sujetándola por la barbilla levantó ligeramente la cara de su hermana que mantenía aún los ojos cerrados, la contempló durante unos segundos, ladeó la cabeza y volvió a acercarse a su rostro hasta que los labios de ambas se juntaron en un beso que pilló totalmente desprevenida a Rosa.

Los ojos Marga se cerraron mientras que los de Rosa, totalmente paralizada, se abrieron como platos.

Rosa era totalmente incapaz de moverse mientras que el beso de Marga se hacía más intenso por momentos. Su mano izquierda sujetaba el rostro de su hermana mientras que la derecha bajo hasta posarse en el pecho izquierdo de Rosa para comenzar a acariciarla de una forma que era de todo menos fraternal. Su boca se abría buscando la complicidad de la de Rosa, succionando y saboreando los labios de esta.

Rosa no lo había visto venir. El lesbianismo de Marga era de sobras conocido y aceptado por toda la familia, pero aquello escapaba totalmente a cualquier cosa que pudiera haber imaginado.

-Marga, Marga cariño. ¿Qué estás haciendo?- Rosa permanecía estática incapaz de rechazar a su hermana

Marga apenas tomo aire para dejar escapar una única palabra.

-Besarte.

-Pero, pero Marga, soy tu hermana.

El tono de rosa mostraba más inseguridad que decisión, tan poca decisión como con la que intentaba apartar la mano de Marga de sus tetas.

-Precisamente porque eres mi hermana- Contestó Marga que aprovechaba las palabras de su hermana para deslizar su lengua entre los labios de esta.

-Nena, para por favor, para que me estoy poniendo muy rara.

- Lo que te estás poniendo es cachonda- Susurraba Marga mientras intentaba morder el labio inferior de su hermana.

Marga estaba totalmente fuera de sí, había sacado una de las tetas de su hermana del camisón y la magreaba pellizcando aquel pezón que se endurecía por momentos. Rosa retrocedió un paso, pero no consiguió separarse de Marga quien avanzó a su vez comenzando a recorrer con su boca el cuello de su hermana.

-Para Marga, ¡PARA!.

Rosa consiguió alzar su voz haciendo que Marga se detuviese. La hermana pequeña se separó de la mayor lo justo como para mirarse ambas a la cara y con gesto serio preguntó.

-¿Estás completamente segura de que quieres que pare?

-Ay, no sé Marga, no sé ni yo lo que quiero.

A los oídos de Marga aquella respuesta les sonó a un “Sigue por favor, no pares” en toda regla y sin dudarlo se volvió a lanzar a por la boca de su hermana quien, completamente pasiva, no opuso la menor resistencia a que la lengua de Marga entrase en su boca.

Poco a poco la actitud de Rosa se hizo menos pasiva, pequeños gemidos comenzaron a escapar de su boca y sus labios se tornaron también en participes activos de aquel beso. Viéndose correspondida Marga se volvió aún más atrevida y pronto ambas tetas de su hermana se hallaban fuera del camisón para deleite de sus suaves manos que las acariciaban de forma lasciva.

-Que tetas más ricas tienes, no sé si voy poder a dejarle algo a mi sobrino- Dijo abandonando la boca de su hermana para contemplar las dos grandes tetas que sostenía en sus manos.

- ¡Que burra eres! ¿De verdad te gustan? ¿No crees que parezcan feas así?

Los pechos de Rosa eran lo que cabía esperar de una mujer en su estado. En los últimos meses habían ganado un par de tallas, areolas y pezones habían crecido también tornándose más oscuros y las venas se marcaban ahora claramente bajo la piel transportando los nutrientes allí donde eran necesarios. En definitiva aquellas tetas eran todo lo suculentas que debían ser en aquellas circunstancias.

-Yo diría que parecen deliciosas.

Marga continuaba amasando las tetas y sus dedos juagan con los enhiestos pezones mientras las contemplaba con apetito.

-¿En serio? ¿No será que sigues siendo una bebe? Umm, por favor ten cuidado, están muy sensibles

Marga pellizcó suavemente uno de los pezones a la vez que presionaba la voluminosa teta entre sus manos, una pequeña gota de leche se formó en la punta del pezón indicando que estaba a punto para su labor justo en el momento en que Rosa dejo escapar un leve gemido de entre sus labios.

Aquello fue demasiado para Marga que se lanzó a devorar aquellas tetas lamiéndolas y chupándolas con frenesí.

-Mmm, me haces daño bruta. Suave, más suave, ummm.

Rosa experimentaba dolor, sí, pero también una gran excitación y placer al mismo tiempo y en mayor intensidad. Pronto sintió como las caricias de su hermana conseguían humedecer tanto sus tetas de forma directa como su entrepierna de forma indirecta.

-Que ricas umm, no sé porque mi cuñado no le hace caso a esta maravilla.

-Ufff, me está dando mucho calor Marga, los bebes no maman así.

Rosa acariciaba la cabeza de su hermana animándola a seguir mamando de sus tetas mientras que Marga, cada vez más caliente y atrevida, había llevado una mano bajo el camisón de la hermana para comenzar a acariciar su peludo sexo.

-¿Que me haces? ¿Qué me estás haciendo?- Preguntó Rosa al sentir aquellos dedos recorriendo sus labios mayores y adentrándose entre estos.

Marga abandonó las tetas que tanto le gustaban y beso nuevamente a Rosa con pasión mientras sentía como se le mojaba la mano con la que exploraba el sexo de su hermana, pero aquel no era el único chocho húmedo y caliente del salón. Ella misma estaba totalmente empapada y notaba como su tanga se humedecía y pegaba contra su depilado coño.

Se moría de ganas por tener más, por sentir más, así que retiró la mano del sexo de Rosa y sujetando a esta por el brazo estiró de ella al tiempo que abandonaba su boca lamiendo de sus labios.

-Ven. Vamos a la cama, ya no lo aguanto más.

Rosa se dejó arrastrar sin rechistar hasta su habitación donde Marga la situó junto a la cama antes de tomar su camisón y estirar del hasta sacárselo por la cabeza mostrándose Rosa colaboradora en todo momento. Dio un paso hacia atrás y contempló satisfecha a su hermana antes de comenzar a desnudarse ella prácticamente arrancándose la camiseta.

Sus pechos, casi adolescentes, quedaron al descubierto pues ni el sujetador estaba hecho para ella ni a decir verdad le hacia ninguna falta. Seguidamente y siempre mirando a los ojos a su adorada hermana mayor se llevó las manos a la cintura y en un único gesto bajo leggins y tanga y tras quitarse sus zapatillas se deshizo de ellos.

-Qué bonita eres- Dijo Rosa.

La hermana mayor acercó su temblorosa mano al firme pecho de Marga, rozando su duro pezón con los dedos, mientras que esta llevó su mano a la mejilla de Rosa para acariciarla cariñosamente.

-Porque me parezco a ti- Contestó Marga sonriente y tomando la otra mano de su hermana la guio hasta posarla en su depilado sexo.

-Eso no es verdad, casi ni parecemos hermanas.

Rosa notaba la humedad de la raja de su hermana en la yema de los dedos y sentía como su propio sexo lubricaba mojando su poblada pelambrera. El corazón le latía con fuerza y notaba la sangre corriendo por sus venas, palpitando en sus sienes y haciendo hervir su caliente sexo. No acababa de comprender como había llegado hasta allí, pero ya había decidido que lo deseaba y lo necesitaba tanto como el respirar.

Marga deslizó la mano que tenía sobre el rostro de su hermana y bajando por su cuello la llevó hasta una de las grandes tetas de Rosa. Abandonó la mano que se mantenía ya por si sola explorando su entrepierna y tomó uno de sus pechos para acercarlo así hasta el de Rosa y comenzar a restregar ambos pezones entre ellos.

Mirando a Rosa directamente a los ojos dejó caer un pequeño hilo de saliva sobre los erectos pezones de ambas y estos lo agradecieron deslizándose entre sí con mayor facilidad.

-Que cachonda me estás poniendo Marga, necesito córreme, necesito hacerlo- Rosa ya había perdido toda la vergüenza.

-¿En serio? ¿Cuánto hace que no te comen el coño en condiciones Tata?

-¡Demasiado! Joder, ni siquiera sé si lo han hecho alguna vez en condiciones.

-Jajaja, eso lo soluciono yo ahora mismo.

Marga tomo a su hermana por los brazos y empujándola suavemente la invitó a tumbarse en la cama. Cosa que Rosa hizo sin rechistar, pero teniendo que abandonar con cierto disgusto el delicioso coñito que empapaba los dedos de su mano.

Pronto la menor de las hermanas avanzó gateando por la cama, entre las piernas de Rosa que se abrían para recibirla y comenzó a recorrer la cara interior de sus muslos llenándolos de besos. Al llegar a la altura de las ingles el aroma del coño de su hermana le inundó las fosas nasales y no pudo resistirse a la necesidad de restregar su nariz por el húmedo felpudo fraterno sintiendo el cosquilleo del vello púbico en su cara.

-Cómeme el chocho Marga, cómeme el chocho que estoy ardiendo.

Rosa casi suplicaba y su hermanita pequeña estaba deseando complacerla. Marga se ayudó con las manos para abrir aquel coño que se mostraba rosado, caliente e inundado por un espeso flujo que pronto se dedicó a recoger con la lengua. Comenzó a lamer aquella raja deslizando su lengua de abajo arriba, chupó los labios y succionó el hinchado clítoris transportando a su Tata al mismísimo cielo.

-¡Que gusto! Umm ¡Que gusto! Sigue cariño, no te pares, comete el coño de tu hermanita.

La hermana mayor se retorcía y gemía de placer mientras la pequeña le comida el chocho con auténtica desesperación, saboreándolo e intentando llevar a su boca todo el néctar que destilaba aquella otra rosa de entre sus pétalos.

Marga, que era toda una experta en el noble arte de comer coños, se dedicó a lamer y succionar el clítoris de su hermana mientras penetraba el peludo chocho con los dedos. Ayudándose de su perfecto conocimiento de la anatomía femenina y sabiendo lo que a ella misma le proporcionaba más placer buscó en el interior de las paredes de aquella cueva el punto justo donde estimular para conducir a su hermana al mejor orgasmo que pudiese imaginar.

-¿Qué me haces nena? ¿Qué me haces que me estás matando de gusto? Uffff.

Marga no podía contestar, estaba demasiado ocupada procurándole placer a su hermana, placer que era también el suyo pues disfrutaba golosa del sabor de aquel coño mientras hacía chapotear sus dedos en el charco de su interior. Su propio flujo le resbalaba por unos muslos que frotaba entre ellos intentando procurarse alivio.

Rosa estaba a punto. No podía seguir resistiendo aquello sin correrse, pero en medio de tanto placer una sensación algo incomoda comenzaba a preocuparla y es que Rosa se corría, sí, pero también tenía la sensación de estar a punto de mearse y no creía poder resistir más.

-Para Marga, para por favor- Pero Marga ni la escuchaba. –Para Marga que me meo, para que se me escapa.

Marga, lejos de apartarse al oír aquello, puso todavía más énfasis en lamer y pajear a su hermana en busca de un premio que no estaba dispuesta a dejar escapar.

-Para que me meo, para que me corro, que me meo ummm, que me corro sigue, sigue que me corrooo aghhh.

Una vigorosa contracción recorrió el sexo de la embarazada y con ello un gran chorro de líquido salió despedido a presión de su sexo. Las contracciones siguieron en un intensísimo orgasmo, su coño apretaba los dedos de Marga y le salpicaba la cara con una deliciosa mezcla de flujo y orina al mismo tiempo. Marga pegó cuanto pudo la boca al chocho de su hermana para saborear aquel manantial que brotaba de su entrepierna en medio de temblores extremos y no se despegó hasta que poco a poco Rosa se fue relajando y recobró el control de su cuerpo.

-Ay madre mía, como lo he puesto todo. Marga creo que me he meado, me he meado de gusto, lo siento.

-¿Qué lo sientes? ¿Qué es lo que sientes? Me ha encantado.

Marga se despegó de la vagina de su hermana y esta pudo ver como su rostro amanecía con una brillante sonrisa tras la montaña de su barriga. Su cara estaba empapada y salpicada de humedad que ella misma recogía con la mano para llevársela a la boca.

-¿En serio?

-Joder me tienes el coño chorreado, mira.

Marga se puso en pie sobre la cama y caminando sobre esta llegó hasta donde descansaba la cabeza de su hermana. Allí se sujetó al cabecero y poniéndose en cuclillas situó su coño a escasos centímetros del rostro de Rosa.

-¿Estas muy caliente cariño?

Rosa llevó la mano hasta el abierto y depilado coño de Marga pudiendo comprobar su humedad, así como acariciar el hinchado clítoris que lo presidia.

-Joder Rosa, estoy que me subo por las paredes-

Se dejó caer unos centímetros plantándole el conejo directamente en la boca y Rosa no se resistió a besarlo y a recorrerlo con su lengua mientras su hermana pequeña cerraba los ojos y abría la boca dejando escapar un gemido de alivio.

Rosa lamia agradecida aquel delicado chochito mientras su mano buscaba a su amigo el pepino que hacía ya un buen rato había dejado abandonado sobre la cama. Una vez que dio con él, besó el coño de su hermana y apartándola lo suficiente con una mano le planto el pepino con la otra justo en el medio de su raja.

- Ahora veras que bien niña.

-¿Que me haces Rosa?

-Hacerte gozar a ti también.

Rosa deslizó varias veces el pepino entre los labios vaginales de Marga que se abrían a su paso humedeciéndolo y preparándolo para la inminente penetración. Buscó el ángulo idóneo y lentamente hundió aquel grueso vegetal abriéndole tanto el coño como la boca por la que dejó escapar un gemido.

-Ummm, si fóllame hermanita.

Marga se llevó la mano derecha al clítoris y comenzó a estimularlo a la vez que su hermana aceleraba el ritmo del clorofílico mete y saca. Necesitaba correrse y necesitaba hacerlo ya, acarició su hinchado botón del placer con la yema del dedo corazón y ni pudo ni quiso retener el orgasmo por más tiempo. Un torrente de placer recorrió su cuerpo goteando literalmente sobre la cara de Rosa que, al darse cuenta de que su hermana se estaba corriendo, retiró el pepino y contempló extasiada las contracciones de aquel joven sexo.

-Joderrrrr que gusto, ummm-

Marga todavía temblando plantó su coño sobre la boca de Rosa y esta recorrió la raja saboreando el azucarado néctar producto del reciente orgasmo.

Tan pronto la hermana pequeña logró relajar su cuerpo buscó la mano de Rosa y arrebatándole el pepino se encamino a los pies de la cama.

-¿Que vas a hacer?

-Follar… ¡FOLLAR!- Contestó casi con desesperación.

Se tumbó en la cama de lado, entre las piernas de Rosa y en sentido opuesto a esta. Deslizó una de sus piernas bajo la de su hermana formando con la otra una perfecta tijera. Entonces se llevó el pepino a la entrepierna y comenzó a introducirlo en su lubricado sexo. Una vez dentro se contorsionó en la cama hasta situar el otro extremo del verdoso dildo a la entrada del poblado coño de Rosa que abrió los ojos de golpe al comprender lo que se proponía.

Marga se abrazó a la pierna de su hermana como si de una perrita en celo se tratase y empujando con su propio cuerpo clavó el pepino en el chocho de Rosa hasta que este desapareció devorado por ambos sexos. El peludo coño de Rosa y el depilado sexo de Marga se aplastaron el uno contra el otro entremezclando sus jugos.

Margarita y Rosa, Rosa y Margarita. El perfecto ramo de flores quedo así unido mediante un único tallo.

Marga comenzó a apretarse con intensidad contra el sexo de Rosa y a contonear sus caderas haciendo que el pepino se deslizase en el interior de ambas arrancándoles gemidos de placer.

-Umm, sí nena no te pares, fóllame así, que rico, lo necesito.

Rosa se acariciaba las tetas y pellizcaba los prominentes pezones mientras intentaba tomar aire con la boca abierta y con los ojos cerrados se concentraba en la follada que su hermana la estaba dando. Marga se retorcía entre los muslos de la embazada y se abrazaba con fuerza a esta besándole, casi mordiéndole, en la pantorrilla.

Durante varios minutos ambas hermanas se retorcieron en pleno contacto mutuo. La atmosfera de la habitación se llenó de gemidos y olor a sexo mientras ambas buscaban con ahínco un orgasmo compartido con el que calmar su calentura.

-Sigue mi niña, sigue me estas matando de gusto, sigue que estoy a punto de correrme. Consiguió decir Rosa entre gemidos.

-Vamos Tata, córrete conmigo, córrete con tu hermanita pequeña para que sepas lo que es correrse a gusto.

Marga se clavaba cada vez con más fuerza contra el coño de Rosa hasta que esta anunció entre suspiros que estaba llegando al orgasmo.

-Ayyy, que me corro, que me corro niña.

Con un último empellón Marga apretó su sexo contra el de su hermana y así, coño contra coño, ambas se corrieron cerrando los ojos y abriendo sus bocas dejando escapar gemidos de placer. Las contracciones de ambas abrazaban aquel improvisado y ecológico doble consolador y una mezcla de flujos se deslizó entre sus muslos apagando el fuego que las abrasaba.

Poco a poco sus cuerpos se fueron relajando y sus agitadas respiraciones recobraron el ritmo normal mientras ambas seguían aún unidas por un único falo.

Rosa ronroneaba como una gatita satisfecha a la que su amo acaricia.

Marga se abrazó dulcemente a la pierna de su hermana con una relajada sonrisa en los labios y los ojos cerrados. Dispuesta a descansar durante un buen rato y en un estado de relax absoluto pronunció entonces las palabras que desencadenarían en la cabeza de su hermana un nuevo terremoto.

-Umm. ¡Que gustazo! Verás cuando se lo cuente a Mamá.

Rosa abrió los ojos de par en par y en sus oídos quedaron zumbando las últimas palabras de su hermana. Mientras, esta simplemente suspiraba pareciendo sumergirse en un dulce estado de somnolencia.

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Cuando me miré en el espejo de cuerpo entero de mi habitación sonreí, delante de mí estaba mi hermana Patricia.

Desde que me llega la memoria mi hermana gemela ha sido mi media naranja, mi otro yo, siempre nos ha unido la condición de ser completamente iguales y aunque reconozco que no siempre es agradable, la mayoría de veces nos hemos aprovechado de nuestro parecido.

Nuestra madre, no sé si por comodidad o por curiosidad nos ha criado en la duplicidad, desde el vestir siempre iguales a estar siempre juntas, en los juegos, estudios, y en nuestra vida social.

Cuando éramos niñas siempre íbamos juntas y vestidas exactamente iguales, esto añadido al hecho que somos idénticas daba motivo para muchas situaciones curiosas.

Me presentaré, me llamo Catalina, aunque se quedó por comodidad en Kati, tengo 22 años, soy rubia, 1.70 de altura no muy delgada y bastante resultona, bastante bien de tetas y con un culito muy apetecible, según mis amigos.

La descripción de mi hermana Pati, es sencilla, es igual, totalmente igual, hasta el punto exagerado de que nuestra familia no nos distingue la mayoría de veces, cuando estábamos en el colegio la maestra nos ponía un lazo en el pelo para reconocernos, ya de más mayores el truco no resultaba, nos cambiábamos cualquier signo diferencial que nos ponían, nos cambiábamos la ropa varias veces al día y los volvíamos locos, en los exámenes no nos podían controlar, solamente nosotras sabíamos que mi hermana era más estudiosa de memoria y yo más hábil en los trabajos manuales, pero en la práctica nos ayudábamos y siempre estábamos entre las primeras en clase.

Éramos dos personas en una, estábamos tristes o contentas a la vez, aunque no nos viéramos, llegamos incluso a encontrar trabajo en la misma empresa.

Cuando fuimos creciendo siempre íbamos juntas, fuimos aprendiendo todo a la vez, mi madre confiaba que al estar juntas estábamos más seguras, por lo que nos dejaba a nuestro aire, descubrimos que si nos acariciábamos entre las piernas sentíamos un cosquilleo que nos gustaba, estos detalles completamente inocentes fueron incrementándose hasta que cuando la pubertad llegó, la curiosidad nos envolvió de manera que investigábamos en nuestros cuerpos, la práctica fue nuestra maestra, el descubrimiento de nuestros cuerpos, de nuestras sensaciones y nuestras preferencias las aprendimos una de la otra.

Con el tiempo solo descubrimos una diferencia definitiva entre nosotras, era un pequeño lunar que me salió en el labio derecho de mi vulva, justo al lado del clítoris, y lo descubrimos al depilarnos el pubis, desde entonces le llamábamos la “lenteja” y siempre que nos apetecía estar juntas hacíamos referencia a esta legumbre.

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La llegada de la regla o la aparición del vello púbico fue simultánea, no fue ningún trauma al ser compartido y cuando descubrimos que nuestros clítoris nos producían un placer máximo procurábamos darlo una a la otra, llegado a experimentar los primeros orgasmos a muy temprana edad, estas prácticas cariñosas se fueron especializando con el tiempo, nuestra piel nos fue orientando sobre nuestras zonas erógenas, las tetas las acariciábamos con deleite al ver a nuestra hermana disfrutando de su placer.

La otra diferencia que surgió entre nosotras era que para mí, mi hermana Pati era lo máximo que existía en el mundo, tanto como persona como pareja, sus caricias me colmaban todos mis deseos y no añoraba para nada la compañía de los chicos, en cambio ella me adoraba, me buscaba para nuestros encuentros entre las sabanas, pero no despreciaba si algún chico le gustaba.

A veces en las primeras citas nos cambiábamos solo para divertirnos, luego ella seguía con el joven.

Con el tiempo, Pati intentaba convencerme de lo maravillosos que eran los hombres, yo no la contradecía pero no me animaba a probar, la verdad Pati con lo guapa que es siempre iba acompañada de chicos guapísimos, pero para mí me eran indiferentes.

Cuando cumplimos 20 años me hizo un regalo especial, lo estuvo preparando bastante tiempo, cuando me lo dijo, me emocionó por su interés y no tuve valor de negarme, no me hacía mucha ilusión pero me animé a complacerla.

Como ya tenía una edad más que apropiada, pensó que ya era hora de perder la virginidad, a mí no me importaba, pero a ella le parecía que no era apropiado.

Me organizó una fiesta, salimos y me presentó a una amiga, preciosa por cierto, me propuso que podíamos salir y pasar un fin de semana haciendo un trío en una casa rural juntas, la verdad es que la chica me encantaba, al llegar a la casa cenamos y bebimos en cantidad, entre las dos me estuvieron contando las aventuras con los chicos y los orgasmos que habían disfrutado con ellos, me animaban para probar, tanto me insistieron que al fin les dije que intentaría complacerles, el alcohol o la calentura del momento hicieron que me relajara, el ambiente era ideal, un salón grande, alfombras en el suelo, almohadones, una chimenea con un fuego chispeante y olor a esencias orientales hicieron el resto.

Mi hermana se quitó el vestido primero, el sujetador cayó con la ayuda de su amiga, al ver las tetas que tanto conocía se me humedeció el coño, Pati me quitó el vestido y me dejó igual que ella, su amiga alucinaba con la similitud de nuestros cuerpos, las tetas eran igual de turgentes y con los pezones igual de salidos, yo le quité la blusa a ella, no llevaba sujetador, cuando tuve entre mis manos sus tetas duras, con unos pezones morenos provocadores, me pareció que se las había operado pero estaban muy apetecibles, le lamí las puntas y salieron ásperos dentro de mi boca, me estuvo acariciando entre los labios antes de bajarme las bragas y abrirme las piernas, sabía lo que me gustaba y se aplicaba en complacerme, la lenteja la trataba con una delicadeza que el clítoris se me ponía duro al acercarse al lunarcito, su boca me volvía loca, cuando iba a correrme, mi hermana me susurró al oído si me gustaría dejar de ser virgen, le dije que sí, le hubiera dicho que si a cualquier cosa con tal de que me provocara un orgasmo como el que se anunciaba, su amiga ocupo su lugar y me comió el coño, yo vi como mi hermana bajaba las bragas de su amiga y le comía el sexo, cuando más enervada estaba yo, mi hermana me cogió la mano y la acercó a la entrepierna de su amiga, estaba depilada igual que nosotras pero donde yo esperaba encontrar unos labios mojados encontré una polla dura, caliente con unas venas hinchadas que terminaba en un glande descubierto, palpitante y áspero.

Pati antes de que yo protestara sorprendida me besó ardientemente, su lengua entró buscando la mía hasta el paladar, en mi coño noté un frescor aromático, me gustó, lo necesitaba, me ardía el coño con las lamidas recibidas, por lo que no me extrañó notar la cabeza de la polla de la chica, o chico o qué sabía yo, estaba suave, fresca y húmeda, se fue abriendo paso entre mis labios, mi hermana me besaba cada vez mas ardientemente, mis tetas las estrujaba pellizcando los pezones, yo estaba como en el cielo, abrí las piernas y levanté las caderas, estaba entregada, solo deseaba que me dieran placer, la polla desapareció poco a poco dentro de mí, solo noté un pequeño desgarro en mi interior, pero fue tan excitante la sensación que siguió, que cuando los huevos se pegaron a mis nalgas me pareció poco y deseaba más polla, el bombeo que siguió me llevaba como en una nube, estaba llena de carne que me quemaba gratamente, cuando mi hermana notó que la polla se metía demasiado deprisa le puso la mano en el pubis, lentamente salió de mí, me quedé despagada, esperando que me la volviera a meter, mi hermana se tumbo en la alfombra y me subió acostada sobre ella, nos besábamos y nos acariciábamos nuestras tetas, noté como me separaban las piernas hasta dejarlas al lado de las caderas de Pati, sentí la misma sensación de frescor en mi culo, en principio el tacto de un dedo hurgando en mi agujero me hizo estremecer pero mi hermana me acariciaba el clítoris entre las dos, cuando note la punta de la polla acercarse a mi culo, Pati me rodeo con sus brazos, el beso fue tan fogoso que apenas noté como el glande entró en mi culo, el calor y el deseo de que me llenara de carne me hizo relajarme y abrir las nalgas hasta que los huevos chocaron con ellas, sus tetas, se pegaron a mi espalda y sus manos me atraparon las mías, las rodillas estaban entre las piernas de mi hermana y cuando aceleró mi hermana lo notó enseguida, solo me dijo…

--- Vamos hermanita córrete, vas a tener el mejor orgasmo de tu vida.

Cómo me conocía mi hermana… cuando sentía el estallido de placer dentro de mí noté como me inundaba de leche caliente, la polla salía y entraba lubricada con mis jugos, la crema y la leche.

Solo salió de mí cuando se le desinfló la polla, yo estaba desmadejada, satisfecha por haberle dado gusto a mi hermana, ella a su vez había cumplido su deseo de hacerme “mujer”, a partir de ahora podría decidir.

--- Es el mejor regalo que me podías hacer, me dijo.

A partir de aquel día incorporamos una novedad, compré un consolador doble, lo utilizábamos cada vez, aunque tengo que reconocer que no se parecía a la polla que me había proporcionado en mi bautismo de semen.

Cuando cumplimos los 21 años por el verano decidimos viajar a Egipto, me hacía mucha ilusión, siempre me ha gustado la cultura de los faraones, fue pensado y hecho, en unos días estábamos probando el ambiente del desierto, camellos, dátiles, arena, pirámides, una locura, estábamos desechas de tanta premura, no parábamos ni un minuto, así cuando me propuso viajar a Luxor en barca, no lo pensé dos veces, descansaríamos unas horas al frescor del Nilo.

El guía nos recomendó una barca que hacía el trayecto llevando mercancías y verduras, no discutimos nada, le perspectiva de reposar bajo una vela nos decidió.

Cuando llegamos al muelle, nos costó encontrar la barca, nos dijeron que tenía una vela roja, pero todas tenían las velas plegadas y de colores, la actividad era apabullante, era un hormiguero de gente trabajando rápidamente para aprovechar la marea y los vientos.

Al fin después de enseñar el nombre de la barca a varios merineros nos indicaron donde estaba.

Estaba a punto de zarpar, ya no esperaban más, nos recibieron con cara de pocos amigos, cuando pasamos la pasarela nos ofreció la mano un chico que nos indicó que nos sentáramos en un lado, encima de unos fardos, no nos hizo caso hasta que estábamos en el centro del rio.

Nosotras estábamos expectantes ante tanta actividad, cuando la vela estaba hinchada sobre la barca se notó que se relajaba el ambiente, el chico era alto, muy moreno de pelo, piel y sobre todo ojos negrísimos, pese a ir vestido de trabajo con ropas muy usadas se notaba una educación esmerada, nos sonrió abiertamente, sobre todo a mi hermana, y con señas se admiró del parecido entre nosotras, estaba atendiendo las velas, al timón estaba un hombre mayor, unos cincuenta y tantos años, pelo canoso y piel curtida, solo se preocupaba en esquivar a las otras barcas.

El chico simpatizó con Pati y con señas se fueron contando cosas del Nilo, al rato de estar navegando rio arriba se sentaron en la proa de la barca sobre unos sacos, mi hermana reía ante las ocurrencias del chico, pronto dejaron de reír, vi como se besaban, en principio solo eran besos suaves pero, siguieron otros más fogosos hasta que se fueron tumbando sobre la cubierta, al rato de estar en silencio mi hermana me llamó, me acerqué y vi al chico y a ella desnudos, Pati lo cabalgaba y se metía la polla del egipcio hasta dentro, se levantó lo suficiente para enseñármela, la tenía larga, no muy gruesa, pero desaparecía toda dentro de mi hermana, luego siguió metiéndosela, el chico, se volvió hacia mí y llamó hacia detrás, de entre los fardos apilados apareció otro chico que había estado durmiendo, este parecía más joven que nosotras, al ver la escena no tardó en quitarse los pantalones ajados y dejar al descubierto su polla ya medio dura, me cogió de la mano y me sentó al lado de mi hermana, me desnudó rápidamente y me hizo señas para que le cogiera la polla y se la pusiera dura, yo le obedecí, al momento estaba como el mástil, era más corta que la del otro chico que resultó ser su hermano mayor.

Mi hermana no dejó de cabalgar al chico mayor pasándole las tetas por su cara, él las chupaba con ardor, el hermano intentó metérmela pero yo no estaba excitada, por lo que me contenté en hacerle una paja, al final me animé, mi coño estaba mojado, cuando me metió la polla solo aguantó una docena de clavadas antes de correrse, me hizo una cara de lastima, yo me quedé con las piernas abiertas tumbada al lado de mi hermana y el chico mayor, el me estrujaba las tetas, entonces llamó y le dijo a su hermano enérgicamente algo, el chico se esfumó rápidamente.

Al momento apareció el timonel, era mayor pero estaba bastante conservado, canoso pero con una sonrisa agradable, resultó ser el padre de los dos, estuvo hablando con el joven y se acercó a mí, me besó suavemente, me cogió la mano y me la llevó a su bragueta, busqué el cierre y bajo de la tela noté un gran calor, se notaba un gran bulto indefinido entre las piernas del capitán, mi mano buscó el final del bulto o mejor dicho el principio, cuando distinguí lo que era la polla y los huevos, seguí el curso de las venas semi hinchadas hacia la punta del falo, mi mano apenas podía abarcar el miembro pese a no estar todavía al máximo de erección, a mitad de recorrido intenté sacarlo pero fue imposible, tuve que continuar camal abajo hasta llegar al final, me encontré con el glande descubierto, circuncidado, al no tener prepucio el borde del glande se notaba muy definido igual que el frenillo que dio un impulso al tocarlo, lo cogí con determinación y tiré de él hacia arriba, se dobló con dificultad dentro del pantalón hasta que asomó por la bragueta, cuando vio la luz estaba rojo, con la boquita como un pez.

Al principio quedé impresionada de la perfección del glande aún más que de su tamaño pero pronto me quedé hipnotizada cuando fui sacando todo el miembro que no cesaba de salir, cuando hizo tope metí las manos dentro del pantalón y cogiendo con toda la palma abierta el par de huevos que estaban duros, ásperos y prietos, pegados al final de la polla, los saqué levantándolos y quedaron fuera junto a la polla, el conjunto no tenía nada que ver con la polla normal del hijo pequeño ni con la polla que estaba taladrando a mi hermana en ese momento, era mucho más larga, mucho más gruesa y mucho más potente y atractiva que la de sus hijos.

Tímidamente la cogí desde bajo y la sopesé, al estar morcillona se dejaba caer en mi mano, estaba caliente y suave excepto el glande que estaba reseco, estaba palpitando como llamándome, con la punta de la lengua lo toque y dio un pequeño salto, tuve que sujetar la polla con las dos manos para poder guiar mi lengua alrededor del glande hasta humedecerlo por completo, no me atrevía a meterlo en la boca pues estaba segura de que no me cabría, pero aplique los labios rodeándolo y aspirando un poco pude meterme todo el glande, con la lengua lo lamia por dentro y lo presionaba contra mi paladar, notaba sus palpitaciones y como salía un poco de liquido preseminal por su boquita, sus huevos los notaba totalmente pegados al nacimiento de la polla, estaban cubiertos de pelo canoso que disimulaba el negror de su escroto, las venas de la polla se hinchaban por momentos, apenas podía mantener el glande dentro, pero no podía sacarlo pues el capitán me tenía la cabeza presionada sobre su polla, pretendía metérmela, pero mis mandíbulas no lo permitían y mis labios estaban a punto de desgarrarse, al acariciarle los huevos, perece que comprendió la imposibilidad y se fue retirando hasta sacarla.

Me cogió por debajo de los brazos y me dejo caer suavemente sobre unos fardos sobre la cubierta, estaba tumbada de espaldas con las piernas totalmente abiertas colgando al suelo, él frente a mí, los pantalones de los había quitado y solo llevaba una leve camiseta, con las manos apretó las tetas sobre todo pellizcando los pezones hasta sacarlos como cerezas, mi hermana estaba a mi lado y no pudo resistir la tentación de cogerle la polla mientras cabalgaba a su hijo lentamente, se la estuvo pajeando mientras él me tocaba las tetas, cuando tuvo la intención de meterme la polla en el coño abierto, mi hermana le guió el falo hasta dejarla a la entrada de mi vagina, yo estaba muy asustada esperando lo que se veía venir, pero cuando se abrió paso entre mis labios mojados por mis jugos, dilatada ya por la polla del hijo pequeño y lubricada por la corrida del joven no tuvo la menor resistencia y fue entrando suavemente pero sin parar hasta que sus huevos chocaron en mis nalgas, mi coño se iba ensanchando y adaptándose al tamaño de la polla, apenas podía respirar, mientras el hombre me susurraba palabras dulces, aunque no entendía el árab, notaba que era un gran seductor, me envolvía con su dulce voz, su hijo le animaba, se notaba el morbo que tenían el follarse a dos rubias idénticas con unos cuerpos muy excitantes.

El padre se tomaba su tiempo, se notaba su experiencia, el hijo guiaba con sus manos las caderas de mi hermana que se dejaba caer sobre su larga polla, pero el padre con las manos al lado de mi cabeza, solamente apoyaba su polla en mi coño y flexionaba sobre sus brazos metiéndola despacio, y sacándola, notaba como su glande iba saltando mis pliegues vaginales, dándome un placer supremo, cuando llegaba dentro retrocedía lentamente hasta casi sacarla del todo, por mis piernas corría mis jugos chapoteando con los huevos del capitán, yo le cogía la polla cuando la sacaba y la acompañaba hasta notarla desaparecer en mi coño.

Era todo un espectáculo ver los centímetros de polla entrar despacio pero interminables, no se inmutó cuando sentí como me recorría una corriente eléctrica desde la nuca hasta mi coño, empecé a agitarme, los espasmos se sucedían en una ráfaga incesante, mientras la polla imperturbable seguía bombeándome el coño, el hombre solo sonreía mirándome, yo me retorcía de placer, mis manos no sabían dónde acudir, me pellizcaba mis pezones o me frotaba mi clítoris sin piedad, él solo entraba y salía, por un segundo recordaba las caricias de mi hermana, el sabor que me dejaba en mis labios cuando le comía el coño, la suavidad de su lengua en mi clítoris, todo pasaba por mi mente como un tren a gran velocidad, solo el martilleo continuo de la polla dentro de mi me trajo a la realidad, esta polla no tenía nada comparable a la que me quitó la virginidad, se notaba como vibraba dentro de mí cuando tocaba mi útero, mi hermana estaba feliz de verme tan entregada a esta polla, su coño también gozaba con la nada desdeñable polla del hijo mayor pues la llenaba por completo, ella movía las caderas y se excitaba los puntos más sensibles a voluntad, mientras que el chico le masajeaba las tetas, cuando empezó a notar la llegada de un fuerte orgasmos aceleró sus movimientos ascendentes y se dejó caer de golpe cuando estalló dentro de ella, el chico no tardó en seguirle y sujetándole las caderas para que no se levantara se vació dentro de su vagina inundándola de leche espesa que tardó en salir cuajada.

Cuando mi hermana se corrió, me cogió de la mano y me trasmitió sus vibraciones, yo estaba a punto de experimentar mi segundo orgasmo cuando el padre después de meter y sacar por enésima vez, se paró en seco y sacó la polla casi completamente.

Solo quedó dentro la punta del glande y la metió de golpe hasta dentro, al segundo empujón se quedó dentro y noté como a través de su polla llegaba una oleada de semen que salía por el glande hasta llenar toda mi vagina completamente llena de carne hasta hacerla salir a presión entre mis labios. Estuvo un rato dentro de mí, sin sacarla, solo cuando se fue calmando poco a poco se retiró hasta salir todavía horizontal y amenazante, creí que ya había acabado pero parece que quería despedirse mejor, cuando me la volvió a meter de una forma violenta, su polla entraba y salía como un embolo en una máquina de vapor hasta que desde los huevos le subió un torrente de leche que me quemó las entrañas.

Al coincidir su segunda corrida con mi segundo orgasmo creí flotar en el aire, todos los placeres del mundo estaban concentrados en mi coño y se irradiaban a todo el cuerpo, mi rostro y me pecho estaban rojos de rubor ardiente, notaba mis orejas como me quemaban y mis pezones me dolían de tan duros como estaban.

Cuando se separó de mi, la leche llegaba por bajo de mis rodillas, de su polla goteaba aún un resto de semen y el glande brillaba con mis jugos vaginales, cuando me incorporé note que me fallaban las piernas, pero estaba radiante de felicidad.

Mi hermana antes de que pudiera pensar algo, le dijo al joven que quería probar la de su padre, éste se lo dijo y se echó sobre una lona, mi hermana se abalanzó sobre él, le cogió la polla entre las manos y se metió la polla dentro de la boca, solo un gemido largo indicó el placer que sentía, sus tetas se balanceaban sobre el padre y el hijo al ver el culo tan blanco de Pati no se lo pensó dos veces, se situó detrás metió la cara entre sus nalgas, le humedeció el ano rosado y rugoso y cogiéndola de las caderas le metió el glande de una vez, mi hermana abrió la boca cogiendo aire, la polla del padre la llenaba por completo la boca, ya estaba lo suficientemente dura para metérsela en el coño y lo hizo, la del hijo aunque más fina le llegó hasta el intestino, encontrándose con la de su padre dentro de ella, se alternaban en las metidas, cuando uno salía el otro entraba, sus huevos se juntaban entre sus piernas, cuando el joven se corrió, estuvo dentro hasta que la leche se escurría del culo mojando la vagina de Pati y los huevos de su padre, la polla enorme dio varios empujones secos, mi hermana se quedó quieta, recibió varios chorros de leche hasta el coño de Patí.

Los hombres quedaron apoyados por la borda de la barca, nosotras desnudas con los coños dilatados al máximo, las piernas bañadas hasta las rodillas, tumbadas sobre las mercancías amontonadas, la barca surcaba en silencio las aguas turbias del Nilo, cuando miré hacia atrás vi al chico joven, estaba al timón, apenas nos miraba avergonzado, yo me sentí mal por él, su hermano y su padre lo habían humillado, su juventud lo había traicionado, por eso cuando me acerqué a él en silencio le levanté la cara y le miré a los ojos, estaba apenado, tenía los ojos húmedos, solo cuando metí mi mano por la cintura del pantalón y lo desabroché, me miró a los ojos, yo sin apartar su mirada le saqué la polla que no tardó en ponerse dura y mirándolo desde abajo me la metí en la boca después de lamerla cuidadosamente, el chico suspiró mirando hacia el cielo, mis manos sacaron toda la polla al aire junto a sus huevos, el vello rizado y suave apenas cubría el tronco de la polla, acuné los huevos con mis manos y luego de lamerle el frenillo abrí los labios y la metí hasta casi atragantarme con ella, mi lengua succionaba el glande hasta tocarme la campanilla, el chico soltó la caña del timón, la barca derivó hacia la orilla, su padre rápidamente la cogió y volvió al rumbo mientras su joven hijo se dejaba caer en un banco de madera, yo sin soltarlo le estuve chupando la polla hasta que me sujetó la cabeza con sus manos y me llenó la boca de leche sin darme tiempo de tragarla toda.

Su padre me lo agradeció con una sonrisa, mi hermana me estaba esperando con mi ropa en la mano, ella ya estaba vestida, a lo lejos se veía el muelle de nuestro destino.

Cuando la barca atracó, saltamos nada más poner la pasarela, nos despedimos con la mano y fuimos directas a buscar un hotel.

Cuando cerramos la puerta de la habitación tras nosotras corrimos a la ducha, fue una delicia el sentir el agua purificadora en nuestra piel, olíamos a sexo y sudor, cuando nos secamos nos echamos en la cama y besándonos nos quedamos dormidas.

El sol entrando por la persiana de la ventana nos despertó, habíamos estado muchas horas durmiendo, nos fuimos a comer a un buen restaurante, estaba lleno de turistas, en recepción nos aconsejaron lo que teníamos que ver, decidimos empezar al día siguiente, pero de momento teníamos un plan más urgente, teníamos que comer una lenteja.

En la habitación las ropas cayeron nada más entrar, mi hermana subió a la cama y abrió los brazos esperándome, me fundí entre ellos, nuestras bocas se unieron, las lenguas saborearon el aliento, las manos acariciaron las cuatro tetas iguales, eran cuatro pezones repetidos, apuntando enfrentados, cuando nos dejamos deslizar sobre nuestros cuerpos buscando nuestros sexos nuestras bocas llegaron al unísono a nuestros labios, los clítoris estaban muy sensibles, ya sabían lo que les esperaba, las lenguas sabiamente entrenadas lamian y los excitaban haciéndoles salir de su capuchón, los dedos desaparecían entre las ingles y se perdían dentro de nuestras vaginas mojadas, los orgasmos llegaron casi al mismo tiempo, el mío fue más explosivo, todavía me notaba en mi coño el grosor del marinero, mi hermana soñaba con las dos pollas que la habían tenido en vilo hasta correrse dentro de ella, cuando noto los espasmos en su vientre que le obligaron a morderse los puños de las manos.

Decidimos que al día siguiente continuaríamos el viaje y disfrutaríamos de todo lo que la vida nos ofrecía.

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Todo empezó por unas bragas que mi madre dejó en el suelo del baño, nunca lo hacía, pero aquella vez con las prisas allí las dejó. Yo tenía diecisiete años y mis hormonas me impulsaban a todo aquello que me parecía pervertido y caliente. Muchas noches veía vídeos porno en Internet y ver aquellas bragas usadas me produjo una gran excitación. Las cogí y las olí.

Así fue como empezó mi obsesión con las mujeres maduras. Mi nombre es Pedro, con dieciocho años andaba detrás de conseguir llevarme una mujer madura a la cama. Mi mente siempre estaba caliente imaginando situaciones en las que pudiera hacer realidad mi sueño. Sólo conseguía calentarme hasta tal punto, que las pajas era algo que tenía que practicar todos los días. Pero todo cambió el día que…

- ¡Hola mamá! – Dije cuando llegué a casa tras salir con los amigos un buen rato.

Era invierno, aquel sábado había salido un poco con los amigos y cuando llegué me encontré con mi madre y nuestra vecina Adela. Adela me daba la espalda, sentada en el sillón y hablando con mi madre. Ella me saludó levemente y me señaló hacia la habitación para que las dejara solas. No pude escuchar lo que hablaban, pero un rato después Adela se marchó y mi madre me llamó para hablarme.

- Pedro, nuestra vecina ha tenido una pelea muy grande con su marido y no se atreve a dormir en su casa, aunque él se haya marchado. – Me agarró la mano y me miró como pidiéndome un favor. – Cambia la ropa de tu cama y recoge la habitación lo mejor posible, ella dormirá en tu cama y tú dormirás conmigo.

- ¡Sí, claro mamá! – Le contesté poniendo cara de aflicción, mientras por dentro sentía la excitación de dormir en la misma cama con mi madre.

No tardé mucho en cambiar la cama y recoger todo. Después fui a la habitación de mi madre y observé su cama, imaginando a los dos allí, bajo la misma sábana. Sólo de pensarlo produjo una gran erección de mi polla.

- Hola hijo. – Dijo Adela cuando entró en casa seguida de mi madre. – Laura, te agradezco profundamente el favor qué me estáis haciendo y os pido perdón por ello… Mañana llegará mi hermana desde el pueblo y se quedará conmigo para ayudarme. Os pido perdón de nuevo…

- No te preocupes mujer. – Mi madre la abrazó en señal de protección. – Mi hijo es fornido y todo un hombretón, él nos protegerá. Ahora es mejor cenar y después te acuestas a descansar.

Las dos se marcharon a mi habitación y yo las observé caminar. La situación era muy tensa en casa de nuestra vecina, pero más tensa era la presión que se producía en mis pantalones al ver aquellos culos que se meneaban caminando por el pasillo. Mi madre tenía cuarenta y tres años y Adela ya había alcanzado los cincuenta, pero ya os dije que las mujeres maduras me volvían loco desde que encontré las bragas de mi madre.

Un rato después, las dos se metieron en la cocina. Las escuchaba hablar mientras cocinaban, así llevaban desde que Adela llegó a casa. Hablaban y hablaban. Nuestra vecina le contaba cosas y mi madre intentaba consolarla y darle ánimos. Mientras comíamos, me fijé en los hermosos ojos de nuestra vecina. De vez en cuando se quitaba las gafas, cuando las lágrimas asomaban levemente en sus ojos. Mi madre la acariciaba y la animaba. Eran impresionantes las dos voluminosas tetas que tenía Adela, casi el doble de las de mi madre. Meter allí la polla debía ser la gloria.

- Si no os importa, me iré a la cama… - Dijo Adela recogiendo sus platos para llevarlos a la cocina.

- ¡Deja eso! – La paró mi madre. – Ve y descansa… Lo necesitas. Mañana verás todo de otra manera.

- ¡Gracias Laura! – Le dio un beso a mi madre. - ¡Gracias Pedro! – Se acercó y aproveché para ver el canalillo de sus tetas mientras me besaba en la cabeza. Desapareció por el pasillo y escuchamos cerrar la puerta de mi habitación.

Tras recoger todo, mi madre y yo nos sentamos en el salón a ver la televisión. Todos los programas eran muy aburridos.

- Pedro, la tele es un aburrimiento… ¡Me voy a dormir! – Aquello me cogió por sorpresa y casi no reacciono a tiempo.

- La verdad es que sí… ¿Te importa si me acuesto yo también?

- ¡Por qué me iba a importar! – Me miró con cara extrañada.

- Oh… no sé… - Quedé como un estúpido con aquella conversación.

- ¡Vamos idiota! – Me dijo dándome un leve golpe en la cabeza. – Voy al servicio, ponte el pijama y acuéstate, ahora voy.

Se marchó al baño y yo me levanté rápidamente para que viera la prominente erección que tenía. Me puse mis calzonas, ese es mi pijama normalmente, y me metí dentro de la cama esperando ver a mi madre. Mi polla estaba totalmente erecta, imaginándomela con una ropa liviana, casi transparente, a través de la cual podría intuir sus maravillosas redondeces… Iba a reventar con aquella excitación.

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Cuando entró en la habitación, llevaba aquel caliente pijama de franela, aquellos pantalones que le cubrían hasta los tobillos y aquella especie de chaqueta que no dejaban la más mínima imagen para la imaginación calenturienta de su hijo.

- Hace mucho tiempo que no duermes conmigo… - Sonrió recordando cuando yo era un niño y me abrazaba a ella para dormir cuando tenía miedo. – Ya eres todo un hombrecito y yo llevo sin dormir con un hombre mucho tiempo… - Aquella frase y su sonrisa me parecieron las más sensuales del mundo y mi corazón se aceleró por la excitación. Destapó la cama y se metió dentro. Se tapó y me dio la espalda. – La cama no es demasiado grande, así que por tu brazo bajo mi cuello. – Levantó la cabeza y esperó que pusiera mi brazo. – Pégate a mí y pasa tu otro brazo por mi cintura… - Me esperó y cogió mi mano para apoyarla en su redonda barriga. - ¡Así dormiremos calentitos!

Yo desde luego ya estaba muy caliente. Tenía a mi madre entre mis brazos, pegada a mi cuerpo. Mi polla estaba totalmente erecta y la separaba de su cuerpo para que no notara mi evidente erección. Ella se agitaba buscando una postura cómoda mientras cruzaba los dedos de su mano con los de la mía que descansaban en su barriga. Su pelo me daba en la cara, en la nariz y me hacía cosquillas. Resoplé para intentar apartarlos pero no pude.

- ¿Te molestan mis pelos?

No dijo más. Con las manos cogió todos sus pelos y los pasó por debajo de su cuello. No había mucha luz en la habitación, pero podía ver su cuello desnudo, justo al alcance de mi boca. Deseaba besar y saborear la piel de su cuello. Me aproximé y su olor me invadió. Sólo tenía que acercarme un poco más y darle un suave beso, mi excitación aumentaba y mi respiración más intensa.

- ¡Ah, me haces cosquillas en el cuello con tu respiración! – Me dijo.

- Perdona mamá… - Mi cuerpo vibraba por aquella situación. – Es la primera vez que duermo en una cama con una mujer y no sé como colocarme…

- ¡Espera! – Se giró y quedó boca arriba, entre mis brazos. - ¡¿Así mejor?! ¡Pégate a mí y dame calor! – Si no fuera mi madre, hubiera pensado que me pedía otra cosa.

Entonces la abracé por encima de su cuerpo, aferrándome a ella, pegándome todo lo posible para que mi cuerpo la calentara. Sin pensar, subí mi pierna por encima de las suyas. Mi pene erecto se posó en sus caderas.

- ¡Uf hijo, qué calentito! – Me dijo agitándose y casi ronroneando.

- ¡Es un placer abrazarte, hueles muy bien!

No dijimos más y nos quedamos abrazados y en silencio. Poco después, sentí que mi madre se había dormido, su respiración acompasada, su brazo había caído desde mi mano hasta el colchón. Mi erección no había bajado en todo aquel tiempo, deseando agitarse contra el cuerpo de mi madre. Aquello era insoportable y pensé en levantarme para hacerme una paja, pero quería estar allí, junto a ella, sintiendo su cálido cuerpo.

Mi excitación era insoportable, pero deliciosa. Deslicé mi mano por encima de su cuerpo, suavemente. Sentí los redondos volúmenes de sus pechos y posé mi mano sobre uno. La dejé quieta, sin moverme, casi sin respirar disfruté del contacto de su seno por encima de la tela. Iba a explotar en un salvaje orgasmo. Moví de nuevo mi mano hasta encontrar el filo inferior de su chaqueta. Sutilmente moví los dedos hasta colocarlos por debajo de la tela, ahora tocaba el pantalón de su pijama. La fui desplazando poco a poco, centímetro a centímetro me introducía por debajo de sus ropas. Todos mis sentidos se concentraban en el tacto de mi mano, en su respiración, en sus movimientos y la hermosa cara que tenía mi madre mientras dormía.

Un calambre de excitación recorrió todo mi cuerpo cuando mi mano tocó la suave piel del vientre de mi madre. Lo acaricié despacio mientras subía poco a poco por su cuerpo. Llegué a su ombligo y lo acaricié suavemente. Estaba profundamente dormida y no se movía. Aquello me tenía totalmente erecto, cómo nunca antes lo había estado y su quietud me animó a seguir explorando su cuerpo. Subí un poco más y toqué sus costillas. Un poco más arriba estarían sus hermosas tetas esperándome a que las tocara. Me moví un poco más y las yemas de mis dedos chocaron con las tiernas carnes de sus pechos, no tenía sujetador, mi calentura aumentó.

Ya sólo me quedaba escalar aquellos impresionantes montes de suave piel y alcanzaría las tostadas cimas de sus pezones. Inicié la escalada con igual miedo que excitación ante el posible despertar de mi madre. Mis dedos se abrieron para conquistar aquel sensual monte. Mientras cuatro de ellos la tomaban por un franco, el otro dedo se aproximaba por el lado contrario. ¡La cima sería conquistada en breve! Ya podía sentir su pecho descansando en la palma de mi mano.

Súbitamente mi madre se movió. No tuve tiempo de sacar mi brazo de dentro de su pijama. Se giró y quedó de espaldas a mí, con su redondo y hermoso culo apuntándome. Quedé helado y no pude reaccionar. Su brazo superior lo llevó atrás y asiéndome por mi cintura, me empujó contra ella mientras su culo empujaba contra mí. ¡Casi me corro cuando sentí el roce de su culo!

Mi mano, aún dentro de su pijama, se posaba sobre su barriga. Ella había quedado de lado, dándome la espalda y con su mano en mi cintura tras haberme empujado. Moví mi mano y la desplacé por su suave piel en busca de mi deseado monte. De nuevo mis dedos rodeaban mi objetivo, de nuevo subían por sus laderas hasta alcanzar su cima, sus pezones.

El dedo índice fue el elegido para conquistar aquel pezón. Se aproximó haciendo círculos hasta tocar el erecto pezón. No lo podía ver, pero lo notaba erecto y muy grande ¡quién pudiera mamarlo de nuevo! Sin poder controlarme, de vez en cuando mis caderas aplastaban mi polla contra el culo de mi madre, suavemente, mientras mi dedo no paraba de jugar con aquel pezón.

Su suspiro me detuvo en seco. Quedé con mi polla sobre su culo y mi mano sobre su pecho, no sabía qué pasaría si me descubriera, pero mi excitación era tan grande que no podía retroceder en mi conquista. Tal vez estuviera teniendo un sueño erótico, pues su culo se agitaba levemente, como si disfrutara de tener mi polla erecta contra él.

Entonces pensé en su sexo. ¿Estaría excitado cómo sus pezones? Siempre había escuchado hablar de un coño húmedo por el deseo. ¿Estaría mi madre así con su sueño? Con la misma suavidad con la que subí, abandoné aquel cálido monte y bajé por su cuerpo hasta encontrar la frontera que separaba su pubis de mi lujuriosa mano. Tanteé el filo del pantalón hasta que pude meter mis dedos por debajo. Aquella misión era más difícil y delicada. La prenda dificultaba que los furtivos dedos pudieran entrar, cualquier molestia o agitación podía despertar a mi madre y todo se perdería.

Los cinco comenzaron a moverse bajo el pantalón, poco a poco, con dolor en mi muñeca por la postura forzada que tenía que adoptar. Llegué al último obstáculo que me separaba de su sexo, del deseo que sentía por mi madre. El elástico de sus bragas no opuso resistencia a que los cinco pasaran por debajo. Se movieron sigilosamente en busca del deseado premio, su misión era explorar la entrada del sexo de mi madre, y ellos se lanzaron a conquistarla.

Sólo el tacto me guiaba en aquella lujuriosa noche, mis dedos bajaban poco a poco hasta sentir los pelos que custodiaban la entrada de su cueva. Si bien no la podía ver, parecía que aquella selva era diminuta y me pregunté si tal vez ella se depilaba. Pero la misión debía continuar y me olvidé de la cantidad de pelo, para concentrarme en conquistar su sexo.

Y llegué al límite físico de mi madre, mis dedos no podían avanzar más. Sus muslos estaban uno sobre el otro y escondían su sexo cómo el tesoro que era. Mi dedo corazón intentó explorar el camino, era imposible, aquella selva se perdía entre los muslos infranqueables de mi madre. Estaba tan cerca y tenía que rendirme. Tal vez si empujaba con mis dedos su muslo conseguía que me dejara paso hasta su tesoro… Pero decidí acariciar aquella zona mientras mi polla se agitaba suavemente contra su culo.

Y de nuevo me asusté. Con un movimiento más abrupto que la vez anterior, mi madre giró su cuerpo y quedó de nuevo boca arriba. Me moví asustado e intentando acomodarme a su cuerpo. Mi corazón latía rápidamente, pero mi mano no se apartó de su sexo. Cuando dejó de agitarse, me acomodé a su cuerpo y volví a pegar mi polla contra sus caderas. Mi mano, esos cinco valientes que conquistaban furtivamente el cuerpo de mi madre, no se habían retirado, querían cumplir su misión.

Ahora fue el dedo corazón el elegido para culminar la conquista. Bajó por la selva para comprobar que sus muslo se habían separado lo suficiente para seguir con su camino. Cuando el camino de pelos terminó, mi dedo acarició un gurruño de carne caliente, eso tenía que ser sus labios vaginales. Con suavidad se deslizó para sentir su tacto, para explorar si su maduro sexo estaba mojado cómo tantas veces había escuchado que les pasaba a las mujeres cuando eran excitadas. Recorrió unos centímetros y los dos muslos que unos minutos antes obstaculizaban el conquistar de su sexo, se abrían un poco más para que aquellos conquistadores pudieran entrar.

No sabía lo que hacía, sólo quería tocar a mi madre en sus partes más íntimas sin saber bien qué debía hacer. Mis dedos intentaron que sus labios se separaran, lo había visto en alguna película porno y esa era mi única experiencia. Los movía encima sin conseguir que aquellas carnes se separaran, pero a cambio mi madre parecía gimotear en sueños ¡qué estaría soñando mientras yo la tocaba!

Seguí agitando mis dedos y pude notar como un bulto en el principio de su coño. ¿Sería su clítoris? Aproximé mi dedo y noté que allí sus labios estaban separados. Poco a poco mi dedo índice se colaba entre sus labios y comprobaba que su coño estaba mojado, sin duda ella estaba excitada por su sueño y mis caricias. Continué y dos dedos consiguieron separa los labios y dejar el interior expuesto a mis caricias. Aquella piel era muy suave y estaba mojada. Deslicé un dedo por toda su raja y sentí el calor que brotaba de su vagina. El dedo corazón se lanzaba a explorar el interior caliente y peligroso de mi madre. Empujé un poco y mi dedo empezó a hundirse, poco a poco, cada vez más dedo entraba en ella. Al momento las caderas de mi madre empezaron a agitarse levemente y mi mano se agitó al mismo ritmo haciendo que el dedo la penetrara.

Los leves gemidos que estaba dando y sentir mi dedo hundirse en su vagina, iban hacer correrme. No sé cuánto tiempo duró aquello, pero el cuerpo de mi madre se tensó por un instante y después se giró con violencia, obligándome a sacar mi mano de su caliente sexo. Me iba a correr y su movimiento había liberado mi otro brazo. Me levanté intentando no despertarla y me marché casi corriendo al baño. Salí al pasillo con mi polla fuera de las calzonas que utilizaba como pijama, erecta y a punto de lanzar mi semen. Entré en el baño y encendí la luz, levanté la tapa del inodoro y mientras una mano agitaba mi polla, la otra iba a mi nariz para oler los flujos que mi madre me había regalado. Dos sacudidas fueron suficientes para lanzar los mayores y más fuertes chorros de semen de mi vida. Creí que caerían en el blanco fondo de la taza, pero el primero chocó contra la pared de enfrente mientras olía el coño de mi madre recordando su suave tacto.

Después de limpiarme y limpiar todo el semen que se había desbordado, volví a la habitación de mi madre. Ella estaba dándome la espalda, y en cuando me tumbé, ella se giró y se abrazó a mí, haciendo que yo la abrazara a ella. Su pierna se colocó sobre mí, sobre mi polla que ya había menguado y los dos dormimos toda la noche.

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La vida me ha tratado bien, tengo 53 años, una hermosa mujer, tres hijas y un buen pasar económico, el que luego de años de trabajo y esfuerzo, me llevo a realizar mi sueño, comprar un terreno y construir ahí mi casa. Todos mis ahorros se fueron en esta construcción, pero valía la pena tanto sacrificio.

Orgulloso de mi logro, le mandaba fotos a mi única hermana del avance de mi casa. Mi hermana Marcia, menor que yo por dos años, mi única hermana , hace muchos años había abandonado el país, para ir a establecerse a Francia junto a su marido, para hacerse cargo de un importante puesto de trabajo. No veía a mi hermana hace 6 años al menos, cuando vino al funeral de nuestra madre, quedándonos solos en el mundo, ya que mi padre había fallecido un par de años antes. Solo manteníamos contactó por internet, se alegró mucho por mi logro, me felicitó y me avisó que en enero, viajaría a conocer mi casa.

Ya mi casa estaba construida y por supuesto construí la piscina que siempre había soñado. Pasaron los meses cuando mi hermana me confirma en que vuelo llegaría. Partimos con mi mujer y mis hijas a buscar a Marcia en el vuelo proveniente de Francia. Entre un tumulto de gente, la veo aparecer, alta, distinguida, muy elegante, con su cabellera rubia ondulada. Corrimos al encuentro, donde nos estrechamos en un fuerte abrazo, lleno de emoción, donde a ambos se nos cayeron las lagrimas luego de tantos años.

Llegamos a mi casa, acomodamos a mi hermana en el cuarto extra que teníamos, obviamente le mostré mi casa, y ella abrazada a mí en todo momento, me felicitaba una y otra vez. Lo que más le gustó fue la piscina, que dijo aprovecharía al máximo para broncearse ya que en Francia estaban en pleno invierno y sería la envidia de sus amigas. Conversamos largamente hasta altas horas de la noche, poniéndonos al día con nuestras vidas.

Ya habíamos planeado su estadía nuevamente en su país. Quería salir a conocer, visitar algunos parientes etc. Yo ya había pedido mis vacaciones con anticipación para esta fecha. Carola, mi mujer no nos podía acompañar, por su trabajo y aparte para no dejar solas a las niñas, pero obviamente no tenía ningún problema que me perdiera unos cuantos días con mi hermana.

En la mañana salió con mi mujer, a cambiar dinero, comprar algunas cosas y ya luego de almorzar, con un calor sofocante, fuimos todos a la piscina. Yo ya me encontraba en la piscina con mis hijas, cuando aparece mi hermana, caminando hacia nosotros, con un pareo que cubría su traje de baño.

Mi hermana, al igual que yo, somos altos de porte y de contextura gruesa, pero sin ser gordos. Llegando a las sillas para tomar sol, se lo saca y deja ver un cuerpo espectacular para una mujer de 51 años. Fue imposible sacar los ojos de ella. Una mujerona de 1.78 de estatura, rubia, tez blanca. Unas caderas muy anchas, un abundante trasero, cubiertas con un bikini blanco con lunares negros que se veía pequeño entre sus gruesos muslos. Su vientre levemente abultado, pero casi nada considerando su edad , un par de grandes y hermosas tetas que de inmediato fueron un imán a mi vista, con un bikini que solo tapaba los pezones y el contorno de ellos, dejando una gran parte de sus tetas expuestas. Un pedazo de mujer , culona y tetona , con un diminuto traje de baño, lamentablemente , mi hermana.

Pero luego de un rato, nos pregunta si nos molesta que se saque la parte de arriba, para que no se le marcase en traje de baño, algo habitual en algunas playas francesas, pero no habitual en este país, donde las niñas y mi mujer, encantadas con ella, le dijeron que no le molestaba, mientras me miraban a mí, riéndose, esperando mi opinión. Ya lo tome a la broma y le dije que ningún problema, al contrario, que si querían todas podían hacerlo, que no tenía ni un problema. Mi hermana con la aprobación de todos, se desabrocha su traje de baño y libera dos enormes tetas, que casi me infartan, mientras las mujeres conversaban con ella de esa costumbre tan europea. Solo mi hija mayor riendo le dijo que no tenía ningún problema, salvo que llegara su novio, que no la miraría con buenos ojos como lo haría yo, su hermano, aunque se equivocaba completamente.

Con la verga dura como una roca, con la visión de las tetas de mi hermana, no me pude salir de la piscina por un buen rato, aunque me moría de ganas de estar más cerca de ellas para apreciar, pero con el bulto que tenía era imposible salir. Al fin pude salir de la piscina, tomando de inmediato una cerveza, mirando a mi hermana y diciéndole delante de mi mujer, que de verdad tenía un cuerpo muy atractivo, actuando como si fuera lo más normal y como si no me causara nada.

Marcia siempre muy simpática, contestó las preguntas de mis mujeres, comentando que asistía a muchas playas nudistas, que allá no era un tema, que tienen un pensamiento mucho más abierto que nosotros.

Entre bromas, las niñas y mi mujer quisieron hacer lo mismo que ella, pero que yo me tenía que ir. Me mandaron entre risas a dormirme una siesta, con la más pequeña empujándome hacia la casa, haciendo que me retirara. Con la imagen latente del cuerpo de mi hermana, su pequeño bikini y sus enormes tetas al aire, no puse mucha objeción, por que nuevamente se me estaba parando. Entre a la casa, con la prohibición de mis hijas de volver sin antes avisar. En mi cuarto, oculto por la ventana, con mi mano dentro de mi traje de baño, veía a lo lejos a todas mis mujeres con sus tetas al aire, caliente a más no poder , no por mi mujer o mis hijas obviamente, si no por el exuberante cuerpo de mi hermana. Preferí meterme al baño y correrme una buena paja pensando en ella para no volver a levantar carpa cuando fuese a la piscina. No me costó nada, con los ojos cerrados, sentado, recordando esas enormes tetas, sus aureloas grandes y rozadas, esas gruesas piernas y ese culo grande, me masturbe como hace mucho rato no hacía, imaginándome teniendo sexo con ella.

Pasó un buen rato y volví a la piscina, avisando desde la salida de la casa que iba para allá. Mis hijas gritaron, riéndose y se taparon. Pude volver a ver el macizo cuerpo de mi hermana tendido al sol, lamentablemente ahora ya tapado, muy distinto a la delgada de mi mujer.

Era increíble lo que me producía mi hermana, sensaciones ocultas. Está bien, era mi hermana, pero su llamativo cuerpo paseándose por la casa, en especial cuando se ponía unos pantalones blancos ajustados, conde se le veía un tremendo culo, no podía dejar de mirarla. Toda esa semana me tubo nervioso, mejor dicho caliente y más aun pensando que viajaríamos por nuestro país solos.

Hasta que llego el día. Temprano en la mañana salimos ambos en mi vehículo ya con un rumbo trazado. Visitaríamos lugares turísticos, aprovechando de parar en algunas ciudades a visitar algunos primos, ella muy organizada, ya había planeado todo nuestro viaje.

Manejamos mucho rato, nos detuvimos almorzar y luego continuamos, parando en muchas partes para tomar fotografías y disfrutar del paisaje. Cerca de las 7 de la tarde, llegamos a la primera ciudad de nuestro itinerario, donde visitaríamos a una prima con su marido. Ya los habíamos llamado que íbamos en viaje y nos esperaban con los brazos abiertos.

Luego de los abrazos y saludos de rigor, compartiendo una rica cena, nos invitaron alojar en su casa. Tratamos de decir que no, que nos iríamos a un hotel para no incomodar, pero no permitieron. A mí me alojaron en el cuarto de unos de sus hijos y a mi hermana en el otro. Permanecimos ahí hasta el otro día, y luego de almorzar continuamos nuestro viaje, con el compromiso de pasar de vuelta a visitarlos.

Llegamos a nuestro segundo destino, una hermosa ciudad con costas maravillosas. Mi hermana si o si quería ir mucho a la playa a tomar sol, por lo que nuestra ruta iba orientada a las costas. Como ya era entrada la noche, buscamos un hotel donde alojarnos, solicitando una habitación con dos camas y vista al mar. Ya alojados, salimos a cenar algo, recorrer la ciudad de noche y terminamos caminando por la costanera, abrazados como si fuésemos marido y mujer.

Llegamos al hotel, planeando nuestro día y luego de ver algo de televisión, mi hermana entra a ducharse y a ponerse su camisa de dormir, mientras, yo fumaba en el balcón del hotel. Cuando sale al balcón, envuelta solo en una bata blanca, diciéndome lo rica que estaba el agua. Entré a bañarme, llevando conmigo el pijama, aunque por el calor que hacía, solo dormiría con la parte de abajo. Al salir, mi hermana chateaba con mi cuñado, recostada sobre la cama. Una nueva imagen muy sensual quedó ante mis ojos. Se había sacado la bata y usaba una camisa de dormir blanca, corta, su pierna recogida, mostraba sus gruesos muslos y parte de su nalga. Sus pechos grandes apenas los alcanzaba a cubrir. Aunque tuve que saludar a mi cuñado y hablar un rato con él, me tuve que meter a la cama de inmediato, para que no notara el aumento de mi verga. Luego de ver algo de televisión, apagamos la luz y nos dormimos.

Al otro día, continuó el martirio con el cuerpo de mi hermana. Se levantó y se paseó por el cuarto, abriendo las cortinas y levantándome a mí para aprovechar el día. Ya verla pasearse con ese corto camisón de dormir, sus gruesas piernas y sus tetas casi desbordándose, me dejo erecto y tuve que decirle que se bañara ella primero, para lograr que mi verga bajara un poco. Pero fue para peor. Saliendo de la ducha, envuelta en una toalla, me entró a bañar yo, pero a dos pasos antes de entrar al baño, veo que ella se saca la toalla quedando completamente desnuda. Por solo esos dos pasos y de reojo, pude ver el contorno del cuerpo desnudo de mi hermana, dejándome más caliente aun de lo que estaba. De haberme demorado un minuto más, la hubiese visto por completo. Nuevamente no me contuve y me masturbé en la ducha, con esa imagen latente en mi mente.

Salí al cuarto y mi hermana, con una mini falda de jeans y solo con sostenes, se pintaba sentada en la cama. Tratando de ser lo más natural posible me vestí delante de ella, pero dándole la espalda, donde me hizo el comentario que pensaba que me encontraría más gordo, pero que me mantenía muy bien.

Salimos a recorrer, luego almorzar y volvimos al hotel a colocarnos nuestros trajes de baño, para irnos a la playa. Lo hice lo más rápido posible, dándole la espalda a ella, mientras que ella, como si fuese lo más natural del mundo, se desvistió a su lado de la cama y se colocó un hermoso bikini color azul, bastante revelador. Ahí le hice el comentario que me colocaba nervioso cuando se cambiaba ropa delante de mí riéndome. Ella también se rio y me dijo que pensaba que no me daba nada, mas aun estando tan gorda. Obviamente le dije que estaba estupenda, que me luciría con una mujer así en la playa. Me abrazo diciéndome que era muy lindo, para luego modelarme su bikini, dejándome admirar todo su cuerpo ahora con detención, dejándome impactado al ver semejantes tetas pasearse delante mío y su entrepierna donde se vislumbraba una abultada vagina. Nuevamente le dije que estaba muy bien , alabando su cuerpo.

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Tendidos en la playa, mi hermana y su impactante bikini a mi lado, no dejaban de cautivarme. Me invito a nadar. El agua estaba muy fría y me salí al poco rato. Ella se quedó un rato más en el agua hasta que se sale y camina hacia mí. Verla caminar era delicioso y me pasaban mil fantasías por la mente. Su cuerpo contorneándose, con ese bikini que se perdía entre sus carnes y sus impactantes tetas caminando en dirección a mí, un mujeron de hermana me gastaba sin poder utilizarla.

Hablamos de las playas de Francia, me confesó que le encantaba tomar sol desnuda. Que en un principio fue con su marido, ambos chilenos y temerosos, pero solo fue al principio. Me comentó que había playas donde todas las mujeres tomaban sol sin la parte de arriba, otras que eran completamente nudistas y que incluso en algunas se podía ver a las parejas haciendo el amor en la playa como si nada pasara. Le pregunté si lo había hecho y me confesó que no, que habían ido, pero que Alberto, mi cuñado no quiso.

Le comente que me gustaría ir algún día a conocer algo así y me dijo que planeara un viaje a Francia y que con gusto, me acompañaría. Me reí diciéndole que era muy desinhibida para mí, que yo era más tímido en ese sentido. Me dijo que ella ya no tenía problemas con eso, que había sufrido un cambio en su vida, luego que había caído en una depresión. Me confesó que fue a un sicólogo, que se sentía vieja, cansada etc y que estaba deprimida todo el tiempo. El mismo sicólogo le dijo que el problema era mi cuñado, que él era el viejo y que la hacía sentirse a ella más vieja. A las finales, luego de unas cuantas sesiones, el mismo le había recomendado tener un amante más joven.

- Ja ja … que buen diagnostico

- Si, muy bueno

- ¿ y lo hiciste?

- ¿me ves deprimida, vieja y cansada?

- Ja ja … ja ja …. Que buena receta!

Me confesó que había tenido algo por ahí, pero sin importancia, sin involucrar sentimientos. Que obviamente, con la gran diferencia de edad con mi cuñado, habían gatillado a eso, pero ella se sentía bien consigo misma, que tenia deseos y si mi cuñado no la complacía , no era justo que ella se privara.

Esa noche, no me podía quedar dormido, me despertaba a cada rato. Pensaba en mi hermana, en nuestra conversación, en sus tetas y en su infidelidad. Me levanté al baño, encendí la luz de este y al mirar hacia la cama de mi hermana, la veo durmiendo, destapada boca abajo. Su corta camisa de dormir se había subido y su enorme culo yacía ahí, con un pequeño calzón blanco que se metía entre grandes sus nalgas. Que pedazo de mujer, que suerte tenía mi cuñado de tener semejante hembra a su lado. Como me moría de ganas de tocar esas piernas y para que decir ese culo. Era mi hermana, pero que buena estaba la condenada, esas vacaciones se habían convertido realmente en un suplicio.

Al otro día emprendimos viaje nuevamente, la misma rutina, manejando por varias horas, parando en la ruta a tomar fotografías, almorzando en un turístico restaurant. En todas partes nos trataban como si fuéramos matrimonio, y ya ni siquiera hacíamos el esfuerzo de aclarar la situación de que éramos hermanos, no valía la pena. Llegamos a nuestro próximo destino. Esta vez nos tocó una habitación con solo una cama extra grande, por lo que tendríamos que dormir juntos.

La conversación siguió luego en el cuarto, recordando nuestra infancia y más tarde estábamos cenando en un hermoso restaurant. Terminamos caminando por el borde de la playa, abrazados como cualquier pareja, donde me preguntó cómo estaba la llama de mi matrimonio. Le confesé que obvio, luego de más de veinte años de casados, la llama se había apagado mucho, no apagarse por completa, pero si una muy leve. Conversando y conversando largamente, contestando un sinfín de preguntas, termine contándole como eran nuestros encuentros con mi mujer, esporádicamente una o dos veces al mes, aunque yo mismo no la buscaba mucho, justamente por la rutina, etc. Aparte que ella nunca fue muy fogosa tampoco.

Esa noche ella quería hacer algo distinto y nos fuimos a un bar a bebernos algo, y luego terminamos en una disco. La mayoría eran jóvenes, desentonábamos un poco, pero a ella le daba lo mismo, quería bailar y pasarla bien. Bebimos bastante y bailamos, a los compas de una música demasiado moderna para mi gusto, pero ella disfrutaba con todo y lo pasaba muy bien. Nuevamente terminamos abrazados caminando a la orilla de la playa, dónde le confesé que hace años que no salía a bailar o a tomarme algo con Carola, salvo en algún matrimonio o alguna fiesta de la empresa. Me preguntó si dentro de mi matrimonio le había sido fiel a mi mujer, confesándole que si había tenido algo por ahí hace algunos años, pero nada de importancia. Conversamos del tema, ambos infieles, que no pasaba por no tenerle amor a la pareja, sino más bien por un gusto especial, el placer de lo prohibido, un cuerpo distinto, variar la rutina, etc.

Era tarde, llegamos a la habitación. Lo habíamos pasado muy bien, habíamos bailado, nos habíamos reído, habíamos bebido bastante. Cada uno a su lado de la cama, desvistiéndonos. Miraba como mi hermana se iba sacando una a una sus prendas de vestir, con la maldita camisola blanca tendida sobre la cama que me volvía loco. Tenía varios tragos en el cuerpo y la conversación me trajo recuerdos de mis encuentros extra maritales, fogosos, apasionados que hace mucho rato no revivía, y al frente mío mi tremenda hermana ya en calzones, sacándose su brasier, lamentablemente de espalda a mí. Pero le miraba su espalda desnuda, el contorno de sus tetas que inevitablemente escapaban hacia los lados, su enorme culo, sus anchas caderas, me la imaginaba en distintas poses, me volvía loco. Luego se coloca esa maldita camisa de dormir y se va al baño. Me acuesto solo con ropa interior, esperando verla cuando saliera. Estuvo un rato en el baño, hasta que al fin sale, divina, hermosa, con esa camisa de dormir que le quedaba perfecta, mostrando sus piernas y sus pechos fabulosos. Me sonríe y se queda unos segundos mirándome en la cama, yo creo que ya descubriendo como me tenía y como la miraba con deseo.

Me llamó la atención que no apagara la luz del baño, por lo que el cuarto quedaba un poco iluminado. Se mete a la cama y apoya su cabeza en mi pecho, colocándome su pierna sobre mi cuerpo. Instintivamente mi mano se posó sobre esta, acariciándosela, mientras ella se replegaba más hacia mí, sintiendo sus tetas sobre mi pecho, diciéndome lo bien que lo había pasado. Pero su pierna no se quedo tranquila, me apretaba mas y mas y comenzó a moverla de arriba abajo, conversando melosamente de lo que haríamos al otro día, donde iríamos, pero haciendo presión sobre mi verga. Yo se la acariciaba más fuerte, y no pude evitar que mi verga reaccionara a tantas caricias e irremediablemente se me comenzó a poner dura. Me tenía enfermo de caliente, era imposible que no se diera cuenta lo que estaba generando en mí, quizás hasta lo hacía apropósito pensaba yo, hasta que su cara queda muy cerca de la mía , unos minutos de silencio y nuestros labios se encontraron.

No pude, ni quise evitarlo, ya era demasiado. Primero fueron unos besos muy suaves, hasta que poco a poco, nos fundimos en un apasionado y fogoso beso olvidándonos que éramos hermanos. En segundos mis manos subieron por su pierna, la tomaron del culo y la apegaron a mi cuerpo que ya no resistía tanta tortura, mientras ella me besaba y se restregaba contra mi cuerpo. Ella misma se me montó, quedando completamente acostada sobre mí, haciéndome sentir el peso de su cuerpo sobre el mío, mientras mis manos no dejaban de acariciar su enorme culo una y otra vez, mientras nos movíamos restregando nuestros sexos calientes, sin dejar de besarnos.

Era una locura, un beso delicioso, exquisito, fogoso que no se detenía. Sabía que era una locura, pero no quería detenerme. Mis manos amasaban su culo a mi antojo y ella restregándose contra mi verga dura a mas no poder. En eso, ella se sienta sobre mí, y sacándose su camisa de dormir por sobre sus hombros, quedan ante mis ojos esas tremendas tetas que desde que llegaron no habían podido apartar mí vista, ni mis pensamientos de ellas. Se las tomé de inmediato, apretándoselas al fin, fuertemente, admirando sus grandes dimensiones, la textura suave de su piel, hasta que ella misma me las coloca en la cara donde fueron succionadas con alevosía. Que tetas tenía la desgraciada, que cosa más exquisita chupar esos enormes pechos, que tetas más ricas tenía en mi boca chupándoselas desesperadamente , ya con eso me sentía en el cielo y sin embargo no era ni el principio de lo que se venía.

Literalmente me devoré sus tetas, mientras ella gemía y me besaba el oído calentándome aun más. Con mi verga a mil, ya no aguante más las ganas de metérsela de una buena vez, y solo sacándome la verga entre mi ropa interior y corriéndole sus calzones hacia un lado, apenas rocé su mojada concha, se la metí hasta el fondo, sellando así nuestro incestuoso encuentro.

Comencé a follármela poseído por el placer, penetrándola una y otra vez, sin dejar de besarla, disfrutaba al fin del maduro y voluminoso cuerpo de mi hermana menor arriba mío, con un deseo casi animal. Entre gemidos, besos y agarrones, nos desnudamos por completo, quedando ella de espaldas en la cama, con sus gruesas piernas abiertas, su sexo completamente depilado y sus voluminosas tetas cayendo hacia los lados, ansiosa de tenerme nuevamente dentro de ella. Me metí entre sus piernas, besándole sus pechos nuevamente que me trastornaban para luego volver a besarla en la boca y metérsela hasta el fondo, afirmándonos uno a otro desde nuestros culos, sin dejar de movernos. Era un sexo fenomenal, que placer sentía metiéndosela a mi hermana una y otra ves con todas mis fuerzas.

En un rato quede apoyado sobre mis brazos, solo con mi verga haciendo contacto con su cuerpo. Miraba la tremenda mujer que tenia bajo mío, mientras ella con sus manos las llevaba hacia nuestros sexos, apretándomela y restregándosela.

Era exquisita, divina, no sabía si era real o un sueño. Se notaba que mi hermana era una amante de la verga, una mujer muy fogosa y que sabía muy bien cómo comportarse en la cama. Se acostó de lado y yo detrás de ella, metiéndoselo por detrás sin dejas de agarrarle las tetas ni un segundo, haciéndole sonar los cachetes con cada envestida, hasta que luego de un rato quedó de boca en la cama, mirando su enorme culo a mi disposición, donde antes de montarme no pude dejar de colocar mi cara sobre él y besarlo y morderlo, separándole las nalgas pasándole fuertemente mi lengua. Ella no solo se dejo, si no que se abrió las nalgas con sus manos para hacer más fácil mi trabajo, gimiendo como loca. Era algo morboso que me encantaba hacer y que mi pudorosa mujer no me dejaba por ser algo sucio, y ahora mi propia hermana no solo lo cumplía ese morboso deseo, si no que lo disfrutaba como loca. Luego de pasarle la lengua por todos lados, me montó sobre ella y la volví a penetrar con lujuria, con todo mi cuerpo sobre ella. La coloque en cuatro patas y aferrado a sus anchas caderas continué follándomela inundando el cuarto de gemidos de placer.

Aun sin acabar, cambiamos de posición, quedo de espaldas en la cama, mi hermana baja un poco, queda entre mis piernas mi verga dura como nunca , donde es acariciada por ambas manos de mi hermana que no dejaba de sonreír, masturbándome lentamente , hasta que levantando el culo , se la mete a la boca y me da una mamada de otro mundo. Yo solo acariciaba sus rubios cabellos y disfrutaba a más no poder de su boca por un largo rato, restregándola con su cara, lamiéndome las bolas suavemente, para subir lentamente gateando, con sus enormes tetas colgando avanzando lentamente, dándome un suave besos en mi cuerpo, para luego colocar sus tetas a la altura de mi verga, moviéndolas de lado a lado chocando contra esta.

Le confesé como desde que la vi no dejaba de pensar en sus pechos, como deseaba tenerlos en mis manos, en mi boca y ella agradeciéndomelo, metió su verga entre ellos y se los apretó dándome una suave masturbación con sus tetas.

Termino sentada sobre mí, moviéndose afanosamente mientras yo le agarraba el culo y veía como esas enormes tetas saltaban y chocaban entre ellas , hasta que en un momento ella misma se las agarra y se las comienza a tocar, diciéndome entre gemidos que estaba acabando. Lanzo unos gritos desgarradores al mismo tiempo que yo , sin poder aguantarme más le inundaba su sexo con mis chorros de leche alcanzando una acabada espectacular.

Calló rendida sobre mí, donde nos dimos un beso cariñoso, luego de haber estado follando por más de media hora. Nos seguimos tocando ahora con cariño, recuperando al respiración, diciendo lo mucho que nos queríamos y que para ambos había sido de otro mundo el encuentro. Al rato volví a chuparle sus pechos, una y otra vez, diciéndole que me volvían loco sus tetas, devorándoselas por un largo rato. Luego me subí sobre ella y colocándole mi verga entre sus tetas, me masturbé con ellas. Se la coloque en la boca, donde me la chupo deliciosamente para terminar nuevamente follándomela por un buen rato, acabando ambos escandalosamente. Que sexo más exquisito, ni siquiera recordaba la última vez que lo hice dos veces con Carola la misma noche. Nuevamente terminamos abrazados, acariciándonos con ternura, con mi verga ya dormida, entre los dedos de mi hermana, y mi mano en su teta , besándonos suavemente, hasta que nos venció el sueño y nos dormimos desnudos sobre la cama.

Al otro día casi ni salimos del cuarto. Al despertar y verla ahí a mi lado, mi boca termino en su pecho, luego en sus labios y al rato montado sobre ella , penetrándola una y otra vez. Follamos todo lo que pudimos, nos bañamos juntos, nos chupamos, nos tocamos todo el día, solo saliendo un rato para comer y recuperar fuerzas.

De ahí nuestro viaje tubo un rotundo cambio, pasó a convertirse en una luna de miel, follando donde podíamos, hasta incluso en un lugar público, un mirador donde se veía la costa y no había nadie cerca. Era un sexo tan rico, morboso fuerte, prohibido. Mi hermana resultó ser un volcán de pasión en la cama, incluso ella misma me pidió que se la metiera por el culo, algo que con mi mujer nunca logre conseguir y algo que a mi hermana le fascinaba. Sus tetas a cada rato terminaban en mi boca y mi verga el la suya, incluso manejando nos tocábamos y ella me la chupaba. En esos pocos días, follé con ella más de lo que follaba con Carola en varios meses, siempre encuentros apasionados, morbosos y fogosos donde todo estaba permitido. Pero lamentablemente ya nuestro viaje estaba terminando, emprendimos la vuelta despidiéndonos de ese incestuoso viaje. A pocos kilómetros antes de llegar a mi casa entramos a un motel y pasamos las 4 horas follando como adolecentes. Supuestamente era la despedida.

Llegamos a casa, mi mujer y mis hijas nos recibieron muy contentas. Esa noche tuve sexo con mi mujer, pero no era nada comparado con mi hermana, nuevamente la rutina de un sexo corto, sin muchas poses ni aberraciones. Quedaba una semana para que mi hermana volviera a su país y a pesar que habíamos dicho que llegando, ya no pasaría nada más, no pudimos aguantarnos. Ya había oscurecido, nuestras miradas de deseo eran evidentes, y aun con mi mujer y mis hijas en casa, invité a mi hermana acompañarme al fondo del patio, al canil, a darles comidas a los perros. Me acompañó sabiendo cuales eran mis verdaderas intenciones y mientras los perros devoraban la comida, le levanté la pequeña falda que usaba y corriéndole los calzones, volví a estar dentro de su cuerpo, la penetre por detrás con furia, ambos de pie en una corta, pero deliciosa follada, mirando de vez en cuando hacia la casa para cerciorarnos que no venía nadie.

Otra vez en la piscina, las niñas no estaban, solo nosotros tres con mi mujer, la que fue al baño, me la volví a follar por solo 3 minutos, claro que sin acabar, diciéndonos que no podía irse sin un último encuentro. Un día antes de su partida, salimos los dos solos, supuestamente a comprar algo para llevar. Conduje rápidamente a las afueras de la ciudad, entrando al primer motel que encontré, nos dimos un último y morboso revolcón de otro mundo, como si la vida se nos fuera en eso, como solo ella sabia dar, incluyendo todo lo que se puedan imaginar.

Ya al otro día, partimos con mi familia a dejarla al aeropuerto. Habían sido las mejores vacaciones de mi vida. Me dio mucha pena el momento de despedirla, no solamente por el sexo, si no porque la extrañaría, sabiendo que pasaría mucho tiempo sin volver a ver.

Mi mujer nunca sospecho nada de mi incestuosa infidelidad , volví a mi rutina diaria , aunque con más ganas de follar , incluso diría que fue bueno para nuestra relación, reavivando la llama apagada. Ahora , estoy planeando ir a conocer Francia …

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¿Cual es la mejor forma de follar todo lo que quieres sin que tu marido pueda decir ni pio? Pillarle follándose a una de tus mejores amigas habiendo adelantado la vuelta de un viaje de negocios. Así de simple.

José y yo nos casamos después de seis meses de noviazgo. La verdad es que la cosa estaba empezando y poca relación habíamos tenido, cuando me refiero a relación me refiero tanto a relación social como sexual.

El padre de Luis, un conocido industrial gallego falleció de repente, un ataque al corazón dijeron. Acompañé a mi recién estrenado novio al velatorio y al día siguiente al entierro. Luis, mi novio, estaba hundido, yo le entendía. Aquella noche después de verle tan jodido le propuse ir a mi casa a cenar y una cosa por la otra acabamos en la cama follándo como si no hubiese un mañana. Cosas de la tensión me imagino. No voy a decir que aquella era nuestra primera vez, pero desde luego si fue la más satisfactoria. Luis me folló con toda la rabia que se puede tener. Cuando se quedó dormido le miré y me imaginé las noches de buen sexo que me esperaban a su lado. Aquella había sido la primera noche de amor frenético de mi vida y si soy sincera la primera vez que me corrí con una polla dentro de mi ser.

Quedé con Luis la tarde en la que se leía el testamento de su padre, Luis llegó pálido. Como hijo único le legaba todo, pero con una pequeña condición. Antes de tocar un duro tenía que estar casado y si no lo estaba en seis meses, las empresas pasarían a manos de sus empleados, los cuales obviamente no veían con mala cara aquello. Una segunda clausula decía que el matrimonio debía de durar al menos 25 años para que la herencia no tuviese que ser revertida. La tercera era sobre los hijos, debía de darle un heredero en menos de 10 años.

Yo que como quien dice acaba de conocer a Luis y de repente el tío me estaba proponiendo matrimonio. Le pedí unos días para pensarlo.

La verdad es que la cosa era complicada de decidir. Luis me gustaba, y me gustaba mucho, pero no lo conocía demasiado. Por otro lado, como toda chica joven yo quería casarme, pero reconocía que era demasiado pronto. La ultima variable era que Luis era inmensamente rico y yo de clase media apurada y sinceramente no veía con malos ojos empezar a tener una posición desahogada.

Nos casamos un noviembre a dos meses para que venciese el plazo dado por la herencia.

La boda fue fabulosa, Luis, no escatimo en gastos, todo a crédito, pero ¿quién le iba a negar crédito al hijo de José Hernández?. Aquella primera noche de amor con mi ya marido fue maravillosa. El hecho de llegar un poco borracha y de saber que mi cuerpo pertenecía a mi marido me desinhibió. Luis viendo como iba dio rienda suelta a su imaginación. Según entre por la puerta me tumbó en la cama, se sentó sobre mi pecho y sacando su polla de su elegante pantalón la metió en mi boca. Yo sonreí y aunque no tenía demasiada experiencia en mamar pollas creo que no lo hice mal. Después de esto, mi marido se bajó al pilón y subiendo mis faldas arrancó mis tanga rojo y empezó a comerme el coño, algo que nunca antes nadie había hecho. Mi vestido evitaba que le viese pero mi coño me recordaba a cada movimiento de lengua que estaba ahí. Me corrí como nunca, me di cuenta que me encantaba se lamida. Subió con su polla hasta mi coño y de un estacazo me la metió hasta el fondo. Sacó mis tetas por encima del escote palabra de honor y me comió los pechos hasta la extenuación. Me corrí un par de veces antes de que me diese la vuelta y poniéndome a cuatro patas me la volvió a endiñar. Mientras me follaba fue soltando uno a uno los botones de mi vestido y sin dejar de follarme me dejó en pelotas, bueno en pelotas no, las medias y el liguero los mantuvo. Me hizo ponerme de cuclillas sobre su polla y allí viendo como mis tetas botaban al compas de mis envestidas nos corrimos juntos.

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Fueron dos años maravillosos, todo eran viajes, lujos y sexo, pero como en toda historia, todo tiene un final, y ese final empezó cuando Luis fue casi obligado a empezar a trabajar en el día a día de sus empresas.

Al principio la cosa se diferenciaba en que pasaba más horas sola, pero con el paso del tiempo, empezamos a distanciarnos según me decía Luis debido al stress.

Pasamos de sexo a diario a tres o cuatro a la semana, de ahí a fines de semana y uno suelto, después uno los sábados y con el tiempo se limitaban algunos sábados al mes.

Sinceramente no sabía que hubiese sido de mi vida si Luis y yo hubiésemos tenido un noviazgo más largo, lo cierto que no era feliz con aquello, pero al menos tenía seguridad económica.

Para combatir el hastío, me metí en una ONG que la verdad empezó a comer mucho de mi tiempo. Al principio cosas locales, pero más tarde gracias a mi tiempo disponible y capacidad económica, empecé a colaborar con la ONG a nivel nacional, lo cual me hacía viajar fuera en muchas ocasiones.

Resultó que un viaje a Madrid en el que me debía de quedar dos noches, la presidenta de la ONG se indispuso. No tenia sentido quedarme por lo que decidí volver a Coruña en el ultimo vuelo. Llamé a Luis, pero este no contestó, la verdad es que daba igual pues tenía mi coche el aeropuerto y de cualquier manera pensaba bajar sola hasta casa.

Cuando abrí la puerta lo evidente se hizo obvio, no solo la casa olía a coño que tiraba para atrás, era obvio que allí se había estado follando no horas sino días sin parar, además de eso un sujetador tirado en el suelo de la entrada evidenciaban la realidad. Una corriente de indignación recorrió mi espalda. Instintivamente saqué el móvil del bolso y lo puse a grabar. Seguí el rastro de ropa tirado hasta la habitación de invitados, donde impunemente pude ver como mi marido, mi estresado marido, se la clavaba con violencia a mi amiga Claudia mientras las caídas tetas de esta se balanceaban al compas.

Les grabé durante más de dos minutos sin que los tortolitos se diesen cuenta. Tuve que toser dos veces para que mi marido dejase de penetrar a la zorra de mi amiga y que ambos mirasen para la cámara. A veces vuelvo a ver el video y me rio de la cara que pusieron.

Claudia se tapó los pechos con las manos mientras gritaba, mi marido se quedó libido. Yo salí de casa y sin siquiera coger la maleta me dirigí a un hotel. Luis me llamó como 200 veces esa noche, evidentemente no le cogí.

Por la mañana fui a ver a un abogado que se frotaba las manos según yo contaba mi historia, cuando le conté lo de la herencia dejó de sonreír.

- Mira Carmen lo tengo que estudiar, pero tal y como me lo pones, si te divorcia de tu marido os quedáis los dos en la calle. Vamos con lo puesto, el lo perdería todo y tu no tendrías nada que reclamar.

- Pero…

- Lo estudiare.

Y efectivamente no había nada que hacer. Nos reunimos tanto nuestros abogados como nosotros dos una tarde de mayo. Los letrados solo querían limar asperezas, nos quedaban mucho años para completar los 25 y a ninguno nos convenía el divorcio. Además de eso teníamos que concebir un hijo en menos de 4 años, cosa que en ese momento me repugnaba.

- Carmen – dijo Luis casi llorando en un ataque de sinceridad que nadie en la mesa esperaba – tienes que perdonarme, fue un error, fue un arrebato que no supe parar, por favor no me abandones, me da igual el dinero pero en estas semanas me he dado cuenta que no puedo perderte.

- Haberlo pensado antes, tu lo has querido. Evidentemente no te puedo abandonar, pero desde hoy mismo, bueno desde el día que sacaste tu asquerosa polla del coño de aquella puta, tu y yo vamos a hacer vidas separadas.

- Bueno habrá que hablar del tema del hijo – dijo el abogado de Luis.

- De eso ya hablaremos, tenemos aun mucho tiempo – dije yo mientras me levantaba.

La convivencia se hizo muy dura al principio, Luis trataba de reconquistarme, pero aquello era imposible.

Dormíamos en habitaciones separadas, yo en la principal y el cabrón de mi marido en la habitación donde se había estado follando a la golfa de Claudia.

AL principio me jodía su presencia y procuraba que no me viese un pelo, cuando antes me hubiese secado el pelo en el baño con una toalla en la cintura y las tetas al aire y con la puerta abierta, ahora cerraba la puerta y no salía hasta estar vestida. Nada de escotes ni nada que pudiese el tío mirar. Luis insistía y eso me hacia más fuerte.

Estaba jodida, pero si Luis me había dado algo en la vida era el gusto por el buen sexo. ¿quién lo hubiese dicho con lo cortadita que era yo de joven?. Luis era un cabrón pero había que reconócerle que no solo follaba bien sino que había sacado de mi la zorra que llevaba dentro.

Me había comprado toda clase de instrumentos de placer sexual, a falta de un hombre buenos era los juguetes. Al principio me cortaba que Luis oyese los motores pero con el paso de los meses me la soplaba que oyese el zumbido de los mismos o mis gritos al correrme como una obsesa con una mano en el juguete y con otra estrujando la almohada.

Me estrené en mi nueva vida en un viaje a Madrid con mi amiga Eva. Eva es soltera por lo que quería marcha por la noche. Después de muchas copas conocimos a dos tipos, continuamos la noche con ellos hasta que Eva se enrolló con el suyo. La pareja se despidió con una sonrisa en la boca rumbo hacía la casa de el. Yo me quedé con el otro que estaba bueno como un pan pero era un poco parado.

- ósea que tu no me vas a follar como tu amigo se va a follar a Eva – le dije a modo de directa.

Aquella noche en la habitación de hotel el chico me compensó tantos meses de abstinencia sexual. Me jodió hasta que los vecinos de planta se quejaron a recepción y disfrute como meneándose su hermosa polla con su cuerpo en tensión se corrió sobre mis tetas y cara. Recibí polla sin parar y sin parar me hizo correrme.

Eva se disgustó cuando llegó por la mañana y encontró el campo de batalla con claros síntomas de que allí había habido más que palabras. No me dijo nada pero por su mirada no le pareció bien que le hubiese sido infiel a Luis.

En el viaje de vuelta le confesé todo. Eva no solo se solidarizó conmigo sino que además me dijo que no me preocupase que iba a follar más que recién casada. Y lo cumplió.

Cada vez que Eva no tenía guardia en el hospital provincial nos desplazábamos a ciudades cercanas como Orense, Lugo, Santiago o Vigo a corrernos juerga tras juega. Eva tenía sus folla amigos en Coruña, pero estando conmigo los planes cambiaban. Nuestra ciudad es una ciudad pequeña y aunque nadie se escandaliza que una mujer entrada en la treintena tenga amigos con derechos, la cosa con una casada cambia, por lo que había que ser discreta.

Eran pocos los fines de semana que volvíamos sin mojar, de hecho eran pocos los fines de semana que no eran la bomba. Llegó un día que por accidente y salidas como esquinas nos llevamos a dos a falta de otro lugar a nuestra habitación donde una en cada cama nos follamos al nuestro. Nos gustó tanto que solíamos insistir en llevarlos de dos en dos. Al principio me parecía interesante ver como mientras a mi me daban a Eva se la metían por todos lados, me encantaba ver como las pollas entraban y salían por su cuerpo y Eva reaccionaba a ello con gritos y espasmos.

Luis seguía como un perro faldero, a mi cada día más me gustaba provocarle. Cosas como dejar la puerta de mi habitación abierta y un vibrador a la vista o pasearme desnuda por ejemplo desde el baño a la nevera me encantaba, al cabrón le ponía malo. A veces le oía masturbarse mentando mi nombre. Yo me descojonaba.

Conocí a Juan una noche después de una cena con amigas. No le había visto nunca antes pero me pareció atractivo gracioso y muy sensual. Estaba casado pero eso no evitó que cogiésemos una habitación de hotel y echase mi primer polvo en Coruña en ya años. Esa noche vi las estrellas con la torre de hércules iluminada al fondo. Juan me folló a fondo.

La segunda vez que me encontré a Juan fue en una cafetería, en 15 minutos estaba abierta de piernas en otro hotel con mi amante casado encima con su polla en mi interior y uno de sus dedos dentro de mi ano. Me encantaba sentirme usada y volver a casa con olor a sexo.

Seguí viendo a Juan durante seis meses hasta que una madrugada después de follar como animales en una habitación de hotel y tras los cigarros y besos de rigor, cuando salíamos de la habitación, justo en el momento que cerrábamos la puerta, la habitación de al lado se abrió y salió Manuel, el primo de Luis. Me sonrió como si fuese lo normal vernos ahí y se alejó por el pasillo como si no me hubiese reconocido.

Roberto era el primo macarra de Luis, la parte de la familia sin un duro. El tío había tocado de joven en un grupo de rock sin ningún éxito, desde entonces saltaba de trabajo en trabajo. A Roberto lo había conocido de jovencita, el típico guaperas que incluso se había enrollado conmigo una tarde, aunque solo me tocó las tetas, el típico cabrón de las que todas estábamos enamoradas. Me sorprendió verlo en mi boda pues no sabia de la relación con Luis. La verdad es que el tío es el típico malote que a las mujeres nos gustan.

Esperaba que Luis no fuese muy bocazas.

Cuatro días después me llegó por mail un mensaje acompañado de un video hecho desde el balcón de nuestra habitación en el hotel.

“se que tienes un amante, por 5000 euros soy una tumba”

Me la solaba mucho lo que pensase Luis o incluso que todo Coruña se enterase que la mujer del mamón de mi marido tenía un amante, aún así quise jugar un poco a ver como iba aquello.

Sencillamente cogí mi SLK y me fui a casa de Roberto. Me dio un poco de palo dejar mi coche en la calle en ese barrio, pero lo mire y pensé que era reemplazable.

Roberto se quedó de piedra cuando abrió la puerta.

- Ho o o la Carmen ¿cómo tu por aquí? – dijo tartamudeando

- Vengo por lo de video.

- ¿que video?

- No me jodas Roberto, me quiero imaginar que estabas en el hotel con alguna de tus amigas y al oír a los de la habitación de al lado follar te asomaste a ver si veías algo, viendo quien era yo la montada, sacaste el móvil y decidiste sacarte unos cuartos videos como el que me has mandado.

- Pero…

- No me jodas Roberto que aparte de guapo te hacía más listo.

- ¿Qué quieres que te diga?

- Para que quieres 5000 euros.

- Para pagar deudas.

- Pues tómalos – y se los di

- Pero.

- ¿No querías 5000 euros?, ahí los tienes.

- Pero…

- Ni peros ni hostias, y ahora sácame a cenar que tengo hambre - me apetecía ver como acababa aquello.

Le llevé en el Mercedes a un restaurante caro y después de muchas copas empecé a contarle que estaba hasta los huevos de su primo, nunca se habían llevado bien por lo que me daba la razón en todo. Le mentí contándole que lo que Juan había sido una cosa de una noche y que yo no era así.

Repetía aquello de que “yo no era así” mientras a cuatro patas en una habitación descorchada en un barrio marginal de Coruña el primo de mi marido profanaba mi coño con sus manazas agarrando firmemente mis caderas. Aquella primera noche me jodió con ganas y fuerza. Hice que me hiciese de todo, me ponía mucho ver su musculado y tatuado cuerpo darme caña. Me volvía loca como mordía mis pezones, como lamía mi ojete y como me metió un dedo en él, cosa que hasta entonces nadie se había atrevido que no fuese Juan. Aquella noche estallé en un fuerte y desgarrador orgasmos embarillada por la polla de mi primo político.

Cuando entré en casa ya de día me planteé sino lo estaba llevando demasiado lejos, si follarme al primo de mi inutilizado marido iba a traer consecuencias, pero cuando recibí media hora después una foto por whatsapp de su polla se me quitó toda la tontería.

Empecé a follar con Roberto casi a diario. Lo que los dos teníamos era sobre todo tiempo, tiempo y ganas. Se convirtió en una obsesión para mi. Me ponía mucho su polla, su cuerpo tatuado y sus modelas rudos, pero sobre todo lo que más me ponía era que pensaría su familia si me viese con esa polla entre las piernas.

Roberto era un cerdo y un salvaje en la cama, pero arrancaba de mi cuerpo hasta el ultimo gramo de placer. Con el tiempo empecé a distanciar mis viajes con Eva, por un lado porque prefería quedarme en Coruña a follar en aquella casa destartalada y por otro porque en un viaje en el que nos acompañó acabamos follando los tres. De aquel trió saqué dos conclusiones. La primera, no me gusta el sabor a coño, y menos de una amiga, la segunda, no soporto ver la polla de Roberto entrar en ningún sitio que no sea en mi cuerpo. Egoísta que siempre ha sido una.

Disfrutaba cada instante con Roberto, a demás de buenísimo amante era un hombre culto, simpático, entusiasta y malote. Me ponía enferma cuando con el coño o el culo al rojo vivo se sentaba en el asiento de mi coche para volver a casa.

Llegó lo que tenía que llegar. Me quedé embarazada. Tenía que contárselo a Luis y la verdad es que no me importó absolutamente nada plantarme delante de e´l y soltarselo.

Luis ardió en furia, me llamó puta, me exigió que abortase, me dijo que mi hijo debía de ser suyo, me amenazó con divorciarse y perderlo todo.

Fueron dos semanas duras en las que Luis no dejaba de gritar y de amenazar. De concretarse esa amenaza me quedaría sin nada. Sin un duro.

La relación con Roberto se basaba en mi dinero, bueno no, pero si. Si yo me quedaba sin posibles aquello se acabaría, ¿y que sería de nuestra vida? Ni él ni yo habíamos trabajado nunca y yo me había acostumbrado a lo mejor.

Lo hablamos mucho Roberto y yo.

Luis fue apuñado por un desconocido cuyo rostro cubría una sudadera con capucha en un cajero automático el día que celebrábamos nuestro aniversario de bodas.

Sentada en la mesa del mejor restaurante de la ciudad le esperé durante más de una horas hasta que recibí una llamada de la policía nacional indicándome que mi marido había sido victima de un asalto con resultado de muerte.

Grité, lloré y hasta me desmayé en el restaurante.

Me tuvieron que atender de una crisis de ansiedad en el mismo hospital provincial donde trabajaba Eva y mi estaba la morgue de la ciudad.

En su entierro recibí las condolencias de las fuerzas vivas de la ciudad, la familia más cercana incluido el primo de mi marido Roberto.

La policía seguía sus pesquisas, algo me contaban del avance de las mismas, pero no mucho, solo que estaban cerca, pero pasaban las semanas y nada. Al principio Roberto y yo no nos dejamos de ver juntos. Tres meses después y estando yo de siete meses empezamos a vernos a escondidas. Yo estaba embarazada y chachondisima y los juguetes no llegaban. Me moría por sentirme empalada por mi rudo amante, las otras opciones que tenía estaban bien, pero sentir la polla de mi primo político romperme y sus manos machacar mis sensibles pechos podían conmigo.

Cogí un taxi para no dar el cante con el Mercedes. Roberto me esperaba fuera de si, por primera vez en su vida llevaba tres meses sin follar, o al menos eso me dijo y estaba como un animal enjaulado. Le importó bien poco mi estado de buena esperanza, y gorda y poco ágil como estaba. Me hizo ponerme de rodillas y lamerle aquel fabuloso falo. Me encantaba aquel sabor a salado y me relamí de gusto a cada mamada. Roberto me quitó la ropa premamá y me llevó a la cama donde poniéndome a cuatro patas metió su cabeza entre mis nalgas y empezó a lamer mi clítoris y escroto. Me volvía loca de placer, me mataba de gusto y me reventaba de lujuria. Dejé que chupase hasta que me corrí incontables ocasiones. Roberto tenía la verba empapada de flujo de mis agujeros. Aun jadeando y llena de sudor pedí que me perforase.

Tal y como estaba a cuatro patas me metió poco a poco su dura polla en mi abierta vagina. No recordaba que nunca hubiese metido el estoqué con tanta delicadeza y la verdad es que disfruté como mis carnes se abrían al paso de aquella polla.

Me sentí lleva cuando su pubis chocó con mi culo.

- dame duro campeón, no te cortes – y Roberto empezó a darme con rabia.

Cada roce de las sabanas con mis extremadamente sensibles pezones me volvían loca, cada vez que la polla tocaba el fondo de mi coño me mataba de placer. Gritaba cada vez que me corría, y no paraba de hacerlo. Gemía como una posesa cuando me apretaba las tetas insistiéndole que no tuviese piedad conmigo.

La puerta de la casa cayó victima de una explosión, yo estaba cuatro patas y no pude ver nada, pero rápidamente gente entro en el cuartucho y desencajando a Roberto de mi coño lo tiraron al suelo y lo esposaron. A mi a punta de pistola me hicieron tumbarme de lado e igualmente fui esposada desnuda como estaba. Uno de los policías bromeó diciendo que era más fácil esposarme a la espalda que delante con semejante barriga.

Nos tuvieron en esa postura durante más de una hora mientras llegaba el comisario. Nos hicieron vestir y salimos esposados de la casa ante la presencia de vecinos, curiosos y la prensa.

Nuestro traslado de la comisaria a los juzgados y de allí a la cárcel fueron tumultuosos. Tuve a mi hijo en prisión.

La policía encontró la sudadera y la navaja con la que Roberto acabó con Luis ,en su casa, había que ser idiota. Para conseguir una sentencia menos severa Roberto me delató. El hijo de puta de contó de todo, incluso exagerando alguna cosa.

Las pruebas contra Roberto era concluyentes.

Las pruebas contra mi, aparte de la delación, era circunstanciales.

De acuerdo que tenía multitud de mensajes de móvil que salieron a la luz con Roberto, y que era obvia mi implicación sexual con él, pero también tenía la misma cantidad de mensajes con otros amantes que me follaban a la vez que Roberto sin su conocimiento. Los abogados testificaron que lo de Luis y yo era una farsa y mis equipo de defensa subió al estrado exactamente 174 caballeros que me habían follado durante esos años, más de 15 por periodos más largos que los que había estado follando con Roberto y seis de ellos a la vez que a Roberto, incluidos los tres meses que pasaron desde la muerte de Luis hasta que unos grilletes se cerraron en mis muñecas. Una factura de una clínica de inseminación y un examen de ADN demostraron que el hijo biológicamente era de Luis. Mis abogados tuvieron mucha mano en presentarme como una devoradora de hombre pero en ningún caso una asesina. No perdieron en tiempo diciendo que mi marido y mi amiga Claudia me empujaron a esto simplemente que era una mujer adulta con un matrimonio roto y que disfrutaba de su libertad sin ataduras.

Fui absuelta y Luis condenado a 40 años de prisión. Vendí las empresas de mi suegro y me despedí de mis últimos folla amigos en unas semanas memorables.

Desde ya hace años vivo en Miami donde abundan los mulatos y a mi las pollas de mulatos siempre me gustaron.

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La razón de escribir estas líneas después de tanto tiempo sin relatar mis nuevas experiencias es principalmente porque me divorcié de mi anterior marido, Ángel. Ahora vivo otra vida diferente, distinta, no tan exageradamente al límite como antes, pero sí satisfactoria en muchos aspectos que no entro a describir.

El otro día al entrar en la página donde colgábamos nuestras aventuras, me encontré que, el que fue mi pareja, ha escrito algún relato donde se erige como protagonista. Me ha resultado hiriente por una parte, pero excitante por otra, no sé si me ha gustado o me ha cabreado, el caso es que me he decidido a relatar lo que me sucedió a mí, no hace mucho, para que se dé cuenta, él y todos los lectores, que mi vida no se acabó con nuestra separación, qué a mí también me han sucedido situaciones morbosas y no he contado a nadie, pues a nadie le interesa mi vida íntima, pero es que esto que me sucedió hace muy poco, no puedo contárselo a nadie y tengo la necesidad de escribirlo y compartirlo. Quizás me tilden de depravada, o de algo peor, pero lo cierto es que me da igual, solo quiero compartirlo y así poder liberarme un poco de esta presión.

Me llamo Araya, tengo 51 años, ya soy lo que vulgarmente se llama una Milf. Ya no tengo el cuerpo de antes. Las curvas se han apoderado de mis caderas, pero me gusta mi cuerpo como es ahora, he evolucionado. Aún voy por la calle y veo miradas de lujuria en ciertos hombres cuando me cruzo con ellos y les sonrío maliciosamente. Creo que soy deseada pero no me gusta provocar situaciones como años atrás, bueno, ese era mi catecismo cuando me separé de Ángel, no provocar nada ya que mi actual pareja es más celoso y me debo a él en cierta medida.

Ahora vivo con otro hombre, con mi hija pequeña y con su hijo pequeño. Él está también divorciado, como yo, pero no nos hemos casado, ni nada parecido. Yo vivo en mi casa y él en la suya, ahora en vez de tener una casa tenemos dos. Yo voy a su casa a dormir, o mejor dicho, a pasar la noche cuando él no puede venir por temas de trabajo y al revés. Los fines de semana son nuestros y viajamos mucho.

De mi vida sexual no puedo quejarme en absoluto, todos los días que quiero tengo sexo, o todos los días que se puede, pues eso de tener los niños ya mas creciditos, a veces, hace difícil el realizar algunas prácticas sexuales que me gustaría, pero, de verdad que no puedo quejarme.

Ya basta de tanta introducción y empiezo a relatar lo que me sucedió días atrás. Aún me tiemblan las piernas solo de pensarlo.

Mi hombre tiene un chalet en el campo que es donde pasamos estos días de verano en los que trabajamos los dos. Tenemos una piscina que en las noches calurosas después de volver de la jornada laboral usamos para refrescarnos por fuera y calentanos por dentro. Nos bañamos desnudos a la luz de luna y acabamos follando como animales sin importarnos los vecinos. Claro que eso solo lo hacemos cuando los niños están fuera de casa.

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El otro día pasó algo diferente. Nos levantamos por la mañana, después de una sesión sexo, digamos algo light, Fran, el hijo de mi hombre, estaba en casa y mi niña estaba con su padre, así que solo estábamos los tres.

El niño tiene ya 17 años y tienes las hormonas revolucionadas, por eso tenemos cuidado de no provocar situaciones ligeramente escandalosas cuando está en casa. Yo visto de forma pulcra y no voy desnuda por casa, que es como realmente me gustaría ir y es como estoy cuando estamos solos, pero ese día estaba excesivamente caliente, la noche y madrugada anterior no me llenó del todo, necesitaba más sexo. En esos casos suelo entrar en internet bajarme algunas imágenes o videos porno y me masturbo a conciencia para quitarme el ardor uterino, pero ese día pasó algo diferente.

Nosotros estamos trabajando, aún no hemos cogido vacaciones, pero el niño ya está ocioso y al ser ya mayor no hay problema de dejarlo solo en casa.

Ese día se levantó temprano, a la misma hora que nosotros, porque tenía que iba a irse de ruta con la bicicleta. Todo era normal, como tantas y tantas veces, pero me resultó extraño su forma de mirarme, no sé, nunca me había sentido observada por él de esa forma especial que los hombres tienen de mirarme. Pensé que eran imaginaciones mías por lo caliente que me había levantado esa mañana y no le di más importancia, aunque lo cierto es que me miraba demasiado el canalillo de las tetas de forma disimulada. Yo iba con un camisón holgado que no marcaba nada más que mis pezones duros, pero en serio que no es para nada superprovocativo, es normal, aunque para un chico de esa edad supongo que cualquier cosa que insinúe es suficiente para revolucionar las hormonas.

Mi hombre se fue a trabajar y yo me fui a vestir adecuadamente para ir la trabajo también. Él se colocó su traje de ciclista, totalmente embutido y ajustado, no tuve más remedio que fijarme en su cuerpo atlético y, ¿como no?, en su parte inferior marcando paquete estilo torero. Lo cierto que la mierda del niño, o estaba excitado o marcaba un buen rabo debajo de ese culote. No quise pensar en nada extraño, pues empezaba a notar como mi cuerpo estaba reaccionando de forma inesperada. Una cosa es lujuria y otra fijarme en mi “hijastro”. El caso es que después de vestirme salí en mi coche y me fui a trabajar. Mi cabeza, sin yo quererlo, tenía en mente situaciones calenturientas y mientras iba de viaje, mi mano bajaba a mi coñito acariciándolo por encima. He de decir que no me depilo del todo el coño, me dejo un mechoncito, estilo punky, según dime mi chico, y me gusta tocarme esos pelitos como masajeándomelos. Metí mi mano bajo la falda, bajo el tanguita y me tocaba esos pelitos mientras conducía, me sentía muy bien, incluso metí el dedito un poco más abajo. Empezó a oler a sexo, mis dedos estaban un pelín mojados, saqué mi mano de mi cueva y me chupé los dedos. Estaba como abducida, pensando en situaciones morbosas que solo se ven en los videos pornos que me bajo. Dejé de tocarme que estaba llegando a mi trabajo.

La agenda que me tenía preparada mi jefa era liviana, solo una visita a un pueblo y después lo que tenía que hacer, lo podía hacer desde casa, así que me di prisa en terminar cuanto antes para volver al redil y seguir trabajando a mi rollo fuera de la oficina.

Terminé mi visita, serían las 11 de la mañana y me fui para casa. Obviamente no había nadie y me desnudé, dejé mi top, la falda y el sujetador y el tanga encima de la cama, cogí una toalla y me fui a refrescarme a la piscina completamente desnuda. Tenía tiempo de sobra para refrescarme y volver antes de que volvieran mis chicos a casa.

Bajé a la cocina, abrí el frigorífico y vi una botella de vino blanco gallego y me entraron ganas de una copa de vino, aunque era temprano, me apetecía llevarme una copa de vino frío a la piscina mientras me bañaba y tomaba un poco el sol y así lo hice.

Ya en el patio, al borde de la piscina, mi cuerpo desnudo bañado por el sol, el calor empezaba a hacer su función y me sumergí en las aguas frias de la piscina. Notar como mi cuerpo se endurecía por el frescor el agua me encantó. Los pezones parecía que iban a estallar, se endurecieron y me encantó esa sensación, siempre me ha gustado sentir mis pezones duros como piedras.

Di unas brazadas y me salí a toma el solo y de paso ponerme un poco morenita. El sol acariciando mi cuerpo desnudo, mi copa de vino al lado... todo era ideal para terminar el trabajo que empecé por la noche. Me quería masturbar a la luz del día. Mi mente imaginó imágenes eróticas, sugerentes, pornográficas y mis manos empezaron su trabajo como si de otra persona se tratara.

Empecé a tocármelas tetas y pasar la palma de mi mano por mis protuberancias. Lo pezones querían fiesta y los pellizqué como hacía unas horas lo acababa de hacer mi hombre. Mi otra mano se bajó a mi monte de venus acariciando por encima y rotando los dedos por encima de mis labios que empezaban a hincharse de placer. El dedo empezó a jugar con mi clítoris y otros lujuriosos dedo se metieron en la cueva. Ya estaba muy excitada cuando decidí chuparme los dedos de la otra mano y despacito intentar meterme, al menos uno en mi culito. Me enciende usar mi agujerito mientras me masturbo, la corrida siempre es mayor y más placentera. Mi cabeza pensaba en dos rabos taladrándome con fuerza, con virilidad. Entró otro dedo más en el ano, empecé a abrírmelo y hacer círculos con mis dedos. Quería sentireme muy abierta y muy puta. Tardé poco en llegar al clímax, me corría y aún quería meterme algo más duro dentro de mí, Dios, dos pedazos de pollas dentro de mí y otra jugando en mi cara para chupársela y que se corriera en mi cara... mi corrida acabó cuando mis tres imaginarios robos se corrieron a la vez, en el coño, en el culo y en mi boca y cara, ¡¡fue espectacular!!

Ya saciado mi apetito sexual, por ese rato, pensé que se me iba a hacer tarde y debía empezar a trabajar. Ni decir tiene que en mi momento íntimo, no me enteré de nada, estaba centrada en mis asuntos y si hubiese algún mirando ni me enteré, tampoco me importaba que me viera, por otra parte, me hubiese gustado que me hubiesen visto lo cerda y zorra que estaba en ese trance.

Me volví a meter en el agua para refrescarme y me salí rápido. Me sequé y me metí en casa para vestirme y empezar a currar un ratito. Subí las escaleras para dirigirme a la habitación y como por defecto siempre hago poco ruido, escuché algo en mi habitación, como si alguien estuviera allí. Yo desnuda por el pasillo, me acerqué sin hacer ruido, no vaya a ser que hubiera alguien y me entró un poco de miedo, he de reconocerlo. Me puse la toalla cubriendo mis cuerpo desnudo y sigilosamente me acerqué a la puerta que estaba entreabierta y... cual fue mi sorpresa que estaba allí mi hijastro, de pie frente a mi cama desnudo, bueno, desnudo no, tenía puesto mi tanga y se estaba probando el sujetador mirándose al espejo. No pude por menos que esbozar una sonrisa y esperar acontecimientos, el miedo se me tornó en lujuria. Ya no estaba viendo a mi hijastro, estaba viendo a un muchacho de 17 años, probándose ropa femenina y mirándose para ver si estaba guapa.

Seguí mirando y noté que su polla estaba dura mientras se acomodaba mi ropita. El caso es que no le quedaba mal. Cuando terminó de ponerse la ropa y de mirarse, se tumbó en la cama y empezó a tocarse el rabo por encima del tanga, que se le escapaba por arriba y vi claramente su glande rojo palpitante y además se estaba tocando las tetas por encima del sujetador. Me armé de valor y entré en la habitación para pillarle, con la intención de jugar un poco con el niño.

¿qué coño estás haciendo con mi ropa?

Diosss, era para ver su cara, se tapó como pudo con la almohada, se puso rojo como un tomate.

Pensé que no había, nadie, lo siento, lo siento, e intentó quitarse la ropa que llevaba puesta y salir corriendo al baño.

Quieto ahí, no te muevas, le dije con voz autoritaria.

Creo que del acojono que tenía el chaval se quedó paralizado y eso lo aproveché para acercarme. Le tumbé en la cama, le quité la almohada de encima. Estaba paralizado, no sé por miedo a haber sido descubierto o por lo que podría suceder. La verdad es que le quise tranquilizar. Me subí en la cama y me puse a su lado aún con la toalla puesta por lo que no me podía ver desnuda.

Le toqué la cabeza mientras le decía: tranquilo cariño, esto es normal a tu edad, tienes que descubrir tu sexualidad y hay que probar cosas nuevas y así poder decidir que te gusta realmente.

No se lo cuentes a mi padre, me matará.

Jajaja, que poco conoces a tu padre. No te matará, lo entenderá perfectamente, hazme caso. Le conozco bien.

Le miré, le toqué la cara, empecé a bajar mi mano por su pecho, le apreté las tetas por encima del sujetador...

Te gusta que te haga esto?, es como un masaje, venga cierra los ojos y déjate llevar, anda, tontorrón, que no pasa nada.

Él cerró los ojos y se dejó hacer. Me quité la toalla que llevaba puesta, baje mi mano a su ombligo, lo acaricié despacio. Noté como su miembro seguía erecto y roja la punta sobresaliendo de la parte superior de mi tanga. Acaricié la tela del tanga y rocé con mis uñas sus huevines. Su pollón, pues el niño tiene pollón, no es que sea amor de madrastra, es que tiene un buen rabo, muy parecido al de su padre, se puso muy duro. Le cogí la polla y se la saqué por el lateral del tanga, así era más sencillo masajearla.

Quiso decir algo y le puse la mano en la boca para que no estropeara el momento de pasión y lujuria que estaba teniendo. Me subí encima de él mi coño, ya húmedo se aposentó en su tripita...

Abre los ojos ahora, le dije. Pero no hables hasta que yo te lo ordene.

Abrió los ojos me vio encima suyo, mis tetas es lo lo que vio, mis pezones duros.

Ahora amásame las tetas, como lo estabas haciendo tu solito, venga.

El niño son decir palabra con sus dos manos una en cada pecho empezó a masajearme las tetas y jugar con mis pezones. Para esa edad, yo creo que ya ha tocado tetas este crío, pensé para mí.

Su rambo estaba duro haciendo presión sobre la raja de mi culo, a lo que yo mejoré la situación, frotándolo arriba ya abajo con mis nalgas. Me dieron ganas de metérmelo en el coño, estaba lo justito para follarmelo, pero no quise ir tan deprisa, aunque lo que yo estaba pensando no se correspondía con la realidad, ya que en un sube y baja, su rabo se deslizó sabiamente, y ayudado por mi lubricación natural, hacia mi coño y lo noté como entró de golpe.

Abrí los ojos como si se me fueran a salir de las órbitas, joder, ¿qué coño estaba haciendo con la polla de mi hijastro dentro de mí y mi cuerpo balanceándose de arriba abajo queriendo engullir ese pedazo de rabo juvenil dentro de mi cuerpo?

Fue fantástico, pero mi niño se corrió en seguida. Me llenó el coño de su semen y noté como resbalaba por mis piernas una gran cantidad de leche de macho potente. Sus gemidos eran increíbles, bufaba como un toro cuando se corrió y su cara era un poema y muy excitante ver como se mordía el labio y apretaba con fuerza mis senos.

Me tumbé encima de él para ponerle las tetas en la cara y el muy cabrón me las chupó y me mordía mis pezones duros como piedras. Así estuvimos un ratito hasta que noté que se le quedaba el rabo blandito y se salió de la cueva caliente de mis entrañas.

Me levanté y le dije que fuera al baño a limpiarse pero que no se quitara la ropa que llevaba. Lo mejor estaría por llegar.

Así lo hizo, obedeció como un buen niño. Ya no estaba temeroso, estaba en una nube, se le notaba feliz, pero aún no había hablado y yo no había dicho mi ultima palabra.

Mientras el niño en el baño, me fui a mi cajón de los secretos y saqué mi juguete preferido. Me lo coloqué para que cuando viniera me viera bien.

Cuando entró por la puerta su cara cambió de color otra vez y antes de que abriera la boca me puse seria y le dije:

Ven aquí y ahora exploraremos otras cosas, ya veo que eres un hombre bien preparado, ahora veremos que tal eres de mujer. Siéntate en la cama ¡Ya!

Su cara de estupor fue motivada por que me vio con el arnés de polla negra que tengo, con lo que le doy placer a mi hombre cuando jugamos juntos a que sea mi putita.

De tal palo tal astilla le dije, así que ahora vas a comerme la polla como hace tu padre y después probaremos otras cosas.

Cuando oyó que su padre comía mi polla negra de goma no sé que pasó por su cabeza, pero se volvió a poner colorado, pero le agarré la cabeza y se la llevé a mi rabo. El niño se quiso tragar el rabo de goma y estuve enseñándole como se hacía mientras le hacía comentarios sobre su papaito. Yo me creía morir, no entiendo como pude decir las burradas que le dije y como él obedecía todas mis instrucciones.

Llegó el momento de la verdad, le saqué la polla de la boca y le hice que se pusiera a cuatro patas frente a mí. Pensé que tendría que tener mano dura con él pero cual fue mi sorpresa que lo hizo sin mediar más palabras. Pude observar que su pollón esta tieso otra vez. ¡Ay!, la potencia viril de estos niños, es una delicia.

El lubricante lo tenía en la mesilla y embadurné mi polla con el gel y le eché un poco en us agujerito sonrosado, supuse que virgen, cerradito, un encanto. Mi cabeza empezó a pensar en vicio, en placer, en sexo, ya no era mi hijastro el que estaba a cuatro patas ofreciéndome su agujerito virgen para que lo sodomizara. Éramos dos bestias sexuales dándonos placer y fue genial, lo juro.

Puse la punta de mi polla de goma en su agujerito y la empecé a deslizar para adentro, despacito, sin prisa, le dije que se masturbara mientras para que le doliera menos y empezara a sentir placer. Así lo hizo y me rabo entraba más dentro, cada centímetro el pequeño lo notaba, movía su culo hacia él como queriendo sacarse mi rabo de su culo, pero al instante volvía para que le metiera un poco más. Estaba super excitado, lo denotaba su pollón duro y sus movimientos armónicos de la masturbación que se estaba propinando.

Un poco más dentro, otro poco más, hasta que mi pubis se puso en contacto con su culito sin pelitos. Mientras tanto le susurraba cosas como: la primera vez que di por culo a tu padre, no se la puede meter entera, pero tú, cariño, eres más putita que papi, lo haces mejor y se nota que te gusta. ¿verdad?

Me duele un poco, me dijo,

Le dí una cachetada en su culito impoluto mientras le decía. No te he preguntado si te duele, he preguntado si te gusta ser una zorrita para mí. ¡Contesta!, le dije mientras le sacaba el rabo casi hasta la punta y se la metía otra vez de golpe.

Es que me duele un poco.

Venga, cariño, dime que te gusta, lo sé, a tu padre le encanta y tú no serás menos, a que nó?

En ese momento empecé a follarle el culo como si de un hombre se tratara, tengo bastante experiencia en follar culos, he follado varios culos de hombres y de mujeres con mi arnés negro.

Sigue tocándote y verás que placer es esto,

Ya no paraba ya estaba yo llegando al punto sin retorno, me daba igual lo que dijera yo no iba a dejar de follarme ese culo virgen hasta que me corriera, pero escuché:

Sí, me gusta, me gusta, ¡más dentro por favor!

No pude dar crédito a mis oídos, a lo que estaba escuchando, follándome a mi hijastro y el cabrón diciéndome que le de por culo, más y más...

Me dijo que se iba a correr y en ese momento mi cabeza retumbó, mi coño se aceleró y me corrí a la vez que él. Manchó toda la sábana y caí desfallecida encima de su cuerpo con el rabo dentro de su culo.

Saqué el artefacto del culo al ratito, despacito para no hacerle pupa y se quedó tumbado, muerto de vergüenza con la cara pegada al colchón.

Sin decir nada, me levanté me fui al baño, me duché, limpié el arnés y cuando salí, él ya no estaba. Estaba abajo arreglando el pinchazo de la bici, que por eso fue que volvió a casa tan pronto.

Yo me fui a lo mío, a mi portátil y él siguió con sus tareas. Después todo igual como si no hubiese pasado nada. Estoy esperando a que se me insinúe o que quiera hablar de ello, aún no he hablado con él de esto ni con mi hombre de lo cerdo que es su hijo, pero esa noche, me follé a mi hombre, bueno esa noche fue mi hombre, fue mi putita, y comparando, lo hizo casi igual que su hijo, me encantan las dos putitas que tengo en casa, lo malo es que creo que debe ser él que diga algo, respetaré lo que decida, pero es que yo tenía que contarlo para liberarme un poco.

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