WALDO EL ENDEMONIADO

Como poder describir la personalidad tan particular de esta hermosa criatura. Cuando llegué al “Centro Fátima “ (febrero del 2000), él ya estaba allí; todos nos advertían de su carácter violento y de lo dolorosas que solían ser sus mordidas. Las primeras noches fueron difíciles, ya que podía meterse a la habitación sin problema, y cada vez que se escondía el sol, el despertaba, hambriento y furibundo, gruñendo y refunfuñando. Primero, escuchaba sus pisadas rápidas sobre el tejado, y después, el ruido de los platos cayendo en la cocina. Al encender la luz, sus gruñidos se agudizaban, como advirtiéndome de su peligrosidad si me atrevía siquiera a considerar la idea de que de alguna manera podía influir en sus faenas.

Los siguientes días, fue necesario "asegurar" la habitación, pues se metía por el espacio que quedaba entre la pared y el tejado, así que rellene el espacio con lo que podía, pero luego me di cuenta que eso no sería un reto para un cusumbo determinado como era" Waldo el endemoniado". Con el tiempo, el ruido de los platos cayendo por do quiera; se volvió tan cotidiano que ya no me quitaba el sueño. Pero de pronto paso algo nuevo, Waldo seguía metiéndose a mi habitación, pero ya no era precisamente por la comida que pudiera saquear de mi cocina, de pronto, yo empecé a ser su principal motivación. Al principio tuve miedo, no quería ser víctima de una de sus famosas mordidas, sin embargo él tenía otras intensiones…

Una noche , cuando aún tenía las luces encendidas, Waldo despertó, y se movió muy sigilosamente por el techo, tanto que no lo percibí, entro a la cocina pero pasó de largo, porque tampoco lo escuche, yo estaba….ya no recuerdo, tal vez leyendo o viendo la tele; solo sé que cuando advertí su presencia, él se encontraba casi en mi regazo, sentí que la adrenalina se elevaba, lo cual era muy malo pues si advertía mi miedo tal vez su reacción no sería la más favorable para mi integridad; pero no, algo mágico paso, él, como una imagen cuadro a cuadro se aproximó,¡ tan despacito¡, se acomodó en mi regazo se enrosco, y se puso a dormir. Yo estaba allí, inmóvil y asombrada, sintiendo su calor sobre mis piernas, me arriesgué a tocarlo, acariciar su piel, y de repente mis oídos conocieron un nuevo sonido, ya no los típicos gruñidos, no sé cómo describirlo, pero era dulce, amable, me producía confianza, entendí que eran lo equivalente al ronroneo de un gatito cuando se siente feliz. Los siguientes días fueron interesantes; cuando empezaba a anochecer, sentía como si tuviera una cita, algo así como una complicidad entre Waldo y yo. Algunas veces me ignoraba y volvía a su comportamiento de saqueador iracundo, pero después de alimentarse se metía en mi cama y aunque era un animal nocturno, se quedaba ahí, con migo muy pegadito, a jugar al menos un rato y acurrucarse junto a mi, lamiéndome con su larga lengua o arrojándose repentinamente hacia mi como atacando pero de broma y luego se dormía junto a mi. Su pelaje olía a miel, era tan hermoso, y yo me sentía privilegiada por haberle caído bien, bueno, esto no significa que me salve de sus mordidas, un día estaba causando problemas a otros voluntarios que estaban apoyando el trabajo del Centro, y yo creyéndome la súper amiga, fuí a apoyar y a "controlar" al animal, en ese momento comprendí de lo que hablaban, la herida no fué muy grande pero valla que si era dolorosa. Este incidente no menguo mi cariño pero me recordó la naturaleza salvaje del hermoso Waldo y que algun día tendría que retornar a su habitad.

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Si bien, estos medios de comunicación permiten mantener al público al día, es importante conocer un poco de historia y así situarnos luego en el presente.

Mi vida en la selva amazónica inició hace 17 años, cuando tome la decisión de viajar desde Colombia al alto Amazonas del Ecuador, parte, motivada por la idea de conocer las maravillas y misterios de la selva, parte, como una forma de encontrar el sentido de mi vida, como suele sucederle a toda joven.

En ese entonces la idea de conservación de la naturaleza y protección de las especies en peligro de extinción la entendía de una manera demasiado romántica, juzgando y condenando la destrucción y el uso indiscriminado de los recursos sin diferenciación de ninguna clase, sin entender la realidad de este sistema capitalista , que condena al pueblo por usar los recursos para sobrevivir, y concesiona indiscriminadamente territorios ricos en materias primas para llenar los bolsillos de un puñado de ricachones que solo les interesa acumular la riqueza mientras el resto del mundo pasa necesidades. Esto lo entendí con el tiempo pero en ese entonces echaba en el mismo costal a todo aquel que de alguna manera atentara contra el medio ambiente.

Tuve la suerte de llegar a un maravilloso lugar, conocido como “Centro Fátima de la OPIP” (que mas tarde continuaría su labor, bajo el nombre de "Centro Ecológico Zanja Arajuno") , donde se sostenía un proyecto de investigación asociado a la lucha de los pueblos indígenas por su territorio y protección de sus recursos. Me parecía terrible escuchar que la fauna silvestre era cazada por los pueblos locales,- claro, ahora advierto mi ignorancia-, con el tiempo comprendería y sabría identificar a los verdaderos culpables y enemigos no solo de la naturaleza sino también de los hombres que la habitan.

El tiempo allí fue maravilloso, pues conocí y ayude a cuidar a diferentes especies animales de la selva amazónica, como primates, nutrias, loras, serpientes, tortugas; en fin, cada día me admiraba al conocer un nuevo animal; pero eran sentimientos encontrados, pues estos animales eran producto del tráfico y eran rescatados y llevados al “centro Fátima de la OPIP” para ser rehabilitados, así que muchos llegaban enfermos o maltratados, y en contraste a mi fascinación estaba el dolor por saber su triste suerte y la incertidumbre de cuales podrían recuperarse y volver a su hogar.

Aquel lugar era un verdadero paraíso, donde se practicaba la idea de “Crear sin destruir la selva”. Podías ver a las hermosas capibaras (considerado el roedor más grande del mundo) cortejarse al atardecer mediante una danza romántica dentro de la laguna que compartían con los caimanes a pesar de ser sus principales enemigos naturales, por supuesto ellas eran muy listas, siempre andando en manada y dejando a las crías en el medio para evitar provocarlos. En las mañanas, te despertaba la bulla de los guacamayos que luego veías pasar volando exhibiendo sus magníficos colores. A veces en el proceso de la rehabilitación y cuidado formaba vínculos tan grandes con algunos animales que creo que son recuerdos que me acompañaran hasta el final de mis días, tal vez para otros no sean ¡tan¡ especiales, pero para mí son maravillosos, y quizás más adelante comparta algunas anécdotas que aunque no siempre tuvieron finales felices no dejan de ser memorables.

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